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“Me ofrecieron arrepentirme para que acuse a Cristina”, denunció “El Caballo” Suárez

El sindicalista liberado recientemente anticipó que volverá a su gremio

“Estoy vivo. Estoy entero". Así se presenta Omar Suárez, 79 años, ícono del sindicalismo más cercano a Cristina Kirchner, después de haber pasado tres años y nueve meses detenido con prisión preventiva. Del otro lado de la grieta, "El Caballo" corporiza "la mafia sindical" que Cambiemos dice haber combatido desde que la Justicia lo detuvo. Esos dilemas poco le interesan al líder del sindicato de marineros. Liberado la semana pasada, Suárez no pierde tiempo: "Vuelvo al gremio en 2020", desafía.

"Podría haber sido mi cuarta Navidad preso", dijo Suárez durante una entrevista con La Nación. Cuenta historias de sus años en la cárcel, pero se guarda nombres por los "códigos" tumberos. Y desnuda otros con la picardía que lo caracteriza. A pesar de su tiempo en prisión, en su casa de Villa Devoto mantiene dos cuadros colgados: una foto junto a Cristina Kirchner y otra con el papa Francisco. A la espera de la sentencia en el juicio oral por extorsión, Suárez asegura que le ofrecieron convertirse en arrepentido, pero lo rechazó, y que ya trabaja en una contraofensiva judicial contra exfuncionarios macristas.

-¿Cómo resume sus casi cuatro años en la cárcel?

-Los primeros cuatro meses de aislamiento en el penal de Marcos Paz fueron muy difíciles. Y lo hicieron a propósito. Hasta me negaban la asistencia médica. Ellos decían que yo era cocainómano y alcohólico, entonces pensaban que capaz me iba a suicidar en la cárcel, pero eso no ocurrió. Acá me ves: estoy vivo. Estoy entero.

-¿Qué relación mantenía con los presos por causas de corrupción?

-Hice muchos amigos. Conocí una raza de hombres que sólo se encuentran en la cárcel con códigos que son irrompibles. Tenía relación con casi todos: estuve con [Amado] Boudou, Cristóbal [López], [Fabián] De Sousa, [Roberto] Baratta y muchos más. Con todos me llevé muy bien, pero yo no hago sociales. Los marineros somos duros, espinosos.

-Ninguno de los arrepentidos. ¿Era una especie de cofradía kirchnerista?

-No. También estuve con [Víctor] Manzanares, el contador de la expresidenta [un arrepentido]. Jugábamos al ajedrez con el contador y él me contaba cosas de su profesión que yo no voy a repetir acá. Algunos allegados suyos me habían preguntado si yo tenía pensado arrepentirme. Me lo ofrecieron para que denuncie a Cristina.

-¿Cómo fue ese ofrecimiento?

-Me decían que si me arrepentía mi proceso judicial iba a ser más fácil. Pero yo no tengo nada de qué arrepentirme. Lo que hicimos con Néstor y Cristina fue totalmente transparente.

-La Justicia afirma que usted formó parte de la asociación ilícita. ¿Por qué sostiene que no hay pruebas en su contra si hubo empresarios que lo denunciaron por extorsión?

-Son pruebas impostadas. La Corte Suprema hizo un peritaje que dice que no he desviado fondos, no saqué plata y dejé más de 300 millones de dólares en la cuenta del sindicato. Y cuando yo me fui el cuñado del juez federal [Rodolfo Canicoba Corral] se transformó en el presidente de nuestra obra social y el cuñado del exministro de Trabajo [Jorge Triaca] también entró en la intervención. Hubo muchas violaciones en la intervención.

-Pero los empresarios entregaron distintas pruebas a la Justicia.

-No sé, fijate que los empresarios ya retiraron la querella. Quiero ver qué dicen los empresarios cuando declaren ahora en febrero en el juicio. A mí me condenaron antes del juicio. Y si he cometido algún delito ya he cumplido la pena. Pero no me condenó la Justicia, me condenó un partido político amarillo.

-¿Cuál es su patrimonio hoy?

-Mi casa de Monte Caseros (Corrientes) y otra casa en Villa Gesell.

- (Silencio)

-Bueno, somos de clase media. Los marineros trabajamos mucho, tenemos buenos sueldos, pero no tiramos manteca al techo.

-¿Cómo le pagó a su grupo de abogados?

-Yo respondí legalmente por dirigentes del gremio que son gente común, que no tiene dinero. Tuve que vender la casa de Villa Gesell antes de caer preso para pagar a los abogados. También mis hijas vendieron bienes y me prestaron dinero. Alguien tiene que reparar estos daños.

-Más allá de su defensa en el juicio oral, ¿prepara alguna contraofensiva judicial?

-Sí, claro. Me hicieron mucho daño. Mis hijas merecen reparación psicológica. Tuvieron que retirar a los hijos del colegio porque sus compañeros los señalaban y le decían que su abuelo era un ladrón. Cuando termine el juicio voy a reclamar lo que me corresponde, pero también van a pagar desde [Mauricio] Macri para abajo todo lo que hicieron con el gremio. No van a poder tapar la verdad por más que Omar “El Caballo” Suárez se muera o lo mate una motocicleta.

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