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“En Buenos Aires nadie te auspicia el tango como acá en Villa María”

El Dúo por la Vida grabó el pasado viernes su tercer disco en vivo en la Usina Cultural. Fue en el marco de “Tango, ciclo en palabras” y con dos invitados de lujo: la cantante Cristina Conde y Roberto Goyeneche hijo

No. No era el Viejo Almacén con sus techos altos el lugar donde estaban reunidos. Tampoco Caño Catorce con su “esplín” arrabalero. Ni Lugano ni Pompeya ni Boedo. No. Ni siquiera era Buenos Aires. Era la Usina Cultural de Villa María en medio de la pampa gringa. Era la vieja casa de Antonio Sobral convertida en escenario. Era la vieja sede donde alguna vez existió un conservatorio y sonaron los chelos más que los bandoneones. No. No era era un lugar tanguero ese donde estaban reunidos. Pero ellos, los cinco, lo volvieron como el café Los Angelitos. Cristina Conde, una de las voces más importantes de los setenta y Roberto Emilio Goyeneche, hijo y representante de, acaso, el mayor cantante de todos los tiempos (claro que junto a usted, don Carlos Gardel). Y por cierto, los muchachos que son el presente absoluto del tango en la ciudad; el Dúo por la Vida con Diego Hernán González y Emiliano Kandiko junto a Analía Rosso, una de las voces más importantes por la inclusión.

Y así, en medio de una habitación pensada para exposiciones que se volvió Botica de Tango, empieza esta charla con dos mitos y dos orgullos del tango nacional que el viernes grabaron en vivo en Villa María a sala llena, devolviéndoles a la ciudad los tiempos de sus doce orquestas.

Roberto y Cristina

Cristina Conde empezó a cantar a los 9 años con el cuarteto “Las Mosquitas”, un seleccionado infantil apadrinado por Estela Raval y Los Cinco Latinos. A los 13 grabó su primer disco, “Music Hall”, de género melódico y pop. Pero a los 30 debutó como cantante de tango y desde ese día nunca más abandonó el género.

-¿Cómo es que empezando por el melódico llegás al tango?

 -Porque en el `76 lo conocí a quien fuera el padre de mis cinco hijos, Ricardo Guzmán. Ricardo me dijo “usted tiene que cantar tangos, tiene una voz especial. Yo tengo un programa de radio en La Plata dirigido por Antonio Carrizo. Venga que la quiero presentar”. Así que empecé a probar. No era fanática del género pero me gustaban las letras. Sobre todo las de Discépolo. 

-Y por lo visto, fuiste a La Plata aquel día, ¿no?

-Claro. Y ahí me conoció Alfredo Gago, productor de Grandes Valores. Y cuando me escuchó, me dijo “empezás el miércoles”. Eso fue a fines del ´77. Y en el ´78 fui “revelación” del programa. Desde entonces, no hice otra cosa que cantar tangos.

-Tenés 40 años de escenarios ¿Cómo ves el género desde entonces hasta ahora?

-Te podría decir que cuando empecé, la gran época del tango ya había pasado. Antes estaban el “Negro” Ledesma, el “Flaco” Morán, el “Polaco”… Y también mujeres como Susy Leiva, Libertad Lamarque, Rosana Falasca... Desde aquel entonces, ningún gobierno apoyó al tango. Sólo Menem; y sin hablar de política ¿eh? Por eso lo de ayer en Villa María fue para mí una sorpresa impresionante.... 

-¿Te referís al Concejo Deliberante declarando el ciclo del Dúo por la Vida de interés cultural?

Cristina: -Sí, claro. Porque el respeto que nos tuvieron los legisladores me dejaron helada.

Roberto: -La gente del Concejo nos saludó con una  emoción increíble. Nos recibieron con tanto calor que nos sentimos como en casa. No sabíamos que el festival estaba decretado de interés cultural. Y cuando De Falco empezó a hablar de mi viejo, te juro que me temblaron las piernas… 

-¿Y qué pasa en Buenos Aires?

Roberto: -Pasa que no tenés apoyo para nada. Yo hago un programa de radio y no tengo sponsors. En Buenos Aires nadie te auspicia el tango ni te lo respeta como en Villa María...

-¿Por qué ya no hay programas como “Grandes Valores”?

Cristina: -Porque hay mucho regateo y en cultura vos no podés regatear. Mantener una orquesta como la de Grandes Valores, cuesta. Y nadie la quiere solventar. Además, al haber muchos canales privados, te dicen “arregáte con el cable”. Pero la gente grande que no puede pagarse el cable no tiene acceso a las nuevas voces. A esa gente le están privando su derecho al tango.

-¿Por qué tan poco reconocimiento al género que lanzó a Buenos Aires hacia el mundo?

Cristina: -Porque el tango ya no es política de Estado ¿Vos podés entender que los japoneses vengan a adorar el empedrado de San Telmo? En el ´78, con mi esposo organizamos el primer festival mundial de tango. Lo hicimos en el Luna Park gracias a Tito Lectoure. Vinieron delegaciones de 22 países y tuvimos apoyo de todo el mundo menos del gobierno argentino. Hoy es exactamente igual. 

Roberto: -No sólo no hay apoyo oficial sino que se fueron perdiendo las casas de tango. Yo me quería poner una, pero averigüé y me cobran 100 mil pesos de alquiler más luz, gas, impuestos y Sadaic… ¡Tengo que ganar un millón de pesos por día para mantenerla! Se fue perdiendo la noche. Además, hay mucha inseguridad y nadie sale. Se fue perdiendo el poder adquisitivo y lo primero que corta la gente es la salida. Así desapareció Homero, Caño 14,  Casablanca, Berretín… 

-Esta noche graban en vivo con el Dúo por la Vida ¿Qué significa para ustedes?

Cristina: -Para mí es un honor que estos músicos excelentes me hayan invitado. Será un placer cantar con ellos.

Roberto: -Para mí, el placer es doble. No sólo porque estoy representando a Cris sino porque de  ahora en más los voy a representar a Diego y a Emi también. Y vamos a montar un espectáculo entre los cuatro. Es una primicia que te estoy dando ¿eh?

En carne propia

Le pregunto a Cristina por los temas que hará en el disco y me responde “Cuando tú no estás”, “Pasional”, “En carne propia” y “No llores por mí Argentina”. La otra pregunta es por sus referentes en la voz femenina.

“De chica me encantaba Susy Leiva. Por eso en el `91 grabé con Roberto Pansera “Sin palabras” y “Frente al mar”, que también hacía Susy. En “Grandes Valores”, además, hicimos un especial de Libertad Lamarque con ella en el estudio. Éramos Sandra Luna y yo cantando sus éxitos. Fue muy conmovedor. Antes, tenías muchas referentes femeninas. Pero vos tenías que buscar tu estilo. Los que te contrataban te decían “imitaciones, no”. ¡Querían tu personalidad, que es lo que falta hoy!

-En un momento, Cristina, desapareciste de escena ¿A qué se debió?

Cristina: -Tuvo que ver con la muerte de mi esposo. Yo soy muy familiera y lamentablemente esta carrera no te permite serlo. Al punto que en el ´90 me vino a ver el marido de María Garay y me dijo: “Cris, María no puede ir a  Japón con Mariano Mores. Y él, me pidió que te llamara a vos”. Le dije que lamentablemente no iba a poder, que me disculpara, que me hubiera encantado cantar con Mariano pero que primero estaban mis hijos. Yo no los iba a dejar solos seis meses para irme lejos”. Mariano entendió mi palabra y yo la cumplí”.

Y  a esta nota la cierra Roberto, hablando precisamente del poder de la palabra.

“¿Ves lo que te digo? Se ha perdido eso, la palabra. Hoy no existe el tacto entre la gente. Yo a Cristina la conocí siendo la esposa de mi hermano, que era Ricardo Guzmán. Y desde entonces, esta señora se me murió como mina. Yo la amo, como le digo siempre. Pero la amo como a mi hermana ¿entendés? Yo la abrazo, la llevo de acá para allá y ella también. Pero siempre con ese respeto, el de haber tenido a sus hijos en upa”...

Roberto hace una pausa, como su viejo cuando buscaba las palabras. Y acaso sin saberlo, él también compone un tango.

“La vez pasada le dije: “ojalá encuentre una mina como vos, Cris”. Y ella me dice “vas a encontrar, Roberto, hay un montón!”… Y yo le dije ¡qué va ha haber un montón! ¡No hay más minas como vos, Cris! ¡Hoy ninguna mina sacrifica su carrera para criar a sus hijos y ser una madre deputa madre! ¡Qué van a quedar minas como vos”.

Y estas últimas palabras salen de lo más hondo de Goyeneche hijo como si en algún escenario del futuro las recitara Goyeneche padre. Un tango inédito que, a través del tiempo, le escribe el hijo para que lo cante el “Polaco” con su garganta con arena. Pero también y sobre todo con la dulzura de aquel susurro, más frágil que el cristal.



Iván Wielikosielek.  Redacción Puntal Villa María

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