No fue un lunes más. Con 190 milímetros de lluvia la ciudad intentó amanecer con su ritmo habitual de funcionamiento, sostenida por un movimiento comercial que atrae a los vecinos de la ciudad, pero también a los habitantes de la región.
Y ese arranque de semana no fue el esperado. La lluvia del fin de semana no logró escapar por los desagües y comenzó a acumularse en las calles, con bocas de tormenta que no daban a basto. No hay registros cercanos de tal situación, con el agravante de que con el correr de las horas, lejos de bajar en su caudal cada vez había más agua en las arterias.
Entonces, quienes realizaban su habitual recorrido para ir a la escuela o a cumplir con su jornada laboral se vieron obligados a cambiar la trayectoria, y llegar más tarde de lo previsto.
El punto en común en todas las calles afectadas fue el color amarronado del agua, que reflejaba que no se trataba de agua de lluvia propiamente dicha, sino que por proceder de la zona rural fue cambiando su aspecto habitual. La calle paralela a las vías ubicada a la vera de la ruta 9 -camino a Tío Pujio- recibió miles de litros de agua que llegaba de los campos, transitando su pendiente natural.
Se empezó a acumular en La Calera, pero también avanzó en el Roque Sáenz Peña, y en el Centro Sur. Y también en un sector de Las Acacias.
Ese no fue el único sector afectado, ya que los desagües habilitados en la zona norte de la ciudad se vieron desbordados de agua y ya no cumplieron con su tarea, por lo que el agua empezó a transformar en ríos calles del Nicolás Avellaneda, San Martín y un sector de las 400 Viviendas, entre otros lugares afectados.
Clases suspendidas
Esa acumulación de agua, principalmente en la zona céntrica (zona del subnivel y calles Mitre, Sabattini, Rucci y hasta Mariano Moreno, entre otras) generó que el tránsito fuera perdiendo “ritmo” con el correr de los minutos.
Entonces cruzar por Mendoza, desde Mariano Moreno hasta Mitre, demandaba al menos 8 ó 10 minutos más de lo que habitualmente ocurre en horario pico, por citar sólo un ejemplo.
Y esa congestión en el tránsito, junto al impedimento de poder salir desde los barrios periféricos y trasladarse hasta el centro terminó influyendo en la decisión de las autoridades para suspender el ciclo lectivo en horario vespertino.
En un primer momento se dispuso que la medida alcanzara sólo a los niveles inicial y primario, pero luego se extendió al medio y hasta las universidades dejaron de dictar clases (incluso las casas de altos estudios suspendieron sus actividades administrativas).
Entonces el movimiento de autos y motocicletas disminuyó considerablemente pasadas las 13, y con la recomendación de evitar transitar por las calles, las tareas de prevención se focalizaron en los sectores más castigados.
Fueron varios los establecimientos educativos que decidieron, de antemano, no dictar clases por la mañana. El caso más emblemático fue de la escuela José Ingenieros.
Los desagües ubicados en el patio no cumplieron con su tarea, entonces el agua comenzó a acumularse y empezó a ingresar en las aulas, oficinas y el patio interno.
Docentes, quienes arribaron previo al inicio del dictado de clases, comenzaron con los trabajos de limpieza. No faltaron palos de piso y trapos para llevar adelante la limpieza, teniendo en cuenta que a esa hora del día se acondicionaba a la escuela para recibir a los alumnos del turno tarde. Luego, sobre el filo del mediodía, finalmente se dispuso suspender toda la actividad escolar y universitaria.
Una situación similar se observó en el Ipem 147 Manuel Anselmo Ocampo. “Con nuestro comité de crisis del MAO pusimos en orden la escuela y garantizamos las clases. Centro de estudiantes y colaboradores de siempre, incondicionales y comprometidos. Gracias por estar!!! Felicitaciones”, recalcó Marcelo Coppari, director del establecimiento.
Y así se replicaron en el resto de las escuelas afectadas. Según informaron desde la Municipalidad, sigue la suspensión de clases.
Daniel Brusa. Redacción Puntal Villa María
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Entonces, quienes realizaban su habitual recorrido para ir a la escuela o a cumplir con su jornada laboral se vieron obligados a cambiar la trayectoria, y llegar más tarde de lo previsto.
El punto en común en todas las calles afectadas fue el color amarronado del agua, que reflejaba que no se trataba de agua de lluvia propiamente dicha, sino que por proceder de la zona rural fue cambiando su aspecto habitual. La calle paralela a las vías ubicada a la vera de la ruta 9 -camino a Tío Pujio- recibió miles de litros de agua que llegaba de los campos, transitando su pendiente natural.
Se empezó a acumular en La Calera, pero también avanzó en el Roque Sáenz Peña, y en el Centro Sur. Y también en un sector de Las Acacias.
Ese no fue el único sector afectado, ya que los desagües habilitados en la zona norte de la ciudad se vieron desbordados de agua y ya no cumplieron con su tarea, por lo que el agua empezó a transformar en ríos calles del Nicolás Avellaneda, San Martín y un sector de las 400 Viviendas, entre otros lugares afectados.
Clases suspendidas
Esa acumulación de agua, principalmente en la zona céntrica (zona del subnivel y calles Mitre, Sabattini, Rucci y hasta Mariano Moreno, entre otras) generó que el tránsito fuera perdiendo “ritmo” con el correr de los minutos.
Entonces cruzar por Mendoza, desde Mariano Moreno hasta Mitre, demandaba al menos 8 ó 10 minutos más de lo que habitualmente ocurre en horario pico, por citar sólo un ejemplo.
Y esa congestión en el tránsito, junto al impedimento de poder salir desde los barrios periféricos y trasladarse hasta el centro terminó influyendo en la decisión de las autoridades para suspender el ciclo lectivo en horario vespertino.
En un primer momento se dispuso que la medida alcanzara sólo a los niveles inicial y primario, pero luego se extendió al medio y hasta las universidades dejaron de dictar clases (incluso las casas de altos estudios suspendieron sus actividades administrativas).
Entonces el movimiento de autos y motocicletas disminuyó considerablemente pasadas las 13, y con la recomendación de evitar transitar por las calles, las tareas de prevención se focalizaron en los sectores más castigados.
Fueron varios los establecimientos educativos que decidieron, de antemano, no dictar clases por la mañana. El caso más emblemático fue de la escuela José Ingenieros.
Los desagües ubicados en el patio no cumplieron con su tarea, entonces el agua comenzó a acumularse y empezó a ingresar en las aulas, oficinas y el patio interno.
Docentes, quienes arribaron previo al inicio del dictado de clases, comenzaron con los trabajos de limpieza. No faltaron palos de piso y trapos para llevar adelante la limpieza, teniendo en cuenta que a esa hora del día se acondicionaba a la escuela para recibir a los alumnos del turno tarde. Luego, sobre el filo del mediodía, finalmente se dispuso suspender toda la actividad escolar y universitaria.
Una situación similar se observó en el Ipem 147 Manuel Anselmo Ocampo. “Con nuestro comité de crisis del MAO pusimos en orden la escuela y garantizamos las clases. Centro de estudiantes y colaboradores de siempre, incondicionales y comprometidos. Gracias por estar!!! Felicitaciones”, recalcó Marcelo Coppari, director del establecimiento.
Y así se replicaron en el resto de las escuelas afectadas. Según informaron desde la Municipalidad, sigue la suspensión de clases.
Daniel Brusa. Redacción Puntal Villa María

