¿El Covid-19 está saturando los sistemas de salud en los países? ¿O es mucho más que eso? ¿Qué estamos viviendo? ¿Estaríamos frente a un cambio de época? ¿Nos animamos a visibilizar el colapso de los sistemas políticos, sociales y económicos tal cual los conocíamos? Me atrevo a decir “conocíamos” porque, luego de la pandemia, dudo que todo vuelva a ser como antes.
Ahora bien, la pandemia nos enmarcó en una inestabilidad y fragilidad social donde todos, casual o causalmente, somos iguales. El virus no discriminó entre países desarrollados y de primer mundo, países en vías de desarrollo o tercermundistas, religiones y creencias, corporaciones y ciudadanos de a pie, actores sociales trascendentales en esta década que comienza y los indispensables orga- nismos internacionales que cooperan y ordenan nuestro mundo.
¿Todos amenazados y siendo víctimas de un misterioso virus de dudosa procedencia? Esta tragedia nos da oportunidad de reflexionar, buscar modelos alternativos, romper paradigmas establecidos y preguntarnos, como ciudadanos, si realmente tenemos dimensión del daño que hemos producido en los tejidos sociales, en el medio ambiente, en la desigualdad de oportunidades entre países y dentro de ellos; en la exclusión sistemática que el sistema produce entre los que deciden y los que ni siquiera pueden preguntarse si corresponde obedecer.
Difícilmente exista una sola explicación acerca de qué es lo que está sucediendo en este momento. Accedemos desinteresadamente a tanta información verídica y a fake news, que nos sentimos completamente confusos y desinformados. Es probable que esa sensación sea el resultado también del colapso generalizado que vivimos.
Lo que sí puedo asegurar es que el cambio se está gestando en tiempo real. Nuestras conductas, hábitos y costumbres no serán los mismos cuando pase la tormenta y tengamos el desafío de adaptarnos al nuevo sistema dominante, si es que lo hay.
Por lo pronto, los gobiernos y la sociedad en su conjunto tienen el deber de prepararse para un mundo cada vez más incierto, complejo y con retos más desafiantes que los lleve a pensar y accionar globalmente. No hay lugar para la improvisación, ni para continuar subestimando las problemáticas como hemos visto en el ac- cionar de varios líderes mundiales.
Roger Fabre - Politólogo

