Alberto Bustamante es el vicario general de la Diócesis de Villa María.
Es un hombre con una enorme capacidad de análisis en cuyas palabras concurren desde el profeta Amós al escritor uruguayo Eduardo Galeano.
En diálogo con este diario, admitió que miran “con una gran preocupación” la falta “de un crecimiento que permita distribuir con mayor equidad la riqueza”. Y también apuntó que “la deuda social en términos de falta de desarrollo social y de inclusión social es una gran deuda del proceso democrático”.
“Miramos con una gran preocupación no sólo por los índices de la coyuntura en el tema de pobreza, exclusión, temas vinculados también a lo educativo, a la falta de trabajo, a la falta de un desarrollo sostenido en el país y de un crecimiento que permita distribuir con mayor equidad la riqueza. Uno mira con preocupación la persistencia en distintos niveles de esta realidad a lo largo del proceso democrático. La deuda social en términos de falta de desarrollo social y de inclusión social es una gran deuda del proceso democrático, de algún modo heredado, pero que no ha logrado los acuerdos necesarios entre los distintos sectores sociales responsables en todos los ámbitos”, describió. Ésto en referencia a acuerdos “que permitan ir a las raíces y tomar decisiones de políticas activas que permanezcan en el tiempo y que de una manera sostenida vayan revirtiendo esta realidad”.
Ante la pregunta sobre por qué esos consensos no se lograron, Bustamante describió: “Creo que Argentina tiene el problema de una mirada antinómica histórica, de una mirada maniquea, de creer que todos los buenos están de un lado y todos los malos del otro. Creo que eso atentó contra esta posibilidad de tener acuerdos. Siempre en todo acuerdo el de- safío es sostener las diferencias pero acordar en aquellas realidades importantes y fundamentales, y aquí se ve el acuerdo muchas veces como claudicación, en lugar de decir, esta mirada más amplia, este corazón generoso, esta inteligencia más abierta entiende que para que todos nos podamos de-sarrollar es necesario resignar algunas cosas que tienen que ver con mi sector. Entonces todos quieren que las cosas se modifiquen pero nadie quiere que le toquen su realidad, para que siga permaneciendo como está”.
Consideró que esa postura es la que atenta contra posibles acuerdos. También advirtió que “uno no es ingenuo y sabe de los condicionamientos internacionales, sabe de los actores en un mundo cada vez más globalizado, que tiene que ver con lo transnacional, con el capital financiero, que tiene que ver con toda una macroeconomía y un montón de variables que afectan en el desarrollo de pueblos y naciones y modificó profundamente la idea de Estado Nación, de independencia económica, de soberanía nacional”.
Afirmó que “no desconoce esta contextualización que afecta y que impacta en las decisiones de los Estados Nación y en la definición de sus políticas públicas para el desarrollo de sus propios países”, pero aclaró que eso no habilita a pensar que el mundo conspira contra Argentina. “De ahí a pasar a creer que lo que nos pasa es por ser víctimas de conspiraciones internacionales y que pareciera que nosotros no tenemos nada que ver, creo que esa es otra como cultura instalada, como mentalidad en Argentina: que somos víctimas de conspiraciones internacionales. Ésto atenta también hasta que seamos capaces de decir con humildad que estamos como estamos porque somos como somos”.
Y diferenció la realidad local de la de otros países de América latina “más pequeños y con menos riqueza, que pudieron demostrar que, aún en este escenario tan complejo, es posible desarrollar con inteligencia políticas que no consoliden, como ha consolidado Argentina, estos niveles de pobreza”.
Situación que, según indicó, en el último tiempo “no sólo que no se resolvió sino que se profundizó, y se extendió a niveles de una clase media que se ha ido empobreciendo”. Advirtió: “Pero creo que si nos quedamos con la foto del hoy y decimos el problema de Argentina se generó en estos últimos tres años y medio nos equivocamos. Primero somos corresponsables, no hay ningún sector político, social ni religioso o académico de Argentina que pueda decir que no tiene nada que ver con lo que nos pasa”.
En ese punto, recordó un texto del profeta Amós que “en nombre de Dios hace una crítica despiadada a la dirigencia política y religiosa de Israel y les dice que están apoltronados en lechos de marfil mientras su pueblo pasa hambre”. Es un texto que tiene 2.750 años. Y agregó: “Creo que nos viene muy bien a los argentinos para convencernos que ni siquiera hemos inventado la corrupción”. Y volvió a las palabras del profeta que cuando le advierte a la dirigencia de ese tiempo que “van a pagar las consecuencias, y se los dice en un momento de cierta opulencia de la historia social, política de Israel, y el profeta vislumbra que eso los iba a llevar a la destrucción y les dice que se va a acabar lo que llama la orgía de los libertinos”.
“Argentina vive una orgía de los libertinos, de aquellos que instalados en la tierra prometida de sus salarios opulentos, de su bienestar, de cierto hedonismo descomprometido y superficial le siguen diciendo al pueblo: caminen por el desierto que ya van a llegar a donde ellos ya llegaron. Eso es un escándalo. Y creo que es parte del problema”, puntualizó.
Un vicario general
“Un vicario general es un sacerdote a quien se le asigna el oficio de colaborar más directamente en el, se dice así, pastoreo de una Diócesis y tiene por oficio las mismas potestades que el obispo, con algunas excepciones que el Código de Derecho reserva para el obispo diocesano, a los fines de ayudar a eso, al pastoreo de una Diócesis, y otras cosas que hacen a la vida cotidiana de la Iglesia”, explicó en relación con su tarea.
Mariana Corradini. Redacción Puntal
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En diálogo con este diario, admitió que miran “con una gran preocupación” la falta “de un crecimiento que permita distribuir con mayor equidad la riqueza”. Y también apuntó que “la deuda social en términos de falta de desarrollo social y de inclusión social es una gran deuda del proceso democrático”.
“Miramos con una gran preocupación no sólo por los índices de la coyuntura en el tema de pobreza, exclusión, temas vinculados también a lo educativo, a la falta de trabajo, a la falta de un desarrollo sostenido en el país y de un crecimiento que permita distribuir con mayor equidad la riqueza. Uno mira con preocupación la persistencia en distintos niveles de esta realidad a lo largo del proceso democrático. La deuda social en términos de falta de desarrollo social y de inclusión social es una gran deuda del proceso democrático, de algún modo heredado, pero que no ha logrado los acuerdos necesarios entre los distintos sectores sociales responsables en todos los ámbitos”, describió. Ésto en referencia a acuerdos “que permitan ir a las raíces y tomar decisiones de políticas activas que permanezcan en el tiempo y que de una manera sostenida vayan revirtiendo esta realidad”.
Ante la pregunta sobre por qué esos consensos no se lograron, Bustamante describió: “Creo que Argentina tiene el problema de una mirada antinómica histórica, de una mirada maniquea, de creer que todos los buenos están de un lado y todos los malos del otro. Creo que eso atentó contra esta posibilidad de tener acuerdos. Siempre en todo acuerdo el de- safío es sostener las diferencias pero acordar en aquellas realidades importantes y fundamentales, y aquí se ve el acuerdo muchas veces como claudicación, en lugar de decir, esta mirada más amplia, este corazón generoso, esta inteligencia más abierta entiende que para que todos nos podamos de-sarrollar es necesario resignar algunas cosas que tienen que ver con mi sector. Entonces todos quieren que las cosas se modifiquen pero nadie quiere que le toquen su realidad, para que siga permaneciendo como está”.
Consideró que esa postura es la que atenta contra posibles acuerdos. También advirtió que “uno no es ingenuo y sabe de los condicionamientos internacionales, sabe de los actores en un mundo cada vez más globalizado, que tiene que ver con lo transnacional, con el capital financiero, que tiene que ver con toda una macroeconomía y un montón de variables que afectan en el desarrollo de pueblos y naciones y modificó profundamente la idea de Estado Nación, de independencia económica, de soberanía nacional”.
Afirmó que “no desconoce esta contextualización que afecta y que impacta en las decisiones de los Estados Nación y en la definición de sus políticas públicas para el desarrollo de sus propios países”, pero aclaró que eso no habilita a pensar que el mundo conspira contra Argentina. “De ahí a pasar a creer que lo que nos pasa es por ser víctimas de conspiraciones internacionales y que pareciera que nosotros no tenemos nada que ver, creo que esa es otra como cultura instalada, como mentalidad en Argentina: que somos víctimas de conspiraciones internacionales. Ésto atenta también hasta que seamos capaces de decir con humildad que estamos como estamos porque somos como somos”.
Y diferenció la realidad local de la de otros países de América latina “más pequeños y con menos riqueza, que pudieron demostrar que, aún en este escenario tan complejo, es posible desarrollar con inteligencia políticas que no consoliden, como ha consolidado Argentina, estos niveles de pobreza”.
Situación que, según indicó, en el último tiempo “no sólo que no se resolvió sino que se profundizó, y se extendió a niveles de una clase media que se ha ido empobreciendo”. Advirtió: “Pero creo que si nos quedamos con la foto del hoy y decimos el problema de Argentina se generó en estos últimos tres años y medio nos equivocamos. Primero somos corresponsables, no hay ningún sector político, social ni religioso o académico de Argentina que pueda decir que no tiene nada que ver con lo que nos pasa”.
En ese punto, recordó un texto del profeta Amós que “en nombre de Dios hace una crítica despiadada a la dirigencia política y religiosa de Israel y les dice que están apoltronados en lechos de marfil mientras su pueblo pasa hambre”. Es un texto que tiene 2.750 años. Y agregó: “Creo que nos viene muy bien a los argentinos para convencernos que ni siquiera hemos inventado la corrupción”. Y volvió a las palabras del profeta que cuando le advierte a la dirigencia de ese tiempo que “van a pagar las consecuencias, y se los dice en un momento de cierta opulencia de la historia social, política de Israel, y el profeta vislumbra que eso los iba a llevar a la destrucción y les dice que se va a acabar lo que llama la orgía de los libertinos”.
“Argentina vive una orgía de los libertinos, de aquellos que instalados en la tierra prometida de sus salarios opulentos, de su bienestar, de cierto hedonismo descomprometido y superficial le siguen diciendo al pueblo: caminen por el desierto que ya van a llegar a donde ellos ya llegaron. Eso es un escándalo. Y creo que es parte del problema”, puntualizó.
Un vicario general
“Un vicario general es un sacerdote a quien se le asigna el oficio de colaborar más directamente en el, se dice así, pastoreo de una Diócesis y tiene por oficio las mismas potestades que el obispo, con algunas excepciones que el Código de Derecho reserva para el obispo diocesano, a los fines de ayudar a eso, al pastoreo de una Diócesis, y otras cosas que hacen a la vida cotidiana de la Iglesia”, explicó en relación con su tarea.
Mariana Corradini. Redacción Puntal

