El Programa de Salud Preventiva que lleva adelante la Municipalidad de Hernando desde hace 3 años tiene impacto en más de 300 estudiantes de manera anual, tanto de nivel primario como medio, abordando problemáticas de actualidad, muchas de ellas en una jornada-taller de la que participan también padres de los niños.
La propuesta, creada por Eugenia Monetti e implementada desde el año 2017, se afianza en cuatro ejes centrales: alimentación; embarazo, violencia y abuso; adicciones; y medioambiente. Aunque este último “por una cuestión de urgencia social está relegado a un tercer plano, además porque tenemos un área que se dedica exclusivamente a eso”, destacó la propia Monetti en diálogo con PUNTAL VILLA MARÍA.
Y remarcó que en la actualidad la iniciativa se focaliza “en lo que es prevención del abuso, violencia y embarazo, y adicciones, fundamentalmente. Normalmente hacemos rondas de talleres invitando a las instituciones locales, entre ellas a dos escuelas rurales de nivel primario, que pertenecen al ejido urbano”. El programa comprende justamente rondas de talleres que incluyen visitas a las instituciones educativas en el marco de una programación o planificación anual, aunque si surge alguna demanda específica de alguna escuela, “asistimos sin problemas”.
La última participación fue con dos escuelas rurales, que ya tienen un proyecto de educación sexual integral transversal a toda la currícula “y dos días a la semana trabajan juntas, porque hay muy pocos nenes en ambas. Entonces visitamos a una de ellas y desarrollamos un taller específico sobre sexualidad, emociones y demás, donde participaron no sólo niños, sino también familias”.
Monetti explicó que la comunidad educativa de ambos establecimientos “es pequeña, y con contextos y realidades socioeconómicas muy diferentes entre sí, lo que no es un detalle menor a la hora de trabajar. Con ellos compartimos otra realidad, distinta a la que se vive en la ciudad”.
Sobre el tratamiento que realizan del programa, aclaró que se diferencia según el nivel de educación (primaria o secundaria). “En el nivel medio, por ejemplo, hacemos más foco en lo que es prevención de la violencia en el noviazgo adolescente, como una cuestión de prevención de la violencia de género en general, y hacemos consejería de educación sexual”, dijo.
Diferencia de conceptos
Abordada sobre la forma que utilizan para que los conceptos sean receptados por los niños de manera clara, Monetti indicó que apelan a la utilización de recursos lúdicos y didácticos, “poniéndonos en su lugar, a la altura de su edad, de las cuestiones que ellos ven y conviven a diario, ya sea con los juegos que comparten en la escuela, o los cuidados que tenemos cuando vamos al baño”, y citó como ejemplo “el contacto físico, cuáles son los secretos buenos y los malos, cuáles son las partes íntimas que tapamos y debemos cuidar y cuales no, y que están a la vista y que si nos tocan no nos molestan”.
La jornada de capacitación apunta también a dejar bien marcado los ejes de la educación sexual, “sobre todo en los papás, que suelen tener resistencia a hablar de estos temas. La educación sexual no está relacionada al sexo específicamente, sino que es mucho más amplio y abordamos cuestiones emocionales ligadas a la sexualidad en general”, indicó, y reconoció que en las escuelas rurales “hay realidades difíciles, también es un trabajo de docencia para y con los papás, porque muchos de ellos no tuvieron acceso a la educación, entonces van paralelamente a sus hijos”.
Monetti insistió en que “siempre tratamos de que los chicos tengan la voz de la actividad, y a partir de ahí vamos planteando la temática, pero siempre escuchando su comentario o inquietud puntual. También abordamos los derechos del niño, sobre todo vinculados a la violencia, a la no explotación, no abuso, no trabajo infantil. Son transversales, y siempre están presentes”.
En su tercer año de formación, son más de 300 los chicos alcanzados por la propuesta, que se realiza de manera conjunta con los establecimientos. Igualmente, la entrevistada aclaró que a las instituciones se les realiza una invitación a participar: “Normalmente la mayoría lo hace, salvo algunas que no se suman por la época del año o por algún proyecto institucional”.
En otro pasaje de la charla, Monetti reconoció que los chicos “tienen muy incorporado en su lenguaje diario el concepto abuso y violencia, pero sin saber realmente el significado o el alcance. Por ahí en una discusión por una merienda, ellos dicen que es violencia de género, o al revés, quizás alguien que toma un útil de otro sin pedir permiso, hablan de abuso”.
Ante ello, “lo que hacemos es marcar bien esas diferencias, porque sino tergiversamos mucho la gravedad de las situaciones cuando son reales. Y pierden importancia porque lo estamos visibilizando a diario, y los chicos tienen mucha información pero no siempre es buena, o de calidad. Entonces tienden a hablar en estos términos como si supieran, y no es así. Entonces hay que hacer foco en eso, en diferenciar situaciones”.
Daniel Brusa. Redacción Puntal Villa María
Comentá esta nota
Y remarcó que en la actualidad la iniciativa se focaliza “en lo que es prevención del abuso, violencia y embarazo, y adicciones, fundamentalmente. Normalmente hacemos rondas de talleres invitando a las instituciones locales, entre ellas a dos escuelas rurales de nivel primario, que pertenecen al ejido urbano”. El programa comprende justamente rondas de talleres que incluyen visitas a las instituciones educativas en el marco de una programación o planificación anual, aunque si surge alguna demanda específica de alguna escuela, “asistimos sin problemas”.
La última participación fue con dos escuelas rurales, que ya tienen un proyecto de educación sexual integral transversal a toda la currícula “y dos días a la semana trabajan juntas, porque hay muy pocos nenes en ambas. Entonces visitamos a una de ellas y desarrollamos un taller específico sobre sexualidad, emociones y demás, donde participaron no sólo niños, sino también familias”.
Monetti explicó que la comunidad educativa de ambos establecimientos “es pequeña, y con contextos y realidades socioeconómicas muy diferentes entre sí, lo que no es un detalle menor a la hora de trabajar. Con ellos compartimos otra realidad, distinta a la que se vive en la ciudad”.
Sobre el tratamiento que realizan del programa, aclaró que se diferencia según el nivel de educación (primaria o secundaria). “En el nivel medio, por ejemplo, hacemos más foco en lo que es prevención de la violencia en el noviazgo adolescente, como una cuestión de prevención de la violencia de género en general, y hacemos consejería de educación sexual”, dijo.
Diferencia de conceptos
Abordada sobre la forma que utilizan para que los conceptos sean receptados por los niños de manera clara, Monetti indicó que apelan a la utilización de recursos lúdicos y didácticos, “poniéndonos en su lugar, a la altura de su edad, de las cuestiones que ellos ven y conviven a diario, ya sea con los juegos que comparten en la escuela, o los cuidados que tenemos cuando vamos al baño”, y citó como ejemplo “el contacto físico, cuáles son los secretos buenos y los malos, cuáles son las partes íntimas que tapamos y debemos cuidar y cuales no, y que están a la vista y que si nos tocan no nos molestan”.
La jornada de capacitación apunta también a dejar bien marcado los ejes de la educación sexual, “sobre todo en los papás, que suelen tener resistencia a hablar de estos temas. La educación sexual no está relacionada al sexo específicamente, sino que es mucho más amplio y abordamos cuestiones emocionales ligadas a la sexualidad en general”, indicó, y reconoció que en las escuelas rurales “hay realidades difíciles, también es un trabajo de docencia para y con los papás, porque muchos de ellos no tuvieron acceso a la educación, entonces van paralelamente a sus hijos”.
Monetti insistió en que “siempre tratamos de que los chicos tengan la voz de la actividad, y a partir de ahí vamos planteando la temática, pero siempre escuchando su comentario o inquietud puntual. También abordamos los derechos del niño, sobre todo vinculados a la violencia, a la no explotación, no abuso, no trabajo infantil. Son transversales, y siempre están presentes”.
En su tercer año de formación, son más de 300 los chicos alcanzados por la propuesta, que se realiza de manera conjunta con los establecimientos. Igualmente, la entrevistada aclaró que a las instituciones se les realiza una invitación a participar: “Normalmente la mayoría lo hace, salvo algunas que no se suman por la época del año o por algún proyecto institucional”.
En otro pasaje de la charla, Monetti reconoció que los chicos “tienen muy incorporado en su lenguaje diario el concepto abuso y violencia, pero sin saber realmente el significado o el alcance. Por ahí en una discusión por una merienda, ellos dicen que es violencia de género, o al revés, quizás alguien que toma un útil de otro sin pedir permiso, hablan de abuso”.
Ante ello, “lo que hacemos es marcar bien esas diferencias, porque sino tergiversamos mucho la gravedad de las situaciones cuando son reales. Y pierden importancia porque lo estamos visibilizando a diario, y los chicos tienen mucha información pero no siempre es buena, o de calidad. Entonces tienden a hablar en estos términos como si supieran, y no es así. Entonces hay que hacer foco en eso, en diferenciar situaciones”.
Daniel Brusa. Redacción Puntal Villa María

