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Córdoba, uno de los destinos fuertes de las inversiones chinas en cerdos

El tema volvió a instalarse con fuerza esta semana en las redes sociales a partir de las críticas de ecologistas. El proyecto se inició en la provincia, se expuso ante el gobernador en enero y ahora está en análisis en Cancillería

A poco de comenzar el año y cuando la noticia de la pandemia mundial aún se desconocía, llegó una primera noticia sobre una posible mega inversión china por 27 mil millones de dólares para producir cerdos en Argentina, lo que iba a permitir un crecimiento en la cantidad de cabezas de las 6 millones actuales, a 100 millones. Eso iba a permitir alcanzar un nivel de exportaciones de 20 mil millones de dólares.

Aquella noticia fue después potenciada cuando Cancillería dio a conocer avances en una tratativa con capitales chinos que asociados a productores locales iba a permitir un fuerte crecimiento del sector en el país. Incluso el propio ministro de asuntos exteriores, Felipe Solá, difundió algunas potencialidades del acuerdo a través de su cuenta de tuiter.

Lo cierto es que esto en la semana levantó polémica, especialmente a través de las redes sociales en donde hubo interesantes intercambios entre quienes denuncian ese posible desembarco de capitales chinos por sus efectos nocivos en lo ambiental, laboral y social, y quienes lo ven como una oportunidad para potenciar la producción nacional e incrementar el agregado de valor, el empleo y la generación de divisas desde el interior.

Las discrepancias fueron abordadas en un interesante panel convocado por la ONG Eco House que convocó a asesores de granjas porcinas, representantes de productores, biólogos, una representante de la Cancillería y una periodista especializada en temas de alimentación. También había sido confirmado el ministro de Ambiente de la Nación, Juan Cabandié, pero finalmente no acudió a la cita y tampoco hizo llegar las explicaciones del caso.

Casi 5 mil personas se sumaron a una charla realizada vía zoom pero subida a un canal de Youtube.

Juan Uccelli, asesor y especialista en producción porcina es ingeniero zootecnista y fue el encargado de mostrar el lado positivo de una iniciativa de estas características. “Lo primero que hay que decir es que no hay nada firmado y remarcar que China tiene un problema porque les falta producción de cerdos para cubrir la demanda de su población. El faltante es de unas 20 millones de toneladas de las cuales Argentina podría cubrir 900 mil”, destacó el experto.

Luego, Uccelli, remarcó que el proyecto se expresaría en distintos puntos del interior productivo y beneficiaría a regiones que tienen abundancia de soja y maíz y no les es conveniente sacarla al puerto. Todo esto, claro, está basado en una condición de cuidado del medio ambiente”, aseguró.

El asesor de granjas porcinas detalló luego que sólo se emplearía un 3% del exedente de maíz y el 1% del de la soja. Para Uccelli, no hay dudas en que “esto es una gran oportunidad para la Argentina”.

En cambio, para el biólogo e investigador del Conicet, Guillermo Folguera, hay un riesgo “enorme” en este proyecto y destacó que “experiencias similares en Freirina -a unos 30 kilómetros al oeste de Vallenar, Chile- muestran el desastre que está por delante”.

Folguera indicó que “hay muchos casos similares en nuestro país como el sistema agroindustrial en general y su paquete tecnológico que comenzó a aplicarse en los ‘90, los emprendimientos megamineros, lo del litio, los hidrocarburos, la pesca, la predación forestal, entre otros. Esto va en esa línea”, destacó.

El biólogo remarcó además que “es cierto que necesitamos empleo, pero hay que romper estas lógicas e ir en otra dirección. Esto fue lo que nos trajo hasta acá. Tenemos que apostar por producciones alternativas, fomentar pequeños y medianos productores y no estos megaemprendimientos que homogeinizan en vez de diversificar. La riqueza está en la diversificación de la producción porque trae más beneficios sociales”, afirmó.

Silvia Vázquez es la directora de Asuntos Ambientales de Cancillería y rápidamente aclaró en el panel que aún no hay un acuerdo firmado y que no se conocen los detalles del proyecto chino. La funcionaria, fundadora del Partido Verde, remarcó sí que es necesario “prevenir y tener una actitud precautoria para que no nos ocurra lo que vimos en otros lugares”. Y puso como ejemplo el caso español en el que, según remarcó, “se puso como prioridad la conveniencia económica y efectivamente generaron divisas, pero al mismo tiempo se fueron provocando conflictos ambientales con denuncias no sólo de ecologistas, sino también por temas de salud pública, quejas de poblaciones cercanas a las megagranjas, filtraciones con riesgo para los recursos de agua potable y estrés hídrico”, puntualizó. Y alertó: “Es claramente insuficiente analizar esto sólo desde lo económico”.

Alejandro Lamacchia fue la voz de los productores de cerdos porque encabeza la Asociación de Productores Porcinos de Provincia de Buenos Aires y se encargó de destacar que “esto puede ser tan positivo como negativo. Y por eso confiamos en la capacidad de quienes tienen la responsabilidad de firmar este tipo de acuerdos para que sea una oportunidad para el país”. Pero a renglón seguido, Lamacchia remarcó que “una granja no es un campo de concentración. Es un lugar en el que se impone la bioseguridad, se fomenta el bienestar animal, el cuidado del ambiente y hay una fuerte inversión en tecnología con la que además de carne, se produce gas y hasta electricidad”. Y disparó: “Lo que veo mal es que la ideología supere a la ciencia en este debate”.

Soledad Barruti era la otra integrante del panel convocado por Eco House. Es periodista especializada en alimentación y fue una de las que recalentó la polémica en los últimos días por su contundente rechazo a las megagranjas. “La pregunta acá es si esto se puede realizar bien; es decir, hacer producción a gran escala sin impactos negativos. Y la verdad es que no”, enfatizó.

Para Barruti, “las granjas a gran escala son un problema para la humanidad, y está claro que el agronegocio con los modos en que lo conocemos no solucionó el hambre en el mundo ni mucho menos”. Y luego agregó: “No sólo vamos a exportar carne de este modo, sino millones de litros de agua que es algo que no se dice porque por kilo de cerdo se invierten 6 mil litros de agua”, indicó.

Folguera reforzó la crítica destacando además que “acá hay que remarcar que hablamos de maltrato animal, del territorio y de las personas. Estamos en medio de una pandemia zoonótica y parece que nada ocurriera y se alimentan este tipo de megaproyectos”.

Lamacchia retornó la idea de que esta “puede ser una gran oportunidad para un país que está golpeado fuerte por la crisis. Hablamos de trabajo, dignidad, producción de carne, gas, electricidad, generación de divisas. Y hablamos de una producción sustentable en la que el cuidado animal es clave, y estamos además supervisados por Senasa e Inta”, explicó. Y luego disparó: “Hablar del campo desde el cemento es muy fácil para algunos”.

Sin embargo, Barruti volvió sobre el concepto de que “no es inocua ni inocente esta producción. Y no se podría compartir su desarrollo a no ser que uno sea parte del negocio”.

Por último, Uccelli se encargó de recordar que “las granjas se manejan con bioseguridad para sostener su estatus sanitario porque reciben periódicos controles de Senasa. Pero además, para ser habilitadas se necesita de un estudio de impacto ambiental. No es como muchos piensan y algunos dice”, enfatizó el asesor del sector porcino.

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