Acaso el género documental sea por definición la forma cinematográfica de la memoria. Y entonces, Javier Abinet ha empezado su carrera de la manera más contundente y posible. Porque su documental da testimonio, a su vez, de una luchadora por la memoria; su abuela Leonor Alonso; Abuela de Plaza de Mayo y, citando una vieja canción de Spinetta, “madre del dolor”.
Porque si algo caracterizó el rosario humano de Leonor sobre la tierra fue su lucha por los derechos humanos y su militancia “para no olvidar”. Y ahora, su nieto filma “la memoria de la memoria”. Algo así como documentar un sueño dentro de un sueño.
Lo cierto es que luego de estrenar “La nave del sueño mío” en una sala de Abuelas de Buenos Aires y tras un periplo que llevó al realizador por diversos lugares del país, Javier Abinet desembarcó la semana pasada en Villa María. Y mientras filmaba su segundo documental sobre la lucha sindical de los docentes argentinos (grabó testimonios en el búnker de Apuvim) presentó su “nave” en el Leonardo Favio. Y fue en un alto de su grabación, tuvo lugar esta entrevista.
Director naciendo
-¿Cómo nace la idea de hacer un documental sobre tu abuela siendo un músico?
-La cosa empezó hace cinco años ya. Resulta que, además de ser la mamá de mi papá, Leonor fue Abuela de Plaza de Mayo, militante por los derechos humanos, antropóloga, investigadora y artista plástica. A ella le desaparecieron una hija en tiempos de la Dictadura; mi tía. Y con la vuelta de la democracia decidió irse a vivir a La Rioja. Allá formó parte de un gremio de profesores y encontró a mi prima, Elena Gallinari Abinet la nieta número 27 que recobró la identidad y la primera de las recuperadas que nació en cautiverio. Lo cierto es que Leonor murió al poco tiempo y sus compañeros de gremio decidieron hacer un documental en su homenaje. Y yo, como miembro de la familia, fui entrevistado para dar testimonio. Así fue que nació todo.
-¿Por qué?
-Porque en un momento, aquel documental se pinchó por falta de fondos. Y entonces decidimos reflotarlo con mi familia. Yo no vengo del palo del cine, pero al trabajar en la Universidad Nacional de San Martín he colaborado como músico en muchos proyectos audiovisuales. Y me animé a dirigirlo.
-¿Y cómo continuaron?
-Buscamos compañeros e hicimos una tarea colectiva. A mí me tocó dirigir por una cuestión técnica. Y yo, que fui convocado para dar testimonio la primera vez, empecé a buscar otros testimonios después.
-¿Y cómo receptaste esos dichos sobre tu abuela?
-Mirá, cuando empecé el proyecto tenía 37 años y fue muy movilizador para mí. Supongo que todavía era joven y buscaba elementos familiares que me configurasen. Así que salieron un montón de temas, cámara mediante, que muchas veces no salen hablando directamente. Así que buscando reconstruir la vida de mi abuela, reconstruí mi vida también.
La hora de los gremios
-¿Y qué cosas recuperaste que hoy hacen a tu identidad?
-Por ejemplo lo que hoy soy, delegado de base en mi universidad. Supe que mi tía desaparecida era militante sindical docente y que mi abuela también lo fue. Uno empieza a ver la herencia y la sangre tratando de retomar ese compromiso. Me di cuenta que mi camino no nació sólo de mí, sino que ya estuvo trazado por una cuestión de familia y de lucha. Y lo mínimo que podemos hacer es mantener la memoria viva y el compromiso social con los que menos tienen. Fue lindo enterarme que uno honra esa antigua militancia cada día y que la salida es colectiva.
-¿Cómo es eso?
-Lo que estamos viviendo hoy en el país. Porque luego de presentar la película en diferentes gremios, entendí que los sindicatos son los que siguen manteniendo viva la memoria y la conciencia de lucha.
-¿Cuál es la importancia de los gremios hoy?
-Los gremios tienen un papel fundamental en los tiempos que corren. Porque este gobierno ha venido a terminar de destruir lo que no alcanzó a eliminar la dictadura. Pensá que más del 80 por ciento de los desaparecidos venían del movimiento sindical organizado. Y, hoy por hoy, hay una campaña de desprestigio sindical de parte del gobierno. Pero sabemos que sin gremios no habría vacaciones, ni aguinaldo, ni derechos. Si fuera por los que gobiernan, hoy laburaríamos 24 horas seguidas.
-¿Y por qué decís que este gobierno viene a terminar lo empezado por los militares?
-Porque hasta los políticos progresistas acusan a los gremios y sindicalistas y le hacen mala prensa. Pero la verdad es que nosotros no gobernamos. Por mi parte, yo veo todo lo contrario. Que las cosas se acomodan y que hay una evolución muy grande del sindicalismo argentino.
Por la justicia y la esperanza
-La película se presentó en el Festival de Cine Político de la Argentina ¿Qué significó para vos?
-Un grandísimo orgullo. Porque se presentaron más de 800 trabajos de todo el mundo y nosotros con una película de bajo presupuesto prácticamente casera, quedamos seleccionados entre las cien mejores. Un premio que no nos esperábamos para una película tan minimalista.
-¿Por qué decís casera y minimalista?
-Porque la película no tuvo otro apoyo económico que el de algunos gremios y también por su duración, de apenas 37 minutos. Eso se debe a que la imaginamos como material didáctico para ser proyectada en una hora cátedra de clase.
-¿Cuál es la reacción del público al salir de la sala?
-De muchísima emoción. Que los parientes de Leonor lloren, era de esperar. Pero quienes no la conocieron también se emocionan mucho. La película despierta lo que nosotros queremos; debate, preguntas y esperanza.
-¿A qué creés que se debe esa esperanza?
-A que ves la vida de una persona que estuvo presa, perdió a su hija, siguió luchando y encontró a su nieta. Eso trae un mensaje muy esperanzador. Hace cuarenta años que pasó lo que pasó en el país, pero aún estamos luchando por lo mismo. Por eso la importancia de la película aunque se pase en pequeños lugares, llegar a una instancia más personal; al “cara a cara” con la gente. Y esto va a contrapelo de la lógica de los medios. El documental genera un espacio de mirarse, de contarse y escuchar a otros compañeros. Esta película es un diálogo que no tiene fin.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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Lo cierto es que luego de estrenar “La nave del sueño mío” en una sala de Abuelas de Buenos Aires y tras un periplo que llevó al realizador por diversos lugares del país, Javier Abinet desembarcó la semana pasada en Villa María. Y mientras filmaba su segundo documental sobre la lucha sindical de los docentes argentinos (grabó testimonios en el búnker de Apuvim) presentó su “nave” en el Leonardo Favio. Y fue en un alto de su grabación, tuvo lugar esta entrevista.
Director naciendo
-¿Cómo nace la idea de hacer un documental sobre tu abuela siendo un músico?
-La cosa empezó hace cinco años ya. Resulta que, además de ser la mamá de mi papá, Leonor fue Abuela de Plaza de Mayo, militante por los derechos humanos, antropóloga, investigadora y artista plástica. A ella le desaparecieron una hija en tiempos de la Dictadura; mi tía. Y con la vuelta de la democracia decidió irse a vivir a La Rioja. Allá formó parte de un gremio de profesores y encontró a mi prima, Elena Gallinari Abinet la nieta número 27 que recobró la identidad y la primera de las recuperadas que nació en cautiverio. Lo cierto es que Leonor murió al poco tiempo y sus compañeros de gremio decidieron hacer un documental en su homenaje. Y yo, como miembro de la familia, fui entrevistado para dar testimonio. Así fue que nació todo.
-¿Por qué?
-Porque en un momento, aquel documental se pinchó por falta de fondos. Y entonces decidimos reflotarlo con mi familia. Yo no vengo del palo del cine, pero al trabajar en la Universidad Nacional de San Martín he colaborado como músico en muchos proyectos audiovisuales. Y me animé a dirigirlo.
-¿Y cómo continuaron?
-Buscamos compañeros e hicimos una tarea colectiva. A mí me tocó dirigir por una cuestión técnica. Y yo, que fui convocado para dar testimonio la primera vez, empecé a buscar otros testimonios después.
-¿Y cómo receptaste esos dichos sobre tu abuela?
-Mirá, cuando empecé el proyecto tenía 37 años y fue muy movilizador para mí. Supongo que todavía era joven y buscaba elementos familiares que me configurasen. Así que salieron un montón de temas, cámara mediante, que muchas veces no salen hablando directamente. Así que buscando reconstruir la vida de mi abuela, reconstruí mi vida también.
La hora de los gremios
-¿Y qué cosas recuperaste que hoy hacen a tu identidad?
-Por ejemplo lo que hoy soy, delegado de base en mi universidad. Supe que mi tía desaparecida era militante sindical docente y que mi abuela también lo fue. Uno empieza a ver la herencia y la sangre tratando de retomar ese compromiso. Me di cuenta que mi camino no nació sólo de mí, sino que ya estuvo trazado por una cuestión de familia y de lucha. Y lo mínimo que podemos hacer es mantener la memoria viva y el compromiso social con los que menos tienen. Fue lindo enterarme que uno honra esa antigua militancia cada día y que la salida es colectiva.
-¿Cómo es eso?
-Lo que estamos viviendo hoy en el país. Porque luego de presentar la película en diferentes gremios, entendí que los sindicatos son los que siguen manteniendo viva la memoria y la conciencia de lucha.
-¿Cuál es la importancia de los gremios hoy?
-Los gremios tienen un papel fundamental en los tiempos que corren. Porque este gobierno ha venido a terminar de destruir lo que no alcanzó a eliminar la dictadura. Pensá que más del 80 por ciento de los desaparecidos venían del movimiento sindical organizado. Y, hoy por hoy, hay una campaña de desprestigio sindical de parte del gobierno. Pero sabemos que sin gremios no habría vacaciones, ni aguinaldo, ni derechos. Si fuera por los que gobiernan, hoy laburaríamos 24 horas seguidas.
-¿Y por qué decís que este gobierno viene a terminar lo empezado por los militares?
-Porque hasta los políticos progresistas acusan a los gremios y sindicalistas y le hacen mala prensa. Pero la verdad es que nosotros no gobernamos. Por mi parte, yo veo todo lo contrario. Que las cosas se acomodan y que hay una evolución muy grande del sindicalismo argentino.
Por la justicia y la esperanza
-La película se presentó en el Festival de Cine Político de la Argentina ¿Qué significó para vos?
-Un grandísimo orgullo. Porque se presentaron más de 800 trabajos de todo el mundo y nosotros con una película de bajo presupuesto prácticamente casera, quedamos seleccionados entre las cien mejores. Un premio que no nos esperábamos para una película tan minimalista.
-¿Por qué decís casera y minimalista?
-Porque la película no tuvo otro apoyo económico que el de algunos gremios y también por su duración, de apenas 37 minutos. Eso se debe a que la imaginamos como material didáctico para ser proyectada en una hora cátedra de clase.
-¿Cuál es la reacción del público al salir de la sala?
-De muchísima emoción. Que los parientes de Leonor lloren, era de esperar. Pero quienes no la conocieron también se emocionan mucho. La película despierta lo que nosotros queremos; debate, preguntas y esperanza.
-¿A qué creés que se debe esa esperanza?
-A que ves la vida de una persona que estuvo presa, perdió a su hija, siguió luchando y encontró a su nieta. Eso trae un mensaje muy esperanzador. Hace cuarenta años que pasó lo que pasó en el país, pero aún estamos luchando por lo mismo. Por eso la importancia de la película aunque se pase en pequeños lugares, llegar a una instancia más personal; al “cara a cara” con la gente. Y esto va a contrapelo de la lógica de los medios. El documental genera un espacio de mirarse, de contarse y escuchar a otros compañeros. Esta película es un diálogo que no tiene fin.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

