La elección del día se relaciona con un hecho ocurrido el 21 de septiembre de 1888, cuando llegaron a Buenos Aires los restos de Sarmiento, quien había fallecido el 11 de septiembre de ese año en Asunción, Paraguay.
Sarmiento fue una figura central de la educación pública argentina y ejerció la Presidencia de la Nación entre 1868 y 1874. Durante su trayectoria impulsó la creación de escuelas y desarrolló políticas vinculadas con la educación, por lo que posteriormente fue reconocido como el “padre del aula”.
El prócer murió a los 77 años y sus restos fueron trasladados desde Paraguay. Diez días después de su fallecimiento fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires.
El origen de la celebración
La tradición del Día del Estudiante surgió algunos años después de la muerte de Sarmiento. En 1902, Salvador Debenedetti, quien tenía 18 años y era presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras, propuso realizar un homenaje al educador en esa institución.
A partir de aquella iniciativa, el 21 de septiembre quedó establecido como la fecha destinada a reconocer a los estudiantes en homenaje a Sarmiento.
Con el paso de los años, la jornada también se incorporó a las costumbres juveniles vinculadas con la llegada de la primavera. En particular, los alumnos de nivel secundario suelen aprovechar el día para reunirse con amigos en plazas, parques y espacios verdes, mientras que no tienen clases durante la jornada.