La muerte de un poeta deja siempre un hueco insalvable en la luna del arte y la cultura de una ciudad. Y desde anoche, en Villa María, habrá para siempre un cráter llamado Eduardo Cichy.
Poeta y narrador, escritor de teatro y editor independiente, actor y artesano, Eduardo había publicado en vida una veintena de libros. Sin embargo, había sido el género poético al que se consagró con mayor entusiasmo. “Algo posible”, “El ojo izquierdo”, “Como si todo fuera tan fácil”, “A la izquierda de la coma” y otros títulos engrosan una profusa lista.
También perteneció al grupo “Paco Urondo” junto a las poetas Susana Zazzetti, Susana Giraudo, Fabiana León y María Elena Tolosa, y los poetas Fernando de Zárate y Juan Seia, con quienes compartió, además, la antología “Arremolina”, publicada en 2007.
Cichy participó activamente de la vida cultural villamariense presentando libros, ciclos de poesía o siendo la voz de eventos como “Ciudad en llamas”, organizado por el grupo literario anteriormente citado.
Escritor y trabajador, Cichy llevó adelante durante algunos años una fotocopiadora en calle Tucumán, casi esquina San Martín, donde además funcionara su propia sello; Xion Ediciones. Pero en 2016 cambió de rubro y se volvió chofer de un remis.
Acaso no haya mejor réquiem para su alma que los últimos versos de un poema suyo, llamado “Instante previo”. Helos aquí:
“Cuando el límite de la vida sea estrecho,/y la muerte, negramente, se me instale,/ dame un poco de tu vapor de cielo/ y dejame respirar el viento de tus labios,/ para que cuando tenga mis pulmones llenos,/ pueda decir que te estoy tocando”.

