Mayor apretón monetario y más freno al dólar fueron las dos píldoras que el Banco Central anunció el jueves, de apuro y tras conocerse el elevado índice inflacionario de febrero, para intentar poner calma a los precios y a los mercados luego de dos semanas de nerviosismo.
“El plan llegar”, como lo definió hace algunas semanas el ex titular del Banco Nación y economista afín al Gobierno de Mauricio Macri, Carlos Melconian, volvió a anunciar la misma medicina que hasta aquí no logró consolidar la calma, aunque ahora aplicará una mayor dosis.
Rápidamente desde los sectores productivos encendieron alarmas. Más apretón con el congelamiento de la base monetaria hasta fin de año implica una jugada arriesgada para la economía real, toda vez que viene atravesando un proceso de fuerte recesión y con esta medicina difícilmente el escenario pueda cambiar su tendencia. Vale recordar que el presidente de la Unión Industrial de Córdoba, Marcelo Uribarren, dijo días atrás que la caída de producción que sufren las fábricas aún no tuvo traducción en el empleo, al afirmar que la industria “resiste los despidos todo lo que más puede, pero eso no durará mucho tiempo más”, alertó el dirigente de Villa María.
Allí la pregunta entonces es qué pasará con el mercado laboral con esta profundización del apretón monetario y una actividad económica que no encuentra un motor que traccione. El Gobierno intenta calmar el nerviosismo, pero con el riesgo de que la tranquilidad se parezca a la de los cementerios.
Si algo quiso mostrar el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, que fue el hombre que emergió desde el Gobierno luego del informe inflacionario del Indec, fue contundencia. La gestión de Mauricio Macri necesita imperiosamente que le crean lo que dice, tal vez por aquella vieja máxima de las facultades de Economía que asegura que un plan rudimentario pero creíble puede ser exitoso, mientras que un gran plan pero sin la suficiente confianza por parte de los agentes económicos va camino al fracaso. Fuera de estas opciones, hay economistas que creen que el Gobierno no tiene un plan integral y que eso es lo que está debilitando su posición frente a las variables volátiles que muestra la Argentina. Dentro de este último grupo se encuentra el presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, José Simonella, quien reclama “un plan integral para contener la inflación”. El economista remarcó que “la suba de precios tiene un origen monetario, pero en la Argentina también responde a otras variables y una central son las expectativas. Si el Gobierno no logra cortar con eso va a ser muy difícil. Sólo con lo monetario no alcanza para contener la inflación”, afirmó, con los resultados del congelamiento de la base monetaria aplicada por Sandleris el día que asumió.
Pero no sólo el valor general de la inflación de febrero (3,8%) es preocupante, sino en particular el acumulado de los últimos 12 meses que trepó al 51,3%. Es el valor más alto en casi tres décadas. Pero a su vez, cuando se observa el relevamiento por sectores, el de alimentos y bebidas alcanza el 58,3% en 12 meses. Y si se repasa lo que ocurrió con algunos elementos de la canasta básica alimentaria la situación se agrava. En el caso de la harina, en un año y medio aumentó 200%; los fideos secos, 126% y el pan y el arroz, 100%, siempre según los datos del organismo de estadísticas y censos. Son apenas cuatro elementos, pero centrales en la dieta de amplios sectores de la población, de los más humildes, que destinan proporcionalmente más recursos a su alimentación. Se les podría agregar la carne, que en febrero dio un salto significativo. Cómo claramente sus ingresos no pudieron acompañar el movimiento de precios, hay fundamentos sólidos para imaginar que la pobreza seguirá aumentando en el país. El jueves 28 se conocerá ese dato cuando el Indec publique el informe correspondiente a la situación social de diciembre.
“Las expectativas a corto plazo no son auspiciosas. El cronograma de aumentos en las tarifas de servicios públicos viene bien cargado hasta mayo, a lo que se agrega el posible impacto de las renovadas tensiones cambiarias (el tipo de cambio se depreció un 12% desde febrero) y algunas subas estacionales relevantes. Todo ello le pone un piso alto a la inflación, acaso con un 3% de mínima para los próximos meses”, remarcó el último informe de Management & Fit.
Habrá que poner un ojo también en el tipo de cambio, inestable en las últimas semanas y clave para explicar la escalada inflacionaria del cierre de 2018 y comienzos de este año. Por eso Sandleris dejó claro que la banda de movimiento del dólar tendrá un recorte para darle menos margen. Y además, según explicaron, buscarán que la cotización se ubique siempre cerca del límite inferior.
Por otra parte, el Gobierno confía en el aporte de dólares del campo para robustecer esa estrategia, con una cosecha que será récord. A lo que le suma un saldo comercial favorable, fruto de la devaluación y la abrupta caída de las importaciones. Después llegará octubre y las elecciones. Y allí se jugará su futuro político, que dependerá mucho de la economía.
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Rápidamente desde los sectores productivos encendieron alarmas. Más apretón con el congelamiento de la base monetaria hasta fin de año implica una jugada arriesgada para la economía real, toda vez que viene atravesando un proceso de fuerte recesión y con esta medicina difícilmente el escenario pueda cambiar su tendencia. Vale recordar que el presidente de la Unión Industrial de Córdoba, Marcelo Uribarren, dijo días atrás que la caída de producción que sufren las fábricas aún no tuvo traducción en el empleo, al afirmar que la industria “resiste los despidos todo lo que más puede, pero eso no durará mucho tiempo más”, alertó el dirigente de Villa María.
Allí la pregunta entonces es qué pasará con el mercado laboral con esta profundización del apretón monetario y una actividad económica que no encuentra un motor que traccione. El Gobierno intenta calmar el nerviosismo, pero con el riesgo de que la tranquilidad se parezca a la de los cementerios.
Si algo quiso mostrar el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, que fue el hombre que emergió desde el Gobierno luego del informe inflacionario del Indec, fue contundencia. La gestión de Mauricio Macri necesita imperiosamente que le crean lo que dice, tal vez por aquella vieja máxima de las facultades de Economía que asegura que un plan rudimentario pero creíble puede ser exitoso, mientras que un gran plan pero sin la suficiente confianza por parte de los agentes económicos va camino al fracaso. Fuera de estas opciones, hay economistas que creen que el Gobierno no tiene un plan integral y que eso es lo que está debilitando su posición frente a las variables volátiles que muestra la Argentina. Dentro de este último grupo se encuentra el presidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, José Simonella, quien reclama “un plan integral para contener la inflación”. El economista remarcó que “la suba de precios tiene un origen monetario, pero en la Argentina también responde a otras variables y una central son las expectativas. Si el Gobierno no logra cortar con eso va a ser muy difícil. Sólo con lo monetario no alcanza para contener la inflación”, afirmó, con los resultados del congelamiento de la base monetaria aplicada por Sandleris el día que asumió.
Pero no sólo el valor general de la inflación de febrero (3,8%) es preocupante, sino en particular el acumulado de los últimos 12 meses que trepó al 51,3%. Es el valor más alto en casi tres décadas. Pero a su vez, cuando se observa el relevamiento por sectores, el de alimentos y bebidas alcanza el 58,3% en 12 meses. Y si se repasa lo que ocurrió con algunos elementos de la canasta básica alimentaria la situación se agrava. En el caso de la harina, en un año y medio aumentó 200%; los fideos secos, 126% y el pan y el arroz, 100%, siempre según los datos del organismo de estadísticas y censos. Son apenas cuatro elementos, pero centrales en la dieta de amplios sectores de la población, de los más humildes, que destinan proporcionalmente más recursos a su alimentación. Se les podría agregar la carne, que en febrero dio un salto significativo. Cómo claramente sus ingresos no pudieron acompañar el movimiento de precios, hay fundamentos sólidos para imaginar que la pobreza seguirá aumentando en el país. El jueves 28 se conocerá ese dato cuando el Indec publique el informe correspondiente a la situación social de diciembre.
“Las expectativas a corto plazo no son auspiciosas. El cronograma de aumentos en las tarifas de servicios públicos viene bien cargado hasta mayo, a lo que se agrega el posible impacto de las renovadas tensiones cambiarias (el tipo de cambio se depreció un 12% desde febrero) y algunas subas estacionales relevantes. Todo ello le pone un piso alto a la inflación, acaso con un 3% de mínima para los próximos meses”, remarcó el último informe de Management & Fit.
Habrá que poner un ojo también en el tipo de cambio, inestable en las últimas semanas y clave para explicar la escalada inflacionaria del cierre de 2018 y comienzos de este año. Por eso Sandleris dejó claro que la banda de movimiento del dólar tendrá un recorte para darle menos margen. Y además, según explicaron, buscarán que la cotización se ubique siempre cerca del límite inferior.
Por otra parte, el Gobierno confía en el aporte de dólares del campo para robustecer esa estrategia, con una cosecha que será récord. A lo que le suma un saldo comercial favorable, fruto de la devaluación y la abrupta caída de las importaciones. Después llegará octubre y las elecciones. Y allí se jugará su futuro político, que dependerá mucho de la economía.

