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Regreso a clases... ¿en casa o en el aula?

Sin dudas que la escuela es el mejor lugar para transitar la infancia. Volver a sus rutinas escolares, relacionarse con sus pares, el contacto cara a cara con los maestros, son algunos de los motivos más importantes para que el niño vuelva a la presencialidad. Sin embargo, la realidad que nos rodea, sigue siendo una amenaza para que lo presencial se vuelva virtual.

Psicopedagoga Paola Ochoa (@imparare.psp)

Psicopedagoga Celeste Siebert (@imparare.psp)

Es indiscutible que la escuela es fundamental para el desarrollo y el bienestar de un sujeto, no sólo para la adquisición de conocimientos sino también para el fortalecimiento de aspectos emocionales y sociales.

Después de un largo periodo de confinamiento provocado por la crisis sanitaria de la COVID-19, que ha afectado a millones de estudiantes en todo el mundo, las instituciones educativas, que han tenido que hacer una transformación digital en tiempo récord, planifican su reapertura. La vuelta a la presencialidad busca promover la salud y el bienestar, además de los objetivos académicos.

¿En casa o en el aula?

Hay muchas cuestiones que se ponen en tela de juicio al momento de debatir acerca del regreso a clases. Podemos seguir sumando a ese debate y comenzar con una pregunta, que quizás, la han escuchado o se la han realizado ustedes mismos: ¿Es posible pensar una propuesta educativa en nuestros hogares?

La realidad, es que las condiciones tanto materiales como afectivas son muy heterogéneas en esta sociedad. Argentina, lamentablemente, está atravesada por la desigualdad en muchos aspectos. Y no sabemos si es posible la propuesta, lo que sí creemos es que es necesario.

La pandemia del Covid-19 llegó y se instaló para hacernos repensar, reajustar, y resignificar absolutamente todo. La escuela, es una institución que tiene mucho impacto en esta sociedad, tal impacto es el que a veces, no es valorado por muchas familias. Esta situación de impacto global, nos ha puesto en el lugar de revalorizar el legado y transmisión que tiene esta institución.

Para el sistema educativo ha sido todo un desafío repensar(se) en sus prácticas, se ha tenido que cambiar la metodología pedagógica en todo el país.

El nuevo formato para que el contenido escolar llegue a los estudiantes debe contar con elementos y herramientas específicas para llevarse a cabo. Herramientas, que no están al alcance de todos, y, por si fuera poco, en este último año han sufrido un gran aumento.

Pese a eso, el personal educativo, debió y debe sostener el vínculo, la enseñanza y el aprendizaje en contextos tan desiguales, sin el tiempo y el espacio de la institución escuela, y eso, con estas condiciones, implica nuevos y grandes desafíos. Los resultados que se alcanzaron durante el año anterior, fueron y van a ser, atravesados no solo por el contexto y las condiciones en las cuales los estudiantes viven, sino que se limitan, además, a los recursos tecnológicos que ellos poseen.

La virtualidad, nos acerca, nos encuentra y nos brinda posibilidades para continuar con formaciones tan necesarias, como la educativa. Pero, el recurso digital no está en todos los hogares. Y por más que el compromiso en mantener y sostener el vínculo y el acompañamiento tanto con los estudiantes como con las familias, por parte de los docentes, esté presente, esta brecha suele dejar consecuencias.

Todos los que debemos continuar con nuestras labores, formaciones, y diversas actividades a través de una pantalla, tenemos la experiencia de que en cierta forma cuesta sostener la atención durante un tiempo prolongado. Y, a veces, hay propuestas que por más que pongamos todo nuestro compromiso y esmero para traspasar la pantalla y lograr el objetivo, se nos pierde y se nos hace muy necesario tener al otro en presencia física. La virtualidad, si bien es una gran herramienta, no es suficiente para garantizar el aprendizaje y nada reemplaza el contacto con el docente, el trabajo en equipo y aprender con los compañeros. Es necesario que exista un equilibrio entre estas dos, ya que no todos pueden tener acceso al mundo virtual y no todos podrán asistir presencialmente a una institución educativa, sin embargo, juntas, se complementa.

Es cierto que, la virtualidad vino para quedarse y para brindarnos muchas oportunidades de encuentro con el otro, pero, se hace necesario regresar al aula de manera física, con el afecto, el acompañamiento, el sostén, las miradas y la escucha de manera presencial. Se hace necesario el estar con otro y otros. Las clases presenciales son fundamentales para la formación de las habilidades cognitivas, físicas y sociales de los niños.

Protocolo para una vuelta segura

La polémica que se ha creado por la puesta en marcha de varios protocolos de seguridad en menos de 24 horas para asistir a determinados eventos con una multitud de sujetos, no es algo a lo que debemos dejar pasar por alto. Si pudimos como sociedad generar el trabajo necesario y en equipo para crear semejante acta, debemos tenerla para juntar los recursos y las condiciones necesarias para que todos los estudiantes puedan volver a las escuelas.

Los colegios trabajan en la puesta a punto para garantizar una vuelta segura tanto para alumnos como para docentes y directivos. Está vigente un nuevo protocolo para la vuelta segura a las escuelas, garantizando medidas sanitarias y así prevenir la propagación del Covid-19. Estas medidas incluyen: señalización, distanciamiento entre bancos, ventilación, puestos sanitizantes, controles de temperatura, entre otras.

¿Serán combinadas las clases? ¿Presencial y virtual? ¿Más difícil que el año pasado? ¿Funcionará la duomodalidad? No lo sabemos. La puesta en práctica serán las encargadas de darnos estas respuestas tan inciertas en estos comienzos. Pero, lo que sí sabemos es que estamos más que preparados para enfrentar cualquier otro desafío que se nos presente. Porque la escuela es una herramienta social indispensable, que educa, crea lazos sociales, da refugio, orienta y contiene.