El futbolista radicó una denuncia policial y pidió respuestas urgentes por la falta de custodia durante y después del encuentro.
Romero aseguró que la primera agresión ocurrió en la zona de vestuarios, apenas finalizado el partido.
“Estábamos bañándonos algunos de los chicos cuando integrantes del otro equipo nos estaban esperando afuera”, contó.
Al salir, se encontraron con una pelea ya desatada y sin presencia suficiente de seguridad para intervenir. “Solo había un policía, que llegó último”, relató.
En medio del tumulto, uno de sus compañeros sufrió una fractura tras recibir el impacto de una camilla. Fue atendido en el lugar y posteriormente trasladado al hospital.
La situación se agravó cuando el plantel abandonó el estadio para regresar a Córdoba. Según Romero, el equipo viajó escoltado únicamente por un dirigente y un efectivo policial.
En el primer semáforo, dos motociclistas se acercaron y arrojaron objetos metálicos contra el vehículo en el que viajaban los jugadores. “Rompieron la luneta y dieron en el parante del auto. Por suerte fue solo el vidrio”, describió. Los atacantes huyeron inmediatamente.
El mediocampista expresó la sensación de total indefensión que vivieron durante el trayecto:
“Estábamos solos, en medio de la nada, sin custodia, sin nada.”
Y advirtió que el episodio pudo haber terminado en tragedia: “Si ese fierro le pegaba en la cabeza a alguno, hoy estaríamos contando otra historia”.
Romero explicó que decidió hacer la denuncia para que se investigue lo sucedido y se eviten nuevos ataques.
“Como ciudadano, cuando te pasa algo tenés que denunciar. Dejamos asentado todo para que esto no vuelva a ocurrir”, concluyó.