Después de la intensa y volátil semana que atravesó la Argentina, con severas dificultades por parte del Gobierno para encauzar las medidas económicas y también su discurso frente a la abultada derrota electoral en las Paso y la crisis económica y financiera posterior, el analista y especialista en comunicación política Mario Riorda aseguró que el oficialismo no superó aún el shock y la confusión, y que se mantiene en una etapa de negación de los hechos. “Todavía está inmerso en la negación del hecho y en la ratificación de un clima electoral. Y esto es lo preocupante. Cuando uno tiene una campaña por un lado y una crisis por el otro, no tengo dudas de que lo que hay que afirmar es la gestión de crisis y no la campaña electoral, y el Gobierno tiene una pata en cada terreno. Y sabemos que la gestión de crisis necesita certidumbres y la comunicación electoral es especulación pura. Ambas cosas en una crisis no se pueden practicar, es una u otra. Si se va por ambas, la no gestión de crisis va a primar”, afirmó el especialista cordobés en declaraciones al programa Buen Día Río Cuarto.
Para Riorda, la semana de análisis debe comenzar necesariamente en el viernes de la semana anterior, cuando los mercados estaban exultantes por una posible paridad en los comicios entre Fernández y Macri. “El lobby mediático y la euforia de los mercados intentaron generar la sensación de una victoria en el sentido de que todo apuntaba a un empate y que luego tuvo tres hechos desencadenantes el domingo: el primero fue la salida eufórica de Marcos Peña cuando dijo que estaban contentos porque habían hecho una buena elección; la salida del Presidente que certifica su derrota aun antes de conocerse los datos oficiales; y la tercera, que fue la peor, cuando se subió al escenario Elisa Carrió”, explicó el politólogo.
¿Qué implica la crisis y cómo se supera?
Una crisis implica básicamente un parate, un paréntesis gigante a una rutina, para atenderla como una excepcionalidad. La crisis es cualquier cosa menos el sostenimiento de la rutina, es exactamente lo contrario. Cuando vemos un gabinete ampliado con ánimo y euforia electoral, es una señal. Y verla a Carrió y a todo el entorno celebrando sus dichos y barbaridades, con el propio Presidente presente, la verdad es que es propio de una inercia electoral que no se condice con este parate institucional en el marco de una crisis que debe representar la excepcionalidad para la gestión de la crisis y la comunicación de la crisis.
¿La proliferación de medidas anunciadas es síntoma del problema?
Eso es parte de la excepcionalidad y en este sentido la celebro, más allá de los efectos porque no soy economista. Uno escucha opiniones que recuerdan que este Gobierno cuestionó este tipo de medidas antes, cuando era oposición. Pero las contradicciones me tienen sin cuidado porque la crisis representa excepcionalidad, y por eso que haya o no coherencia es lo de menos. Lo que importa es si efectivamente atiende o no a la solución de la crisis. Quisiera ser optimista y que las medidas pudieran ser buenas y necesarias. Pero lo que me preocupa son por un lado las idas y vueltas como en el congelamiento de las naftas; y por otro la proliferación de vocerías. Eso implica una descoordinación de voces, muchas veces sin peso político que aparecen a cada rato. Y el Gobierno entendió además que deben salir en dupla, como si no pudiera cada ministro sostener la situación individualmente. La pregunta es el aporte a la certidumbre, a la tranquilidad del ciudadano promedio y los mercados que genera Finocchiaro (el ministro de Educación) al hablar de las naftas. La verdad es que en política, y tratándose de una crisis de esta magnitud, no hay un vocero único que resista, pero sí se necesita orquestación. Ahora, quien sale debe tener o la mayor autoridad política o la mayor competencia técnica. Hay que mirar que la mayor autoridad luego del Presidente es el jefe de Gabinete Marcos Peña, que no salió. Y la segunda autoridad competente es el ministro de Economía, y los dos están en jaque. Quien sale es el Presidente, que tiene una deslegitimación total y cada vez que expresa una palabra final no parece tener la contundencia necesaria. Además de estas voces del gabinete o formales, están las de Elisa Carrió u otras como la de Pichetto, que uno no sabe bien si ya es parte del gabinete o habla como candidato. Estas incongruencias son importantes.
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¿Qué implica la crisis y cómo se supera?
Una crisis implica básicamente un parate, un paréntesis gigante a una rutina, para atenderla como una excepcionalidad. La crisis es cualquier cosa menos el sostenimiento de la rutina, es exactamente lo contrario. Cuando vemos un gabinete ampliado con ánimo y euforia electoral, es una señal. Y verla a Carrió y a todo el entorno celebrando sus dichos y barbaridades, con el propio Presidente presente, la verdad es que es propio de una inercia electoral que no se condice con este parate institucional en el marco de una crisis que debe representar la excepcionalidad para la gestión de la crisis y la comunicación de la crisis.
¿La proliferación de medidas anunciadas es síntoma del problema?
Eso es parte de la excepcionalidad y en este sentido la celebro, más allá de los efectos porque no soy economista. Uno escucha opiniones que recuerdan que este Gobierno cuestionó este tipo de medidas antes, cuando era oposición. Pero las contradicciones me tienen sin cuidado porque la crisis representa excepcionalidad, y por eso que haya o no coherencia es lo de menos. Lo que importa es si efectivamente atiende o no a la solución de la crisis. Quisiera ser optimista y que las medidas pudieran ser buenas y necesarias. Pero lo que me preocupa son por un lado las idas y vueltas como en el congelamiento de las naftas; y por otro la proliferación de vocerías. Eso implica una descoordinación de voces, muchas veces sin peso político que aparecen a cada rato. Y el Gobierno entendió además que deben salir en dupla, como si no pudiera cada ministro sostener la situación individualmente. La pregunta es el aporte a la certidumbre, a la tranquilidad del ciudadano promedio y los mercados que genera Finocchiaro (el ministro de Educación) al hablar de las naftas. La verdad es que en política, y tratándose de una crisis de esta magnitud, no hay un vocero único que resista, pero sí se necesita orquestación. Ahora, quien sale debe tener o la mayor autoridad política o la mayor competencia técnica. Hay que mirar que la mayor autoridad luego del Presidente es el jefe de Gabinete Marcos Peña, que no salió. Y la segunda autoridad competente es el ministro de Economía, y los dos están en jaque. Quien sale es el Presidente, que tiene una deslegitimación total y cada vez que expresa una palabra final no parece tener la contundencia necesaria. Además de estas voces del gabinete o formales, están las de Elisa Carrió u otras como la de Pichetto, que uno no sabe bien si ya es parte del gabinete o habla como candidato. Estas incongruencias son importantes.

