Luis Chavarría fue uno de aquellos héroes de Las Perdices que fueron capaces de ofrendarle al pueblo el título oficial de campeón de la Liga Villamariense en 1984.
El tucumano tiene una historia de vida digna de ser contada y precisamente desde hace 36 años vive en Las Perdices, donde hoy es el DT de las categorías infantiles del Santo. Lleva el fútbol en la sangre y a su familia, en el corazón.
En un colegio secundario de Quilmes, mientras jugaba en Boca, se enamoró de su esposa, Nancy, que ya no lo acompaña físicamente pero su ejemplo vive en sus 5 hijos y ahora en sus 2 nietos. Obvio que los dos varones son futbolistas: Pablo Chavarría, reconocido delantero que triunfó en Belgrano para instalarse hace una década en Europa (el sábado enfrentó a Messi con el Mallorca), y Matías Chavarría, quien también se terminó de formar en Belgrano y, tras militar en Europa y en el fútbol de ascenso argentino, juega hoy en Río Tercero.
“Matías me vino a visitar con su señora el fin de semana, tras recibir el permiso para poder viajar, tras la cuarentena. Estoy acompañado por mis tres hijas, que bien podrían ser futbolistas también”, comentó rodeado de sus afectos.
Chavarría se reconoce como un DT formador, aunque también demostró que es de Primera, cada vez que le tocó dirigir en nuestra Liga y la Riocuartense. “Siempre me ocupé de que todos los chicos pudieran mejorar, no sólo de mis hijos. Jugué al fútbol desde que recuerdo, porque mi papá era dirigente de un club chico de Primera de Tucumán, y el fútbol me educó y me hizo mejor persona”.
Con orgullo cuenta: “El ‘Cholo’ Guiñazú, primero, Elías Dagatti y Pablo (su hijo), después, fueron los que sobresalieron y se pudieron ubicar en clubes profesionales, pero también llevé a Lucas Mellano a Lanús y a Matías, a Belgrano y acompañé a los Bolatti y varios más. Hay buenos jugadores en el pueblo y en esta región”.
Lunita tucumana
Iluminado por la lunita tucumana, Chavarría tiene mil anécdotas en su memoria futbolera. Empieza hablando de Pablo. “Está muy bien y tiene 1 año más de contrato en Málaga, con opción a otro. Una lesión lo privó de ser titular, pero este impasse le permitió recuperar su nivel. Está bien afilado”.
Agregó: “En noviembre de 2019 me invitó a España para verlo contra Barcelona en el Camp Nou. Fue un lujo. Messi se enojó, hizo 3 goles y ganó 5-2. Es distinto, único, pero además están Suárez, Griezmann y 8 monstruos más”.
Insistió: “Recorrí todo el circo mediático de Barcelona. Lo que me llamó la atención también fue que había chinos con barbijo. Ahora ya me di cuenta el motivo”.
Matías fue goleador en su zona en el último torneo Federal jugando para 9 de Julio de Río Tercero y aún tiene tiempo de ratificar toda la calidad que se le reconoce.
Sus hijas Romina, Melani y Aylén (pronto a recibirse de veterinaria, como su madre) también “tenían condiciones para el fútbol y practicaron deportes”. Tendrá que esperar por sus nietos: Bautista y Xiana.
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Recordó: “A Las Perdices llego por mi señora. Ella se recibió de veterinaria y le recomendaron dos lugares: Las Perdices o Quebracho Herrado (cerca de San Francisco). Acá había bancos, un desarrollo mayor y escuelas para los hijos, que ya iban a llegar”.
“Jugué un sólo año en San Lorenzo y fui campeón con ‘Cacho’ Fiandino en 1984. Me fui a Alianza de General Cabrera luego de jugar un Provincial, pero con tan mala suerte que a mitad de torneo me rompí los ligamentos con Lautaro Roncedo de Alcira Gigena. Jugué con Rosané, Campagna y Alaniz. Me hice dos cirugías pero no pude volver. El ‘Pelado’ Díaz era el DT y estábamos en la punta, pero se acabó mi carrera en Cabrera”, dijo.
Resaltó: “El equipo campeón se recitaba de memoria, pero con los refuerzos para el Provincial se formó un equipazo. Llegaron Abate Daga, Machado, Giraudo. Sólo habíamos perdido con Sarmiento de Leones, pero nos dejó afuera Huracán de Las Varillas, que después juega con Alumni en el Provincial en el que sufre la fractura Hugo Mattea en la Plaza”.
A su señora, Nancy, la había contratado una cooperativa de tamberos. “Yo era empleado administrativo de una dependencia militar en Buenos Aires. Para jugar en Las Perdices recuerdo que tuve que demostrar que había jugado en Boca en un amistoso de San Lorenzo contra Talleres”.
Nada que envidiarle a una película. Sigue su historia: “San Lorenzo había vendido a José Pochettino a Talleres, que vino con un remanente conducido por Taborda y Muggione. Yo hacía dos días que había llegado y me convencieron para que jugara”.
“Me tiraron a la cancha. Salió la banda del pueblo y la cancha estaba llena. Si no rendía, me volvía a Buenos Aires a la noche”, relató.
“Salí con la 2. Estaba bien entrenado y con 27 años había jugado mucho en el fútbol de ascenso con Berazategui, tras mi paso por Boca, donde llegué a jugar en Reserva y a compartir con todos los campeones del Mundo en Alemania con Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo”, precisó.
Su destino estaba escrito. Fue prueba superada y aún vive en Las Perdices. “A los 5’ ya ganábamos 1-0. La Reserva de Talleres era campeona y atacaron todo el partido. Me permitió lucirme, porque pude mostrar buena técnica, salida y trabajo no faltó ese partido para los defensores. Empatamos 1-1”.
El comentario en el pueblo era: “De dónde había salido el ‘Negro’. Me decían el porteño y soy tucumano (aún se le nota el acento). El DT era Oggero. El equipo formó con Viera; Bolatti, yo, Michelutti y Báez; Jorge Ledda, Ribotta y Ramírez; Gutierrez, Frola y Ledda”.
Hizo gala de su memoria y detalló: “Había un seleccionado de jugadores de Las Perdices, pero muchos jugaban en Deheza o Cabrera. Yo era el único ‘foráneo’ del equipo”.
El equipo soñado
Con el arribo de Francisco Fiandino a la conducción táctica, se formó un equipo campeón sin tantos refuerzos: “Cacho eligió bien. Tiene una gran visión del fútbol. Llegaron Sergio ‘Pichi’ Molina, Gustavo ‘Pato’ Bomprezzi, Moisés Miranda, ‘Valor’ Alaniz, ‘Colo’ Oyarzábal y volvieron ‘Viti’ Sada y Alfredo Ledda. Aparecieron dos pibes: Bottálico y Avelino Rojo”.
“Me ofrecieron que armara dos equipos de inferiores y los dirigiera. También me pidieron que dirija la Reserva, porque ‘Cacho’ (Fiandino) quería apostar todos los cañones a la Primera. Pasé a ganar como un empleado de comercio y dejé mi puesto de administrativo militar en Buenos Aires”, afirmó.
Aclaró: “La Reserva perdió la final con Argentino, que bajó a toda la Primera y nos ganó 1-0 en cancha de Alem. Eduardo Cipolat, que fue el arquero, después fue refuerzo nuestro en el Provincial”.
“En inferiores me tocó debutar contra el River Plate de Marcelo Alamo. Yo no conocía nada de la Liga porque hacía 2 meses que había armado esos dos equipos. Sacamos del medio todo el partido. Nos hicieron como 14”, indicó.
Agregó: “Era una selección del baby fútbol la que tenía River Plate. Una máquina. Aprendí rápido que para competir, había que hacer categorías infantiles. Casi damos una vuelta olímpica cuando le empatamos 0-0 en la revancha”.
Más allá de su comienzo como DT, recordó: “Mi pase llegó en la tercera fecha y ‘Cacho’ no me puso porque el equipo ganaba. Se lesionó Michelutti, entré y no paré de jugar hasta la vuelta olímpica, Colón, Alem y Playosa fueron los rivales directos”. Recitó de memoria aquel mítico equipo campeón del 84 dirigido Francisco Fiandino: “Bomprezzi; Rivero, Chavarría, Michelutti y Alfredo Ledda; Moises Miranda, Molina y Alaniz; Perticarari, Sada y Avelino Rojo”.

