El "Gringo" caudillo de Ticino
José Luis Oggero es médico y futbolista. Es otro buen ejemplo de buen deportista que se formó en los clubes de nuestra Liga como hombre y le regaló a la sociedad un profesional con esos buenos valores que aprendió desde niño.
Hijo de Elvio, otro gran futbolista y persona, que durante muchos años fue capaz de luchar como dirigente y como técnico para que su pueblo tuviera fútbol y contención para esos locos bajitos que corrían detrás de una pelota en Ticino.
Su madre es “la señorita Amanda en el pueblo”: “Fue docente muchos años y es quien se tuvo que bancar junto con mi hermana María Alejandra las interminables charlas de fútbol con mi viejo. Hoy continúan y le toca bancárselas a mi señora, Laureana Bergese, aunque es hermana de Chelo, Gustavo y Javier, tres jugadores de fútbol. Está acostumbrada y mis hijas, María Paz (13) y Lola (5), tampoco tienen opción. Son hinchas de Belgrano, van a la cancha, pero la más grande ya se me hizo de Boca”.
Sostuvo: “Leí a varios compañeros y me parace bárbaro la idea de repasar lo que vivimos en diferentes equipos. La pasión por el fútbol es lo que nos atrapó, como dijeron Mauricio (Savino) y ‘Nacho’ (Negrini). Cuando pasa el tiempo te das cuenta, pero mientras tanto la pasión nos lleva a entrenar con fríos intensos en invierno, o de viajar tantos kilómetros como muchos chicos de Villa María hicieron siempre, o como los que estudiamos en Córdoba debíamos hacer para llegar los viernes a ganarnos un puesto. Fue un gran sacrificio, pero la pasión por el fútbol lo transforma en un placer enorme”.
Precisó: “El club creció mucho en los últimos años en todo sentido. El vestuario fue mejorando con los termotanques eléctricos, pero antes eran a leña y los que se bañaban primero lo hacían con agua caliente, pero los otros lo hacían con agua fría en invierno. A eso lo teníamos incorporado”.
Indicó: “No nos importaba, porque no veíamos la hora de ir a esos entrenamientos; muchas veces, crueles en invierno. Pasión no puede faltar. Entrenar con una helada te resfriaba o engripaba, pero el domingo se jugaba igual”.
El fútbol divino
Oggero comparte con Ignacio Negrini que se puede estudiar y jugar. “Nos conocimos en primer año. Nacho jugaba en Talleres y yo jugaba con su hermano Leo en Ticino. Nos tocó cursar juntos en segundo año en Córdoba y lo invité a jugar en Ticino, porque no le habían dado el pase y estaba desilusionado con el fútbol”.
Explicó: “Por suerte lo convencí, porque no sólo lleve a un gran refuerzo para el equipo, sino que también hice un amigo para toda la vida. Hemos pasado momentos hermosos con el fútbol, y seguimos jugando juntos en la Afuco y compartiendo la vida”.
Remarcó: “En el pueblo saben lo que significó ese primer título que ganamos en enero de 2005 ante Alem. Esos jugadores logramos lo que muchas generaciones habían batallado durante años por conseguir en Ticino. No les quito méritos a los títulos que se consiguieron después, porque son igual de importantes, pero esa cancha explotada con todo el pueblo ilusionado con dar su primera vuelta olímpica fue único, imborrable”.
Destacó: “Ese día todo el pueblo estuvo en la cancha, incluso el cura. Aunque en realidad Juan Pablo Cravero siempre iba a vernos, iba a todas las canchas”.
Detalló: “Estuvo en el vestuario y en el asado durante los festejos. Inseparable de ese grupo era el cura. Hoy lo veo en el consultorio, porque Juan Pablo Cravero es mi paciente, pero fue hincha fiel”.
Cuando le recordamos que en los festejos de los goles el cura se cayó de un acoplado que especialmente habían agregado como tribunas improvisadas, Oggero dijo: “No lo sabía, pobre Juan Pablo. Ya le voy a preguntar. Sabía todo el pueblo que el triunfo ante Alem significaba lograr el sueño de toda la vida y los acoplados estaban colmados de gente llorando”.
Recalcó: “El cura nos acompañó siempre. Ese plantel rico logró el sueño, pero antes, cuando no ganábamos, Juan Pablo siempre estuvo. Incluso una vez le pedimos que bendijera un arco en el que no podíamos hacer goles”.
Resaltó: “Estuvo en las buenas y en las malas. Con Jorge Molina y Rogelio Negrini teníamos equipos que jugaban bien. En un torneo no podíamos hacer goles en un arco. La bendición hizo que se abriera ese arco y festejamos”.
“San Coco” bautista
Se dice que un apodo es como un nuevo bautismo, porque es el nombre que te marca para siempre. Por ejemplo: en Ticino, Mauricio Savino es Rapetti, por un famoso corte de pelo. Oggero estimó: “Varios son los que en el pueblo llevan de por vida los apodos que les puso ‘Coco’ Crespo. Era nuestro DT en las inferiores y a todos nos ponía un apodo. Era un especialista en bautizarnos. Un santo y un maestro fue el Coco”.
Indicó: “Es muy divertido Mauri (Savino). Cuando contó que gritó el gol de ‘Nacho’ Negrini en la semifinal con Rivadavia, y no lo podían sacar de adentro de la cancha, fue real. Fue un gol sobre la hora, que nos abrió la posibilidad de ir a un suplementario que ganamos y por eso llegamos a la final. Ese gol de Nacho fue de cabeza, y no es habitual que él haga goles de cabeza, porque su talento con los pies le permitió hacer muchos goles, pero no tantos de cabeza y menos en un córner. Un milagro. No sé si fue su bautismo de goles de cabeza (risas)”.
Su historia nace como arquero
José Luis Oggero jugó en Atlético Ticino, también reforzó a Defensores de Arroyo Cabral y a Alumni en torneos superiores y completó su carrera en San Lorenzo de Las Perdices y 9 de Julio de Pasco.
Lo que pocos deben saber es que empezó atajando en Malvinas Argentinas. “El DT era Walter Gómez y los padres de la categoría 79 se turnaban para ir a buscarnos a ‘Patín’ Ponce y a mí desde Ticino. Yo fui arquero durante un año”.
Manifestó: “Recién con ‘Araña’ Escudero en Municipal de Las Perdices en el baby y en Atlético Ticino en inferiores jugué como volante central. Me llevaban a comer a sus casas en Las Perdices. Aprendí a invitar a dormir a mi casa a los refuerzos que venían de Villa María”.
De su infancia resaltó: “Era salir de la escuela e irme a jugar al fútbol. Teníamos jornada completa en la escuela, entrábamos a las 8 y salíamos a las 17”.
Mencionó: “En los pueblos los picados eran en un terreno baldío en una esquina y terminaban cuando la noche no permitía ver más la pelota, o cuando nuestras madres nos iban a buscar”.
Estimó: “En la Escuela Arturo Capdevila, por la tarde teníamos actividades extra aúlicas, pero a la salida continuaban con el fútbol”.
Señaló: “Mi papá siempre fue un apasionado del fútbol. Anoche se acordaba los refuerzos que llevó a Ticino cuando fue DT en 1988. Él las hizo a todas en el club, vivía en el club, y dejaba cada segundo que le sobraba a su vida. Muchas veces hasta les compró vendas o remedios a los jugadores, prendía el calefón, pintaba la cancha y fue delegado”.
Remarcó: “De chico viajé para jugar en el baby y desde que empecé a estudiar en Córdoba mis viajes se hicieron permanentes. En Alumni viajaba los jueves, me volvía a Córdoba y regresaba los viernes. Estaban Santoni, los Miranda, Ferrer y grandes jugadores. Concentrábamos viernes y sábado”.
Subrayó: “Había semanas que superé los mil kilómetros en el colectivo. Por eso siempre digo que aprobé materias arriba del colectivo, aprovechando los viajes para estudiar. Jugar al fútbol te quitaba tiempo para estudiar. Había que aprovechar esos viajes”.
Tras recibirse se especializó. “Soy gastroenterólogo y endoscopista. No trabajo con Covid-19, pero la pandemia aumentó la demanda. Los problemas gástricos muchas veces obedecen al estrés y quizás esa sea la causa del aumento de consultas en Bockus”.
Explicó: “Trabajé en el Hospital Pasteur, también en Córdoba, Chile y Colombia. Tuve que priorizar y elegí vivir en Villa Nueva. En Córdoba se complica por las distancias. En Villa María se simplifica, están los amigos y la calidad de vida te permite trabajar mejor”.