Carlos Romero es uno de los formadores de futbolistas más reconocidos de los últimos 30 años en el ámbito local.
El “Cholo” se recibió en la universidad de la calle, y forjó un estilo en Argentino. Es uno de los pocos capaces de sumar su experiencia como dirigente. “Si no habilitan los clubes, el 50% de los pibes de inferiores dejará el fútbol, y los clubes tendrán que cerrar sus puertas. Hay gastos fijos, y no hay ingresos. Hay pibes en la calle descuidados”.
Como DT, sus trabajos en campo tienen un sentido. “Cada labor debe tener un fundamento. El jugador de fútbol necesita pensar para marcar diferencia. Mientras más inteligente sea para jugar, jugará más simple, y en el fútbol lo más simple es lo más complejo”.
Remarcó que “el fútbol es un juego de pases. Nadie gana solo, ni pierde solo. Pero es preciso entenderlo, y prepararse para ganar, porque el resultado sólo interesa en primera división. La formación de un futbolista es primordial para que luego pueda ganar, pero no es primordial ganar para formar a un futbolista”.
Su carácter fuerte le hizo ganarse a varios enemigos. “Si gritar en un campo de juego es mi error, también es un error considerar que lo hago para maltratar a un chico. Es parte de formarle el carácter. De que entienda que en la vida no es todo fácil, y que cuando te enseñan a jugar al fútbol, no podés estar en las nubes, o hacer lo que se antoja. Para aprender, y se necesita entender, ser concentrado y ser inteligente. Nadie le quiere gritar a un chico para humillarlo, sino para que ese chico no se conforme con poco, porque cuando se conforman con poco, estás formando a mediocres, y eso es perder el tiempo. Hay que evitar la mediocridad para formar futbolistas”.
“Cholo” Romero insiste en que “un jugador con muchas condiciones puede perderse por creer que le sobra. Y un jugador medio pelo, puede llegar porque sabe que no le sobra nada. Me canso de ver a jugadores con condiciones que no llegaron, y veo que llegan muchos medio pelo porque con constancia, sacrificio, disciplina y esfuerzo al entrenar, personalidad, temperamento consiguieron los objetivos que al otro le faltaron”.
Frases con picardía para la historia
Remarcó que “me cargan porque siempre exigiendo al jugador le tiro alguna frase risueña. Al lento hay que hacerlo más rápido, y le digo: ‘Si corrés una carrera con un caracol, vos salís segundo’. Si no responde insisto: ‘Salís último en una carrera con una babosa y un caracol’. Por último le agrego a la tortuga. Siempre responden”.
Resalta que “al que no salta le pregunto si tiene el yeso puesto. Si no gambetea, le digo que tiene menos cintura que un pollo. Si patea despacio: ‘Tenés menos patada que una pila’. Los padres se enojan, pero el pibe que es futbolista se ríe, y en la siguiente pasada mejora. Ese carácter hay que formarlo, y al jugador hacerle entender que puede mejorar siempre”.
Reconoce que “es más difícil ahora que antes. Ahora el pibe está más contestatario, más rebelde para mal, o menos interesado en el fútbol. Los propios padres están más difíciles ahora”.
Ejemplificó que “en el colegio me partían un puntero en la cabeza y al llegar a casa era posible que me dieran una paliza o me retaran. Hoy si un maestro le grita al pibe, es probable que el padre y la madre vayan a esperar a la salida al maestro para decirle de todo”.
Indicó que “la sociedad ha cambiado. El fútbol es parte de la sociedad. Hoy es difícil sacarle un celular a un pibe, o está todo el tiempo jugando con la tecnología. Antes se jugaba con la pelota”.
Agregó que “en el vestuario están con el celular antes de entrar a la cancha. Así es difícil. Prefiero que se enojen conmigo, pero que saquen a relucir carácter. La exigencia lleva a mejorar al jugador”.
Los más queridos
Insistió en que “los jugadores con los que más encariñé son los que más gritos recibieron. Y creo que ellos me quieren por mis gritos, les encantaba hacerme renegar. Hoy los veo en la calle y me dicen ‘una vez me dijiste que era más lento que un caracol y una tortuga’”.
Estimó que “hace un par de años nos juntamos con una categoría y nos reíamos juntos. A los pocos días se enteraron otros, y en un asado me hicieron acordar de otras frases. Pasan tantas cosas lindas en el fútbol, que un reto es una caricia y un aprendizaje para un pibe”.
Señaló que “hoy ya tienen hijos, están casados, y mis dichos son famosos. Me gritan: ‘Cholo vos tenés menos reacción que una babosa’. Era para que atendieran, para que despertaran. En la cancha cuando entrás dormido, perdés. También en la vida, y no son todas caricias”.
Volver a jugar
Reflexionó: “La pandemia nos hará perder el 50% de jugadores de las inferiores. Van a abandonar el fútbol. El pibe está en otra, no entrena hace un año, y no nos dejan abrir las puertas de los clubes para contenerlos. La calle está llena de atractivos y peligros para ellos”.
Explicó que “los chicos que juegan al fútbol se cuidan para jugar mejor. Hoy no se cuidan, se duermen a cualquier hora, se cansan de jugar con el celular y están echados en una cama. Si salen es para encontrarse con algún amigo y allí aparecen todos los peligros”.
Explicó que “la mayoría de los pibes deja el fútbol porque se ponen de novios, o porque les gusta otro deporte, o porque no les gusta entrenar y cuidarse. Hoy los pibes están con sus novias, tienen otros deportes para practicar, y andan en la joda sin que nadie los contenga, sin horarios, sin escuela y sin un club con un DT, un PF o un AC que los cuide y los motive a entrenar. Así es difícil que vuelvan”.
Para cuando vuelva el fútbol, un formador como Carlos Romero defiende una idea que impulsan en Alemania. “Sería bueno implementarlo en Villa María. El objetivo es dotar de más técnica al jugador desde niño, y durante la formación de un futbolista”.
Agrega que “a los pibes de menos de 8 años, hacerlos jugar con un arquero y cuatro jugadores de campo. De 8 a 10 que jueguen 5 contra 5 jugadores campo. De 10 a 12 que jueguen 7 contra 7 jugadores de campo. De 12 a 14 años que jueguen 9 contra 9. Y a partir de los 15 años que jueguen en cancha de 11, pero siempre adecuando las medidas del campo de juego a la cantidad de jugadores”.
Para volver a jugar
Estimó que “no sirve que un pibe juegue en una cancha de baby a los 12, o en una grande a los 11 años. El espacio es enorme, y se aprende menos. En espacios reducidos el pibe aprende a entregar el balón con precisión, a zigzaguear, a encarar con gambeta corta, a tocar e ir a buscar, a conducir la pelota. Hoy vemos que en espacios grandes se dispara todo el tiempo y el juego pierde sentido y carece de técnica, porque se impone la fuerza y la velocidad. Y en espacios chicos se amontonan y se chocan pibes de 12 años en canchas de baby fútbol”.
Agregó que “hay que enriquecer el juego. Si los alemanes buscan mayor técnica es porque ellos tienen la fuerza y el físico por naturaleza. Nuestro fuerte en Argentina es la técnica, y la estamos perdiendo porque queremos apostar al físico. Nunca nuestro físico será como el de los alemanes o el de los africanos, pero si no defendemos la técnica en los trabajos de formación, vamos a perder lo mejor que tenemos, lo que nos identifica, y no le vamos a igualar su fortaleza física, porque está en su naturaleza”.
Por último dijo: “los sistemas no ganan partidos. No vas a ganar por jugar con 3 puntas. Vas a tener más chances si llegás con más gente a posición ofensiva, y replegándote con orden, respetando un estilo de juego, y un funcionamiento”.

