Deportes | fútbol | personas | juego

Rubén Rossi: "Fuimos más campeones en el juego que campeones del mundo"

Así define el santafesino la gesta conseguida hace 41 años con el título juvenil sub-20, el primero de los siete que tiene la Argentina hasta el momento. Maradona, Menotti, la dictadura y mucho más.

Escuchar hoy a Rubén Rossi hablar de fútbol causa muchísimo placer. No sólo es uno de los formadores más reconocidos que tiene la Argentina, sino que lleva el juego a una dimensión artístico-cultural súper interesante.

Un claro menottista, Rossi fue uno de los baluartes del equipo que se consagró en Japón 1979, el que no sólo tenía a Maradona y a Ramon Díaz, sino también a un gran plantel que hizo historia, que quedó en la memoria colectiva del futbolero y que a la distancia se recuerda bien presente.

Mucho por hablar, muchas temáticas, no sólo del equipo en sí, sino también el legado que dejó y la manera de respetar el juego, de hacerlo lindo y de que esa forma trascienda algo tan importante como era ser campeón del mundo sub-20 por primera vez.

“Lo primero que se me viene a la cabeza fue lo que dijo alguna vez Milan Kundera (escritor checo), que decía que existen en las personas una memoria poética, que tiene que ver con algo que nos quedó grabado en el corazón y donde los números no llegan. Fue importante por eso, porque fuimos más campeones en el juego que campeones del mundo y siempre se me viene a la cabeza el final del partido cuando se apagan las luces en el Estadio Nacional de Tokio con más de 50 mil personas y dos reflectores nos empiezan a iluminar con los colores de la bandera argentina mientras dábamos la vuelta olímpica. Eso fue lo que más me quedó grabado y emocionó, más allá de que siempre recuerdo a mis padres que en ese momento los tenía a los dos y que disfrutaron como locos de aquella gesta deportiva, que fue una luz en una noche de oscuridad que vivía nuestro país”.

-Se lo preguntarán siempre, pero ¿qué era ver entrenar y jugar a ese Maradona?

-Días atrás me pidieron que escriba sobre él un diario de Noruega y lo que más destaqué fue su aspecto humano, lo que era Diego como persona, como compañero, como amigo dentro de la cancha, nunca lo escuché tener un reproche para nadie, un mal gesto o un mal modo. Al contrario, siempre estaba alentando a sus compañeros, invitándolos a que jueguen y ayudándolos en los errores, siendo el primero a la hora de entrenar y el último a la hora de terminar. Eso es lo que yo más rescato porque lo otro, ese talento natural y genial que tuvo, fue desde la cuna, de sus padres y pudo desparramarlo a través de la historia para convertirlo en una de las cinco coronas más grandes que tiene el fútbol a nivel mundial. Y en ese estado puro y juvenil, casi salvaje o silvestre, o espontáneo, fue para mí la mayor exposición del talento de un jugador que representaba fielmente las raíces del viejo y querido fútbol argentino.

-Cómo formador, ¿cuál es el ABC de la formación de jugadores y jugadoras?

-Fundamentalmente mi idea y mi metodología siempre han sido absolutamente humanísticas. Es decir, yo no creo mucho en esto de la tecnología o el modernismo porque siempre consideré el fútbol como una de las ramas de las artes, entendido como es la danza a la expresión corporal. Y desde ese lugar, si nosotros tomamos las actividades artísticas como son la literatura o el teatro, se siguen aprendiendo y enseñando como hace 2.000 años. Para mí la base de todo está en el conocimiento del juego, en el aprendizaje del mismo. El niño aprende con la tarea y el rol de los ayudadores es crear el ambiente, la escenografía para que el niño pueda jugar a la pelota. Si aprende pasa a una etapa de juvenil, que es la conceptualización, en la que ya necesita de un formador que lo posicione y lo ubique dentro de la cancha. El último paso es la especialización dentro del futbol profesional. Cuando esa pirámide de formación se da vuelta y los que van a trabajar al fútbol infantil son entrenadores, la formación deja de tener la idoneidad que se necesita para llegar a que los jugadores puedan formarse de la mejor manera y aspirar a jugar en el fútbol de elite.

-En tiempo de la antinomia Menotti-Bilardo, ¿considera que la periferia contribuyó a que esa grieta se profundice?

-Yo no hablo de personas. No hablo ni de Menotti ni de Bilardo, hablo de ideas. Que nada tiene que ver con las personas, porque es fácil agraviar a las personas o descalificarlas y a mí no me interesa, sí hablo de ideas. Si tomamos en cuenta que las dos últimas revoluciones que hubo en la historia del fútbol mundial como fueron Arrigo Sacchi con el Milan y Guardiola con el Barcelona y ambos dicen que se sustentaron en las ideas futbolísticas de Menotti, quiere decir que estamos en presencia de un entrenador brillante que ha superado todos los límites. A tal punto que César lo dejó afuera a Maradona del Mundial 78 y, sin embargo, cuando se le pregunta a Diego cuál fue su mejor entrenador, y con palabras de él, te dice que fue Menotti.

Yo no creo en esas antinomias porque no existen, todos quieren ganar. Lo que pasa es que nosotros consideramos desde nuestro lugar que lo hacemos porque somos los mejores, porque jugamos mejor, porque representamos algo, a un barrio, a una manera de ser. Yo jugando en la selección representé a mi barrio, a Barranquitas de Santa Fe y, a pesar de todo lo que significó ese logro, yo seguía jugando con Menotti dentro del orden, pero con el mismo espíritu que jugaba en la canchita del puente. Eso mismo hicieron mis compañeros y nada mejor que tratar de jugar mejor, divertir, quedar en la memoria de la gente para tratar de arañar la gloria que es mucho más importante que tratar de obtener éxito.

-Hablaba recién de la noche oscura en alusión a la dictadura militar, ¿cómo evalúa hoy todo eso que vivían?

-Con el correr de los años fue tristísimo. Yo una vez dije que si pudiera devolver la medalla para salvar una vida, no tengo duda que lo hubiera hecho. Nosotros éramos simples futbolistas y en una noche oscura que vivíamos tuvimos la suerte de poder brindarle una sonrisa a la gente y eso para mí ya ha sido un mérito suficiente y no permite que me olvide que cuando llegamos a la Argentina nos utilizaron. Pero bueno, todo se tiene que ver en el contexto histórico y no se puede hacer un revisionismo sin tomar en cuenta el momento que se vivía.