Opinión Tiempos inexplicablemente prolongados La noticia de que el sacerdote Julio César Grassi irá a juicio por el desvío de donaciones a la Fundación Felices los Niños hacia la penitenciaría donde se alojaba, para obtener prebendas de sus carceleros, refleja que un escándalo que parecía olvidado podría finalmente no quedar impune. Sin embargo, la cronología del caso sigue dando cuenta, como con tanta frecuencia ocurre en la Argentina, de una morosidad que compromete el ejercicio de la función reparadora que corresponde a la Justicia.