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Educación en crisis: “Para los gobiernos no es un tema prioritario”

Guillermo Jaim Etcheverry criticó el sistema educativo actual por sus deficiencias en formar estudiantes con capacidades para desenvolverse en la vida. Señaló la falta de interés en la temática

“Alguien tiene que llamar la atención sobre la crisis que tenemos en educación porque, si no, la gente no sabe  y no se da por aludida, lamentablemente”, afirma Guillermo Jaim Etcheverry, sentado en la sala de biblioteca del Colegio San Ignacio, donde fue invitado ayer a exponer sobre el estado actual del sistema educativo.

-¿Cuál es la situación de la educación en Argentina?

-Mala. De cada 100 chicos que ingresan a la escuela primaria, sólo 50 terminan el secundario. Es decir que la mitad quedó en el camino, y de esos 50 que terminan, la mitad tiene dificultades para entender lo que lee, y 2 de cada 3 tienen dificultades para hacer simples operaciones matemáticas. Un drama que nadie lo reconoce como tal, y me parece que es un problema gravísimo para enfrentar el futuro.

Además, de cada 100 chicos que entran a la Universidad sólo 25 terminaron el secundario con algún resultado más o menos coherente. Hay 75 que están afuera y eso crea una situación de exclusión sumamente grave. Argentina tiene poca gente educada. Poca gente graduada de la escuela media, poca gente graduada de la universidad.

Y los que terminaron tienen graves problemas de calidad. El problema es muy serio pero nadie parece advertirlo. Parece que tienen una percepción equivocada. 

Si uno les pregunta a los padres argentinos cómo está la educación el 70% dice que está mal o muy mal, sin embargo si se les pregunta si están satisfechos con la educación de sus hijos, el 70% dice que están satisfechos o muy satisfechos. La gente ve que hay un problema en la educación pero todos pensamos que milagrosamente nos salvamos. Nadie explica por qué pero todos pensamos que nuestro caso es extraordinario. Ese es el punto central, hasta que la gente no advierta que el problema le afecta personalmente nada va a cambiar. 

-¿Esa situación es responsabilidad de los padres o del sistema educativo?

-Es responsabilidad social en general, porque se cree que es suficiente con lo que ven en la escuela y están satisfechos. En la UCA, el Observatorio de la Deuda Social les pregunta a los padres si cambiarían a sus hijos de escuela para mejorar la calidad educativa y el 80% dice que no los cambiaría.  Hay un conformismo instalado en la gente con lo que le pasa individualmente. Y los políticos que se guían por encuestas, porque no son políticos de proyectos sino de encuestas, piensan: ‘Para qué me voy a meter con la educación si la gente está re contenta’. Uno no ve manifestaciones en la calle de padres que pidan por mayor calidad educativa. Y eso demuestra el desinterés que quería marcar. 

-En el contexto actual, ¿cuál es  el rol de la escuela pública?

-Es fundamental. Argentina es lo que es precisamente por su escuela pública, porque ha sido la que ha formado la alianza social. Antes cuando ibas a la escuela veías a tu compañerito con guardapolvo blanco igual a vos, el hijo del almacenero con el hijo del médico, el del abogado con el del carnicero, éramos todos lo mismo. Y eso se ha perdido. Hoy los ricos se educan con los ricos y los pobres con los pobres en ghettos, que se rompen a veces  cuando van a la universidad pública. Pero habría que reconstruir la escuela pública y las clases medias que están escapando de la escuela pública por todos los problemas que tiene, debería volver. Hay muy buenas escuelas públicas y muy malas, y muy buenas escuelas privadas y muy malas. El problema no pasa por ahí. El valor que tiene la escuela pública es el de permitir esa alianza. Ahora cada vez hay muchas escuelas privadas que cobran muy bajo, mucha escuela parroquial que ha surgido de las bases que trata que esa alianza se vuelva a reconstitutir. Es un gran esfuerzo de organización.

-¿Considera que la docencia es una profesión desprestigiada?

-La docencia no es socialmente bien vista. Deciles a tus padres que vas a ser docente y fijate qué cara ponen. Si la gente no valora eso como una actividad para sus hijos, no puede decir  que la valoran. Ahí está el punto: socialmente la figura del docente no es valorada, el docente gana poco porque a nadie le importa lo que hace.

Las bases se mantienen

Etcheverry señala una y otra vez que a pesar del paso del tiempo la escuela tiene un mismo objetivo:  “proporcionar las herramientas a los estudiantes que les permitan hacer cualquier cosa”. 

En ese sentido añade que “es fundamental” el aprendizaje de la lengua. “En la medida en que manejemos más palabras, nuestro universo se va a ir expandiendo. La lectura es fundamental y eso sólo se puede hacer en la escuela”. 

-¿Por qué cree que los gobiernos no avanzan en mejorar la educación?

-Porque no lo ven como una prioridad, así como la gente tampoco lo considera prioritario. La gente está conforme por eso que le comenté al principio. En los gobiernos no hay visionarios, no hay un Sarmiento que diga ‘tengo que ir más allá’. A Sarmiento nadie lo presionaba, no había reclamo social por la educación, sin embargo esa generación vio que la educación era importante para la consolidación del país. Esta no lo ve,  no le importa, y mira cosas secundarias: ahora todo tiene que ser moderno,  el eslogan actual es “tenemos escuelas de siglo XIX, con maestros del siglo XX y estudiantes del siglo XXI”. Me parece que el problema no es ese, porque estas nuevas habilidades son las de siempre: que el alumno entienda lo que lee, que sepa interpretar, que tenga capacidad de abstracción, que se ubique en el tiempo y espacio histórico, con eso hace cualquier cosa, hasta manejar una tablet. Hoy los abuelos piensan que sus nietitos son pichones de Bill Gates, pero son chicos que juegan con las herramientas de su época. Uno lleva la herramienta a lo que es y a lo que uno tiene, no es que la herramienta confiere inteligencia. La pueden usar los inteligentes y los brutos, pero la herramienta en sí no confiere inteligencia. Todos estos que van con smartphone por la calle, algunos serán inteligentes y otros no. La gente piensa que al ser tocada por la tecnología ya se vuelve inteligente. Y eso no es así. El teléfono no es inteligente, inteligente es el que lo hizo. El libro no trae inteligencia, el que lo lee se beneficia de eso.

-Como investigador y como médico, ¿qué opina de la degradación del Ministerio de Salud y el de Ciencia?

-Es una lástima. Me da la impresión de que nada va a cambiar pero sí cambia en el imaginario de la gente el hecho de que sea una tomado como un aspecto secundario o da la idea de que importa menos. La cultura, la ciencia y técnica y la salud parecerían ser ámbitos que pueden ser movidos de un lado al otro. Yo creo que en los hechos nada va a cambiar pero tiene que ver con lo simbólico y eso es lo que más me preocupa. El transporte parece ser más importante que la salud. 

El médico y educador que dirigió la UBA

Médico, investigador y educador son algunas de las facetas más conocidas de Guillermo Jaim Etcheverry. Además, entre 2002 y 2006 fue rector de la Universidad de Buenos Aires y en la actualidad es el director de la Academia Nacional de Educación. 

En la década del 90 publicó un libro “La tragedia educativa” que hablaba del bajo rendimiento escolar. “No ha cambiado nada”, dice casi 20 años después de la publicación de su obra.

Jaim Etcheverry estudió medicina en la UBA en  la década del 60 porque quería hacer investigción científica. “Es lo que hice (en el campo de la neurobiología) y me parecía que la medicina me iba a dar herramientas. No estoy arrepentido, hice una carrera razonable hasta que me empecé a ocupar de los temas de gestión y de la educación, porque me pareció que podía hacer una contribución mayor que en mi laboratorio”, cuenta a PUNTAL.

Magdalena Bagliardelli. Redacción Puntal.

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