En el mundo entero y desde tiempos inmemoriales han convivido diferencias importantes y cruciales que dejaron marcas profundas en las diversas sociedades. Desde la creación en adelante, desde los clanes hasta las tribus, desde los pueblos hasta las ciudades y desde los estados hasta los países.
En la Argentina podemos darnos por testarudos al respecto, porque los avatares de esta parte del mundo han hecho casi predecible el continuo devenir de una consecuencia cíclica de nuestra propia historia que nos hace ir, por nuestra inusual costumbre, a ambas orillas del río que separa cada concepción política con una asombrosa incertidumbre que tiene una sola razón: conocer lo ya conocido pero con distintos actores.
Es dable admitir el caro y sangriento precio que hemos debido pagar, con la desaparición de una generación entera, para comenzar a visualizar el camino aún escabroso que nos está resultando vivir en democracia. Pero es bueno darnos cuenta de que es de esa manera solamente que debemos avanzar como sociedad organizada.
Se dio a luz a mediados del siglo pasado una nueva concepción social en la Argentina. La clase media trabajadora y conservadora. Jamás dejó de existir hasta nuestros días. Hoy, por estricta y lacerante acción del actual presidente oligarca y sus esbirros, se está viendo casi desaparecida. Está desempleada. Se hizo pobre. Aunque les cueste aceptarlo, han sido los millonarios beneficiarios de este actual desmanejo nacional quienes han llevado al abismo a ese motor de la economía, que, desde su nacimiento, aguantó cualquier sacudón que el liberalismo le hubo propinado. Nunca antes en nuestra historia esa clase estuvo tan castigada, menguada y desplazada con total indiferencia de quienes no han asumido todavía sus responsabilidades porque ni siquiera saben en qué terreno están pisando. Además de improvisados son inútiles.
De cualquier forma, se animan a mencionar la "GRIETA". Que por supuesto no admiten ser responsables de su ensanchamiento.
Consideremos a esa grieta cada vez más ancha no más profunda, porque nos separa, no nos hace caer. Todo lo contrario, nos hace vernos a los iguales cada vez más lejos los unos de los otros. Desgraciadamente, también entre iguales, los ideales, los pensamientos y el sentido de pertenencia de cada uno nos hace colocarnos a sabiendas del peor resultado, enfrentados casi sin posibilidad de coincidencia alguna.
La existencia perenne de la grieta está sustentada en nuestras propias diferencias. Este estado de situación desesperante de la mayoría del pueblo argentino ha tenido su sustento en las encontradas concepciones que subyacen en nuestra sociedad. Hasta pareciera que no nos identificamos como pares. Y les puedo asegurar que todos esos sentimientos extraños están siendo puestos en nuestro camino y exacerbados hasta el hartazgo por los medios de difusión cómplices de la entrega, que nos muestran una realidad que no es la verdadera sino la que ellos mismos acomodan. Y es justamente en esa visión parcial y ventajera, en la que aparecen los "planeros", los pobres de siempre, los marginados, los "negros", aquellos a los que la actual gobernadora de Buenos Aires los considera incapaces de llegar jamás a la Universidad estatal. ¿Dura concepción? Definitivamente es el pensamiento de quienes hoy están ocupando los lugares que no merecen.
Es lamentable admitir y también costoso que en tres años hayamos perdido hasta nuestra dignidad. Regalamos nuestro futuro cercano en forma consciente a la corporación de los ricos y poderosos que se adueñó de nuestras banderas y las cambiaron por globos de colores. Hasta los próceres que mostraban su imagen en los billetes fueron reemplazados por animales. ¡Sabían ustedes por qué la figura de José de San Martín estaba estampada en un billete de baja nominación? Pues para que estuviera en las manos de más gente. Hasta la más pobre veía su figura en una limosna o una propina.
Falta poco. Pero va a parecer una eternidad. Es posible que la utopía extrema y necesaria de la unión de los argentinos se vuelva lo que es. Pero también es posible que nos hayan servido estos tres años y medio para aprender que del poder del dinero y la especulación no florece ni justicia social ni bienestar general, sino el enriquecimiento desmedido de los que más tienen en contra de los que menos van a tener siempre. Es una consecuencia directa de haber elegido con bronca. A favor de la propaganda mentirosa que hasta hoy, se está descubriendo como realidad escondida detrás de la mala memoria colectiva. El remanido artilugio de expresar que la causa de todos los males por los que está pasando el país y quienes viven en él es por la situación heredada de los que se "robaron todo" ya no tiene cabida.
Los ladrones deben ir a la cárcel. Siempre que se demuestre su culpabilidad. Como así también los que se escapan de la Justicia.
¿O acaso ya se olvidó la ciudadanía de la denuncia y posterior inicio del juicio que se caratula: Macri, Mauricio y otros s/ defraudación por Administración fraudulenta y cohecho. Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4. Juez Ariel Lijo?
La Justicia investiga una serie de encuentros que allegados al gobierno mantuvieron con los que llevan adelante la causa. Esta es la última documentación que el fiscal Juan Pedro Zoni presentó antes de ser desplazado. Este fiscal imputó a Macri y a Oscar Aguad (ministro de Telecomunicaciones por entonces) por el acuerdo entre el Estado nacional y el Grupo Macri, en el que el Estado aceptó una quita del 98,82% de la deuda en beneficio de Correo Argentino S.A. propiedad de la familia presidencial. Consecuencia: el Estado Argentino está dejando de cobrar 70.000 millones de pesos.
Ha tenido este "depredador" grupo de millonarios devenidos en "el mejor equipo de gobierno de la historia" un rédito exorbitante al llevar al extremo sus maniobras que condujeron al país a su "inserción en el mundo". Tanto éxito personal y solidariamente responsable del desequilibrio más profundo en la sociedad argentina han provocado estos serviles lacayos del poder económico internacional que su fracaso estrepitoso puede cuantificarse en dos ejemplos claros y contundentes: aumento de la deuda externa nacional en 175.000 millones de dólares y 43% de pobreza en la Argentina. Un precio demasiado caro para los que debemos pagar sin haber obtenido ni siquiera una "migaja" como recompensa. Hemos comprado un lugar entre los países emergentes. Y algunos pasarán cien años pagando por esta mentira verdadera que nos quieren hacer creer.
Ustedes saben cuál ha sido el destino de ese dinero pedido graciosamente por un presidente al que no le interesa la política ni tampoco que lo recuerden como estadista. Se ha destinado a enriquecer a los grandes capitales que una señora gorda prometió que vendrían a invertir en la Argentina. Obtuvieron ganancias desmesuradas sin aportar a producción alguna.
En realidad han triunfado en su cometido. Para esto ganaron una elección. Jamás les importó el país. Han transcurrido furtivamente por los pasillos de la historia nacional, dejando a sus costados, las mentiras pisoteadas por la realidad. Dejarán esta Nación en condiciones lamentables, pero como somos Argentina, comenzaremos la reconstrucción pensando en que la única manera de acercar las márgenes de la grieta que estos mismos insensibles ensancharon es la toma de conciencia de que nunca más elijamos con bronca. La voluntad de convertirnos en sociedad organizada pasa por comprender que aunque pensemos distinto, el destino es el bien común y si lo buscamos en serio, se produce la tremenda consecuencia de la estabilidad. Esa que necesitamos y que no reside en los mercados financieros, sino en la toma de conciencia que para gobernar este país, hace falta responsabilidad, capacidad y grandeza política para reconocer que necesariamente, quien sea elegido para gobernar, deberá realizar una amplia convocatoria a todos los actores políticos serios para que cada uno aporte lo mejor que tiene, sin sentir que una vez más, los poderosos se apoderan del destino del pueblo y después de haberlo saqueado, llamaron a participar de un supuesto salvataje, por supuesto esta vez...sin éxito.
Víctor Núñez. Sec. Gral. PJ Departamental
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Es dable admitir el caro y sangriento precio que hemos debido pagar, con la desaparición de una generación entera, para comenzar a visualizar el camino aún escabroso que nos está resultando vivir en democracia. Pero es bueno darnos cuenta de que es de esa manera solamente que debemos avanzar como sociedad organizada.
Se dio a luz a mediados del siglo pasado una nueva concepción social en la Argentina. La clase media trabajadora y conservadora. Jamás dejó de existir hasta nuestros días. Hoy, por estricta y lacerante acción del actual presidente oligarca y sus esbirros, se está viendo casi desaparecida. Está desempleada. Se hizo pobre. Aunque les cueste aceptarlo, han sido los millonarios beneficiarios de este actual desmanejo nacional quienes han llevado al abismo a ese motor de la economía, que, desde su nacimiento, aguantó cualquier sacudón que el liberalismo le hubo propinado. Nunca antes en nuestra historia esa clase estuvo tan castigada, menguada y desplazada con total indiferencia de quienes no han asumido todavía sus responsabilidades porque ni siquiera saben en qué terreno están pisando. Además de improvisados son inútiles.
De cualquier forma, se animan a mencionar la "GRIETA". Que por supuesto no admiten ser responsables de su ensanchamiento.
Consideremos a esa grieta cada vez más ancha no más profunda, porque nos separa, no nos hace caer. Todo lo contrario, nos hace vernos a los iguales cada vez más lejos los unos de los otros. Desgraciadamente, también entre iguales, los ideales, los pensamientos y el sentido de pertenencia de cada uno nos hace colocarnos a sabiendas del peor resultado, enfrentados casi sin posibilidad de coincidencia alguna.
La existencia perenne de la grieta está sustentada en nuestras propias diferencias. Este estado de situación desesperante de la mayoría del pueblo argentino ha tenido su sustento en las encontradas concepciones que subyacen en nuestra sociedad. Hasta pareciera que no nos identificamos como pares. Y les puedo asegurar que todos esos sentimientos extraños están siendo puestos en nuestro camino y exacerbados hasta el hartazgo por los medios de difusión cómplices de la entrega, que nos muestran una realidad que no es la verdadera sino la que ellos mismos acomodan. Y es justamente en esa visión parcial y ventajera, en la que aparecen los "planeros", los pobres de siempre, los marginados, los "negros", aquellos a los que la actual gobernadora de Buenos Aires los considera incapaces de llegar jamás a la Universidad estatal. ¿Dura concepción? Definitivamente es el pensamiento de quienes hoy están ocupando los lugares que no merecen.
Es lamentable admitir y también costoso que en tres años hayamos perdido hasta nuestra dignidad. Regalamos nuestro futuro cercano en forma consciente a la corporación de los ricos y poderosos que se adueñó de nuestras banderas y las cambiaron por globos de colores. Hasta los próceres que mostraban su imagen en los billetes fueron reemplazados por animales. ¡Sabían ustedes por qué la figura de José de San Martín estaba estampada en un billete de baja nominación? Pues para que estuviera en las manos de más gente. Hasta la más pobre veía su figura en una limosna o una propina.
Falta poco. Pero va a parecer una eternidad. Es posible que la utopía extrema y necesaria de la unión de los argentinos se vuelva lo que es. Pero también es posible que nos hayan servido estos tres años y medio para aprender que del poder del dinero y la especulación no florece ni justicia social ni bienestar general, sino el enriquecimiento desmedido de los que más tienen en contra de los que menos van a tener siempre. Es una consecuencia directa de haber elegido con bronca. A favor de la propaganda mentirosa que hasta hoy, se está descubriendo como realidad escondida detrás de la mala memoria colectiva. El remanido artilugio de expresar que la causa de todos los males por los que está pasando el país y quienes viven en él es por la situación heredada de los que se "robaron todo" ya no tiene cabida.
Los ladrones deben ir a la cárcel. Siempre que se demuestre su culpabilidad. Como así también los que se escapan de la Justicia.
¿O acaso ya se olvidó la ciudadanía de la denuncia y posterior inicio del juicio que se caratula: Macri, Mauricio y otros s/ defraudación por Administración fraudulenta y cohecho. Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 4. Juez Ariel Lijo?
La Justicia investiga una serie de encuentros que allegados al gobierno mantuvieron con los que llevan adelante la causa. Esta es la última documentación que el fiscal Juan Pedro Zoni presentó antes de ser desplazado. Este fiscal imputó a Macri y a Oscar Aguad (ministro de Telecomunicaciones por entonces) por el acuerdo entre el Estado nacional y el Grupo Macri, en el que el Estado aceptó una quita del 98,82% de la deuda en beneficio de Correo Argentino S.A. propiedad de la familia presidencial. Consecuencia: el Estado Argentino está dejando de cobrar 70.000 millones de pesos.
Ha tenido este "depredador" grupo de millonarios devenidos en "el mejor equipo de gobierno de la historia" un rédito exorbitante al llevar al extremo sus maniobras que condujeron al país a su "inserción en el mundo". Tanto éxito personal y solidariamente responsable del desequilibrio más profundo en la sociedad argentina han provocado estos serviles lacayos del poder económico internacional que su fracaso estrepitoso puede cuantificarse en dos ejemplos claros y contundentes: aumento de la deuda externa nacional en 175.000 millones de dólares y 43% de pobreza en la Argentina. Un precio demasiado caro para los que debemos pagar sin haber obtenido ni siquiera una "migaja" como recompensa. Hemos comprado un lugar entre los países emergentes. Y algunos pasarán cien años pagando por esta mentira verdadera que nos quieren hacer creer.
Ustedes saben cuál ha sido el destino de ese dinero pedido graciosamente por un presidente al que no le interesa la política ni tampoco que lo recuerden como estadista. Se ha destinado a enriquecer a los grandes capitales que una señora gorda prometió que vendrían a invertir en la Argentina. Obtuvieron ganancias desmesuradas sin aportar a producción alguna.
En realidad han triunfado en su cometido. Para esto ganaron una elección. Jamás les importó el país. Han transcurrido furtivamente por los pasillos de la historia nacional, dejando a sus costados, las mentiras pisoteadas por la realidad. Dejarán esta Nación en condiciones lamentables, pero como somos Argentina, comenzaremos la reconstrucción pensando en que la única manera de acercar las márgenes de la grieta que estos mismos insensibles ensancharon es la toma de conciencia de que nunca más elijamos con bronca. La voluntad de convertirnos en sociedad organizada pasa por comprender que aunque pensemos distinto, el destino es el bien común y si lo buscamos en serio, se produce la tremenda consecuencia de la estabilidad. Esa que necesitamos y que no reside en los mercados financieros, sino en la toma de conciencia que para gobernar este país, hace falta responsabilidad, capacidad y grandeza política para reconocer que necesariamente, quien sea elegido para gobernar, deberá realizar una amplia convocatoria a todos los actores políticos serios para que cada uno aporte lo mejor que tiene, sin sentir que una vez más, los poderosos se apoderan del destino del pueblo y después de haberlo saqueado, llamaron a participar de un supuesto salvataje, por supuesto esta vez...sin éxito.
Víctor Núñez. Sec. Gral. PJ Departamental

