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“El grabado sigue promoviendo un tipo de arte cooperativo y solidario”

Artista visual y profesora en la escuela Emiliano Gómez Clara, Luciana Villarreal habló de “Recorridos inesperados”, la muestra que pasó por la Medioteca. También se refirió a una técnica “arcaica y de vanguardia”

Como policromas carátulas de vinilos pequeños (78 revoluciones para los que peinan canas), los grabados de la muestra “Recorridos inesperados” tapizan una mesa de la Medioteca. Son lo que la profesora y artista Luciana Villarreal acaba de retirar tras un mes de exposición para reenviarlos a Laboulaye, desde donde volverán a salir empaquetados para otros museos o espacios artísticos del país. Y es probable que alguna de esas pequeñas obras haya impactado en la sensibilidad de algún caminante anónimo. Y entonces se habrá cumplido su doble cometido: grabarse a fuego en un corazón tras su “recorrido inesperado”.

-Entonces Luciana, ¿cómo nacen estos “Recorridos inesperados”?

-Fue una propuesta de Adriana Expósito y “Contraprueba”, el grupo de Laboulaye donde ella participa. Ellos lanzaron una convocatoria para exponer grabados en todo el país y se presentaron unos 300 trabajos de 12 provincias. Y ahí es donde nos contactan a “Coqui” Podestá y a mí, para mostrar una parte acá, en Villa María. Además, con Coqui aportamos algunas obras. En estos momentos, además, hay muestras simultáneas en San Luis, Misiones, Entre Ríos y Buenos Aires. Todas armando y desarmándose para seguir por diferentes puntos del país y siempre con sede en Laboulaye, donde vuelve esta muestra mañana.

-¿Cómo fue la reacción de la gente?

-Se acercaron muchos por curiosidad. A veces no entendiendo mucho cómo es el proceso de cada obra. Muchas veces el grabado pasa desapercibido pero está en todas partes. 

-¿Por qué lo decís?

-Porque los pósters y los afiches, las estampillas y los stencils, la ropa impresa y los gofrados sobre cuero, todo eso pertenece al grabado también, al cual en Bellas Artes ya no se le dice “grabado” sino “arte impreso”. Es una técnica que a muchos les suena arcaica pero que en muchos aspectos es de vanguardia.

-¿Y hay interés en Bellas Artes por el grabado?

-Muchísimo. Noto que los chicos que entran a la escuela se enamoran del grabado. Al punto que luego del primer año común, la enorme mayoría elige esta especialidad, muy por encima de la pintura y de la escultura. 

Arte analógico versus arte digital

-¿En dónde radica esa fascinación?


-Quizás se deba a que el grabado es una mezcla justa entre el arte y la artesanía, pero buscando la factura estética. Transformar una matriz en una obra y esa obra en varias estampas, es algo maravilloso. Pero también el factor sorpresa.

-¿Cómo?

-Porque hasta que no impimís, no sabés qué imagen te va a quedar. Igual soy muy insistente en mis clases con el boceto previo. Porque la composición  siempre es al revés, como si tuvieras que concebirla en “negativo”. Todo lo que tengas a la izquierda, en la estampa va a salir a la derecha porque se va a imprimir en espejo. Y después, lo hermoso de la multiplicidad. Porque a una misma imagen le podés cambiar los colores o imprimirla sobre distintos soportes; ya sea papel, tela o cartón. El grabado tiene posibilidades infinitas y mucho juego. 

-De hecho, hablabas de ropa impresa. En Bellas Artes, existe la carrera de Diseño e Indumentaria.

-Sí. Y, de hecho, Adriana Moya, una de las profes, me convocó para que hiciera un curso intensivo de estampas sobre tela y gofrados sobre cuero. Será muy útil para sus alumnos.

-¿En un mundo tan digitalizado, el grabado sigue proponiendo el arte analógico? 

-Sí. Y esto, mucho más allá de que existan grabados digitales también, y que hoy haya muchos artistas incursionando en este concepto.  Hoy, la computadora se puede usar como lugar de dibujo y la impresora como prensa. Es el mismo concepto.

-Estas técnicas no existían cuando estudiabas Bellas Artes, ¿no?

-Para nada. Incluso las técnicas eran absolutamente tóxicas. Yo aprendí trabajando con ácidos para imprimir en chapa, pero eso ahora se cambió por mordientes salinos. También usábamos aguarrás y kerosene para limpiar, y ahora una mezcla de alcohol, limón, detergente y aceite; una mezcla que se llama “solución de Tandil”, porque una de las profes de allá la empezó a implementar. Desde que yo era alumna, hubo muchos cambios.

Comunidad de grabadoras

-Contame del pequeño formato de esta muestra.

-Son estampas hechas con la técnica del ‘miniprint’ y tiene muchas ventajas. Porque al ser chiquitas y livianas, son muy fáciles de enviar por correo a las muestras. Y además, se las puede vender más baratas y producirlas por menor costo. Hay muestras y salones internacionales de “miniprint” buenísimas, como el de Rosario. Yo participé muchas veces. Ellos se quedan con tu grabado pero te mandan el de otro artista. Yo tengo estampas chilenas, de Rusia, de todas partes.

-¿Y la Medioteca como espacio?

-No es fácil encontrar lugares para exponer. Por eso es que haber tenido un espacio como el de la Medioteca, desde mi concepción del arte y de la cultura, es ideal. A esta muestra podríamos haberla armado en Bellas Artes, pero queríamos que estuviera en un lugar donde la gente transitara y se pudiera difundir.

-¿Cómo está el grabado, hoy por hoy, en la ciudad?

-Este año nos estuvimos juntando todos los viernes entre muchas artistas: Ivanna Arbol, “Coqui” Podestá, Liliana Rena, Liliana Bléjer, Verónica Mansutti, Cristina Goupillaut y yo. Siempre en la casa de alguien que tuviera una prensa, para producir de manera conjunta, hermanada. 

-Algo así como una “comunidad de artistas”.

-Sí. Y no es casualidad lo de habernos juntado en torno a una prensa. El grabado sigue promoviendo un tipo de arte cooperativo y solidario y eso me encanta, porque reafirma mi concepción del arte y los artistas; su sentido social e inclusivo. En otras disciplinas, eso se pierde en pos del individualismo.

Y Luciana guarda las últimas estampas en su cartapacio. Y leo, como al pasar, el nombre de algunas artistas; Maria Micaella Trocello, Luis Morado, Isa Duarte, Pablo Delfini, Sabrina Almada, Rubén Darío Acosta, Pedro Palloni.

Y en esas polícromas cartas hay de todo: desde aguafuertes y estampas tradicionales hasta impresos sobre “tetra bricks” y “kitchen litho”, obras a gubia y con mordientes salinos, en colores y en blanco y negro. 

Son unas cuarenta en total. Como un mazo de naipes españoles o cartas de tarot. Místicas imágenes  cargadas de futuro. 



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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