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¿Qué resta para este 2021?: inflación, actividad económica, empleo y dólar

Tres economistas dan su mirada sobre lo que resta del año, entre las urnas y la pandemia

Fernando Marengo (izquierda), José Simonella (centro) y David Miazzo (derecha)

 

Queda poco almanaque de 2021 por delante, pero no por eso los desafíos y las variables económicas a seguir de cerca son marginales. Por el contrario, en un contexto electoral y de pandemia, en medio de una crisis que al menos extiende sus raíces hasta 2018, el cuatrimestre final promete intensidad, y pese a la llegada de la primavera, escasos brotes verdes.

Inflación, empleo, actividad económica, dólar e ingresos son algunas de las principales preocupaciones que hoy aparecen no sólo para los especialistas como relevantes, sino para buena parte de la población. La combinación de la crisis sanitaria y la económica puso contra las cuerdas al grueso de los argentinos que espera algo de alivio en los próximos meses. ¿Llegará?

Para ir revelando algunas pistas, tres destacados economistas analizaron para Puntal el escenario actual y su proyección, siempre haciendo la salvedad del horizonte con urnas y el contexto de pandemia. Especialmente este último hace el terreno barroso y limita fuertemente las proyecciones.

De todos modos, Fernando Marengo, de Arriazu Macroanalistas; José Simonella, presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba, y David Miazzo, economista jefe de Fundación Fada, coinciden en algunos puntos: los tres creen que el pico inflacionario del año pasó en el primer semestre, pero advierten que el nivel no bajará demasiado y estiman que rondará el 2,5 o 3 por ciento mensual. También consideran que eso luego podría volver a subir por una combinación de vuelta a la emisión monetaria en los últimos dos meses y medio, tarifas congeladas artificiamente y dólar subiendo 2 puntos por debajo de la inflación. Eso, aseguran, no es viable de sostener en el tiempo. Pero seguramente no habrá novedades de movimientos en ese plano hasta después de las elecciones del 14 de noviembre.

También aseguran que más allá de esa reducción en la tasa inflacionaria, los ingresos de la población cerrarán otro año con derrota frente a los precios. Será el cuarto año consecutivo. Y eso apaga la posibilidad de que el consumo interno pueda repuntar, porque hay que agregarle además cierto deterioro en las fuentes laborales.

“Es una economía que está lanzada en un año electoral, y el ajuste que llevó adelante el Ministerio de Economía entre octubre y mayo ya se ve que en junio y julio se aflojó de manea fuerte en pos de maximizar el caudal de votos para las elecciones. Eso se traduce en mayor gasto público, más déficit y el problema de cómo financiarlo. En ese marco, los DEG que llegaron del FMI sólo sirven para repagar la deuda con el organismo en septiembre y diciembre”, indicó Marengo.

Para Miazzo, la inflación se ubicará en torno al 48% al terminar el año y asegura que para eso las tarifas se frenaron, el dólar oficial también y sumó allí también a los combustibles que se mantuvieron en calma en los últimos meses. “Ayuda que en el primer semestre se calmó mucho la emisión monetaria para financiar al tesoro. Algo que en junio cambió y por eso tenemos más de $700 mil millones de impresos, lo que se profundizará en estos meses que quedan del año. La relativa tranquilidad de la emisión marca ahora el ritmo inflacionario. Pero todo eso va a comenzar a presionar después de las elecciones. Todo lo que no se devaluó, tiene un límite; y lo mismo ocurre con tarifas y combustibles. Así como está no se puede seguir porque no hay cómo financiarlo. Entonces, algún ajuste deberá hacer luego de las elecciones para los 2 años que quedan de gestión”, indicó el economista de Fada.

Simonella coincide, pero es más crítico con respecto al escenario de precios: “No soy optimista respecto a la inflación porque la causa que es el exceso de gasto público financiado con emisión no va a reducirse y en este segundo semestre será importante por el proceso electoral. Siempre hay un delay entre la emisión y la inflación. Por eso en estos momentos se advierte una desaceleración por el freno a la emisión de arranques de año. Pero como en junio eso se revirtió, es posible que hacia comienzos del año próximo vuelva a repuntar”, indicó el presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la provincia.

¿Llega la primavera?

Lo cierto es que esa desaceleración de los precios, el ingreso de algunos tramos paritarios y la inyección de recursos por parte del Gobierno llevan a algunos economistas a imaginar una “primavera” económica de algunos meses. “Hay una serie de factores por los cuales puede haber sensación de primavera. La primera es que cualquier indicador contra el año pasado, cuando la economía estaba cerrada, nos dará un resultado positivo importante. Yendo al mes a mes, hay factores que ayudan como los precios internacionales que, aunque bajan, siguen siendo buenos; el mundo crece y demanda productos; y un Gobierno gastando y poniendo plata. Todo eso genera algún tipo de mejora por el lado de la demanda, del poder de compra. Pero a su vez, ese impulso genera desequilibrio porque la emisión de pesos para cubrir el déficit presiona al mercado de cambios y al Banco Central y sus reservas”, indicó Marengo.

En esa línea, Miazzo destacó que “puede haber algunos brotes verdes motorizados en muchos casos por sectores que se benefician de la brecha como puede ser la industria automotriz, la construcción o la maquinaria agrícola. Que son resultado de la desconfianza en el peso. Y además está el campo, con los buenos precios internacionales; al tiempo que esperamos que la próxima campaña no tenga mal clima. Pero sólo, no va a alcanzar para empujar”, advirtió.

Con respecto a la posible recuperación de estos meses venideros, Simonella coincidió en que “puede haber mejoras transitorias en el consumo, por un bono a jubilados o los anunciados préstamos a monotributistas. Eso será dinero que se inyecta, pero de manera puntual. Cuando pase, volverá a caer. La única forma de recuperar el consumo es mejorar el salario real y para eso los ingresos le deben ganar a la inflación. Para que eso sea posible tiene que mejorar la productividad de los trabajadores y eso se alcanza con más inversión, y hoy no tenemos inversión”, alertó.

Marengo recordó que “si uno agarra del 2011 en adelante, los años impares fueron de crecimiento y los pares de caída. Y eso está asociado al ciclo electoral. Y eso pasa porque hay un gasto adicional en los impares, y al año siguiente se debe ajustar. Y no creo que esta sea la excepción”, afirmó el economista de Arriazu. Y agregó: “Hasta noviembre no va a pasar nada. Argentina tiene tiempo hasta marzo para lograr un acuerdo con el FMI porque ahí hay un vencimiento grande y se suma una cuota con el Club de París. Entre ambos suman US$ 5 mil millones, que son impagables. Y el FMI va a pedir que se baje el déficit porque no hay cómo financiarlo, que se ajusten tarifas porque si no hay que importar gas y no hay con qué, lo mismo con los precios máximos”.

Miazzo, por su parte, apuntó que no cree “que haya un torniquete abrupto. Pero sí algún ajuste de tarifas, de combustibles y el tipo de cambio no seguirá perdiendo terreno, lo llevarán con la inflación. Y eso implica algún punto adicional de inflación para el arranque de 2022. No veo al Gobierno aceptando un programa muy riguroso por parte del FMI. Pero sí por lo menos deberá no seguir profundizando los desequilibrios. Imagino que hará sólo lo suficiente para ganar aire hasta 2023”.

Por su parte, Simonella cree que “a partir de las elecciones se abrirá un espacio para que el Gobierno avance en un acuerdo con el FMI y uno quiere creer que lo están haciendo. De lo contrario estaríamos al límite, porque la opción es el dafault”. Para el presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, el motor de la economía argentina es “el campo, que este año fue el gran generador de divisas, que permitió que más allá del regalo del FMI, generó un superávit de 8 mil millones de dólares que le vino muy bien al Gobierno para hacerse de divisas y llegar con cierta tranquilidad a las elecciones”, indicó. De todos modos, el titular del CPCE sugirió seguir de cerca el clima en los próximos meses: “Si tenemos la mala suerte de tener una Niña importante, hay que ver qué otro motor hay para generar divisas en el país. Porque minería no arrancó, auto todavía no rebotó lo suficiente y la industria tiene buenas y malas”, dijo.

Por eso el consumo es clave. Pero las perspectivas parecen sembrar más dudas: “El salario real está muy deteriorado y si lo comparamos con enero de 2018, está 20% abajo tomando el último dato de junio. Es muy significativo. Mientras que el país no logre construir confianza en el futuro para generar inversiones y eso en más producción y empleo, no será posible aumentar salarios en forma genuina”, advirtió Miazzo.

Y Simonella completó: “La inflación puede ceder un poco pero no lo suficiente como para que los salarios reales puedan recuperar su poder de compra. A fin de año, los ingresos reales de los trabajadores habrán perdido un año más frente a la inflación. Es decir, los salarios van a quedar atrás de los del año anterior en capacidad de compra, que a su vez estaban atrás de los del año previo y que también estaban atrás del anterior”, finalizó el presidente del CPCE.