Daiana Dizanzo, una joven estudiante que reside en esta ciudad, se acercó a este medio para darle visibilidad a un hecho de discriminación que vivió en un espacio de teatro local.
En declaraciones a Puntal Villa María, la muchacha, de 22 años, dijo que por tener una discapacidad motriz, la directora de la sala de teatro “La Llave”, María Cristina Soave, puso en duda la posibilidad de que pueda asistir a los talleres que en dicho espacio se dictan.
Dizanzo contó con lujo de detalle cómo fue su acercamiento al espacio teatral y la respuesta que se llevó de la docente.
“El lunes fui a la sala de teatro La Llave para inscribirme en los talleres que ellos dictan. Antes de la fecha, les había escrito por Whats App al enterarme de que el taller lo dictaban los días miércoles de 21.30 a 23.30. Me dijeron que para participar tenía que pagar la inscripción y una cuota mensual”, abrió la joven.
“Cuando fui al teatro me encuentro con una mujer, de 32 o 35 años, y después aparece otra señora, que es María Cristina Soave, que vendría a ser la persona que dicta los talleres”, amplió.
“Cuando llegué, me presenté y dije que venía a anotarme a los talleres de teatro para adultos, me pidieron datos como el nombre, la edad, el domicilio, mi ciudad de origen y cómo surgió mi interés por el teatro y en qué obra había actuado, ya que yo les conté que hice teatro desde chiquita, en el Centro Cultural Leonardo Favio, en los talleres municipales que ahí se dictaban. Me preguntaron quiénes eran mis profesores y qué vínculo tenía con ellos. Hasta ese momento la charla era normal”, relató.
Luego, contó que en dicho espacio le preguntaron qué dificultad tenía a la hora de actuar, a lo que ella respondió que no tenía dificultades. “Les dije que me gustaba mucho el teatro y que solamente tengo una discapacidad motriz de la parte derecha, que me puedo amoldar a los diferentes papeles y grupos de teatro”, aseguró durante la conversación que mantuvo con un periodista de este medio.
Y agregó: “Ella (refiriéndose a Soave) me pidió que le explique más esa situación en virtud de que querían saber si yo me iba a poder amoldar al grupo. Les expliqué que en la Universidad había realizado el taller con Josefina Paredes, a lo que me responde que en la Universidad es obligatorio dictar el curso a todas las personas pero que en La Llave, como es un lugar en el que hay que pagar, no es necesario amoldarse a todas las personas. Me dijo que tenía miedo de que las personas restantes no se amolden a mí por mi condición”.
“Les expliqué que cuando fui a teatro a otros espacios no tuve ningún problema, incluso con la dificultad que tengo, me adapté bien”, aseveró.
Y siguió: “Entonces la docente de teatro me dice que se daba cuenta de que yo era especial, a lo que respondí que no yo no era especial, que mi discapacidad no era cognitiva”.
“Le conté que siempre fui a escuelas normales y que actualmente estaba cursando una carrera en la Universidad Nacional de Villa María”, destacó.
“Y ahí les comenté que era discriminación lo que me estaban haciendo, porque por una discapacidad motriz me estaban imposibilitando de hacer teatro, esto nunca me pasó”, exteriorizó.

