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"El sistema está fallando"

Capitanelli recordó que "los padres comían e iban a la cancha juntos, aun en Embalse"

Recalcó: “Todo vale en el fútbol y veo que en el baby enseñan a demorar, a atarse los cordones cuando va ganando. Prefiero que aprendan a sacar un lateral y a pegarle con las dos piernas, antes de ganar un campeonato”.

Mauro Capitanelli indicó: “A los trofeos los tengo llenos de telarañas. Están oxidados. Las anécdotas y las vivencias del fútbol son únicas, pero no siempre pasan por una vuelta olímpica”.

Agregó: “En la Copa Villa María tuve la suerte de salir campeón con la clase 2007. Por lograr un resultado, dejé sin jugar a dos chicos. Me quedó un sabor muy amargo, porque esos dos chicos siguen jugando conmigo, y otros que fueron campeones se fueron”.

Resaltó: “¿De qué me sirvió ganar ese trofeo? ¿De qué le sirvió a Silvio Pellico ser campeón? Más allá de la alegría, lo sacrificado fue mucho”.

Aclaró: “Todos jugamos para ganar, pero los trofeos se oxidan. Tenemos ganas de continuar un camino que construimos junto a Juan Maidana, y hay que ajustar algunas cosas”.

Señaló: “Mi esposa es la hermana de un compañero de inferiores (Lucas Fernández), que es un gran amigo y hoy es mi familiar. Soy padrino de su hija y él es padrino de mi hijo. Eso es lo que te deja el fútbol”.

Acotó: “El afecto con ese grupo de la clase ‘81 de Alem sigue intacto. Nos juntamos y la pasamos bien. Nuestros padres se juntaban antes de ir a la cancha, comíamos juntos todos los sábados, y partíamos en caravana para ver a todas las categorías de Alem. Eso no se olvida nunca más, no se pierde”.

Precisó: “En el baby jugué en All Boys con Jorge Alamo. El último año nos dirigió Marcelo Alamo, que fue mi DT en Alem, donde esa clase ‘82 ganó todos los torneos de la Liga desde novena a cuarta”.

Destacó: “Tengo ese récord en la Liga junto a mis compañeros de categoría, pero no me conoce nadie como jugador de primera”.

Explicó: “Debuté a los 15 años en Alem y me retiré a los 22 sin pena ni gloria. Me hizo debutar Miguel Montes y tuve como DT a los hermanos Jorge y Marcelo Alamo, a Carlos Romero, a Ismael Etrat, a Jorge Peñaloza, a Carlos Suárez, y me vino a buscar Mario Requena para jugar en River en 2003. Entrené, jugué 3 partidos, pero no me dio el cuero y le dije que ya no podía ponerme a punto físicamente. Tenía un hijo y me levantaba a las 5 para ir a laburar”.

Su esposa María José y sus 3 hijos futbolistas: Ramiro, Tomás e Ignacio “me acompañan siempre. En Silvio Pellico ahora, pero siempre están a mi lado, como lo hicieron mis padres René y Nora. Dormían en carpas en Embalse donde ganamos varios Provinciales, colaboraban con la dirigencia, incluso con la cuarta de Suárez, Ortiz, Agosto, Basualdo, Pedernera... Ahora el sistema está fallando y es fácil dejar el fútbol para los chicos”.

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