Villa María | Educación

Docente aseguró que no hay que “demonizar” el uso del celular

Así lo manifestó a profesora Claudia Ardini. La relación entre los estudiantes y los móviles dentro de las instituciones es una situación que puede convertirse en una distracción o en una herramienta para los docentes
 
En la actualidad hay quienes afirman que utilizar el celular durante la hora de clase puede ser motivo de distracción para los estudiantes y, por ende, ello los perjudicaría en su aprendizaje.

Sin embargo, Claudia Ardini, comunicadora social y docente universitaria, le explicó a PUNTAL VILLA MARÍA que “uno no tiene que demonizar el celular como aquello que interfiere en los aprendizajes, aunque este demostrado que genera una fuerte distracción en la atención por estar mirando todo el tiempo la pantalla para estar consultando”.

Ardini comentó que “en un mundo tan cambiante y con un avance en lo tecnológico muy fenomenal, el sistema educativo se debe revisar, reflexionar y, sobre todo, planificar más estratégicamente. Para ello, la primera condición que uno podría tener como docente en el aula y en las instituciones educativas es poder hacer una mirada crítica y reflexiva con los estudiantes respecto a la tecnología, para luego ir encontrando los usos que mejor sirven con el objetivo de comprender, saber y conocer”. 

“Me parece importante darle esa trascendencia a la tecnología y al celular como símbolo de esta época y eso también es performativo porque moldea las conductasy las formas de aprender”, dijo. 

Y agregó: “Entonces ahí, además de verlo de manera crítica, debemos pensar en cuál es la mejor utilidad para la construcción de conocimiento que podamos hacer del móvil”.

Además, la docente afirmó que el uso de este dispositivo no necesariamente está vinculado con la metodología de la clase, sino que más bien se relaciona con la lógica del celular. 

“Genera distracción de todo lo que se está haciendo. Vos podés estar viendo una película, estudiando, tomando una clase y hay una disposición a consultar el celular”, mencionó. 

Al consultarle si esta situación va de la mano con el déficit de atención, manifestó que es “muy probable, pero que también hay que poder mirar porque es una nueva forma de acceso al conocimiento”. 

A su vez, indicó: “Me parece que esta reflexión es fundamental que la podamos hacer sin prejuicios y sin caer en una cuestión de denegación de la tecnología”.

Para finalizar, Ardiní  señaló que le parece que es un momento “interesante, incluso a partir de las disposiciones que genera la tecnología y el uso del móvil al generar una sensación de participación, de cercanía, de estar conectado; para recuperar la experiencia de participación y de involucramiento de docentes y estudiantes. O sea, es un trabajo colectivo”. 

Los estudiantes también opinan

Nahir Acevedo, estudiante de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), explicó que generalmente usa el celular en clase cuando se está “durmiendo o la clase se vuelve muy aburrida”, siendo ésta una forma de despejarse.

La estudiante dijo que el problema está “en esta época que vivimos como sociedad” y explicó que  “una charla de dos horas” a ellos se les hace extensa porque están acostumbrados “a ver cosas rápidas e instantáneas”. Y agregó: “Creo que el problema no es el del profe sino nuestro porque no le prestamos la atención que se merece”.

“También estoy de acuerdo en que haya recreo porque sin duda estar más de 40 minutos sentado, en algún momento hace que te vayas a otro lado y para mí el recreo es como empezar de nuevo”, opinó.

Asimismo, Acevedo explicó que “hay clases que son más prácticas y que los profesores las hacen más dinámicas. Entonces eso te lleva a no estar con el celular”. Y, en contrapartida, puntualizó: “Hay otras que suelen ser más pesadas y ahí a pesar de que ténes que estar metido en la clase, llega un momento en el que te dispersas y utilizás el celular. Lo necesitamos”.

Por su parte, Daniela Ceballos, alumna de intercambio proveniente de Colombia, manifestó que “en clase usa con mucha frecuencia su celular porque recibe mensajes de su familia y amigos”. 

Y añadió: “Cuando estoy desinteresada, mis compañeros también lo están. Entonces por respeto al profesor, no hablamos entre nosotros muy seguido, pero si utilizamos mucho el celular”.

Ceballos expuso que “acá una diapositiva que pone un profesor es una lectura de cinco o diez renglones que satura la visión y la mente, entonces eso hace que los alumnos se dispersen de la clase”.

Además consideró que “la idea es utilizar las tecnologías pero de una forma adecuada para hacer las clases más didácticas, porque por muy teóricas que sean, hay herramientas que pueden hacer una clase más lúdica. Los videos, gráficos, mapas mentales e imágenes con alusión al tema ayudan. Y sobre todo cosas que puedan generar discusión, que no sea sólo el profesor que hable sino que nosotros propongamos y seamos críticos”.

La estudiante de movilidad aconsejó que “sea el profesor quien genere las herramientas y los espacios  que puedan hacer que los alumnos no se dispersen en la clase y, así, no le quitemos el interés que amerita”. 

Para concluir, al cuestionarla por si creía necesario la regulación de este dispositivo en las aulas, exteriorizó que “totalmente”, ya que cree que las normas “no les cuestan nada cumplirlas, pero sólo si ellos ponen voluntad de su parte”.

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