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"Los matafuegos estaban vacíos y no funcionaban", dijo la joven víctima del incendio

Aylen Peralta logró salvar a sus hijos, aunque las llamas arrasaron con todas sus pertenencias. Se había mudado en enero y sostuvo que el departamento "no estaba en condiciones"

Aylen Peralta vivió en carne propia lo que es perder todo a causa de un incendio. Junto con su pareja e hijos ocupaba un departamento en la torre 1 del Edificio Alem cuando unas prendas de vestir terminaron sobre el calefactor –aparentemente un perro golpeó el tender- y las llamas se desataron por la propiedad. La primera reacción fue intentar utilizar los matafuegos para al menos contener el foco, “pero no funcionaban”, según sus propias palabras.

“El departamento no estaba en condiciones”, sostuvo la damnificada, quien temporalmente ocupa un garaje en la vivienda de su madre, a la espera de poder alquilar otra propiedad. Agradecida del afecto de la gente, rescató que recibió mucha ayuda: “Me donaron mucha cantidad de ropa y ahora lo que se necesita es una cocina, una garrafa, la heladera y algunos muebles”.

Madre de tres hijos y en pareja, ocupaba el departamento C del duodécimo piso en la torre 1 desde enero pasado. “Desde que fui tuve problemas; estuve 4 meses sin luz y dos meses sin gas, porque había problemas para la habilitación”, remarcó. Incluso, se sinceró al decir que llegó a utilizar “energía de la administración”: “Estaba con mis hijos y no teníamos luz. La sacaba con un cable pero me mandaban a los de seguridad a cortar el cable. Desde el primer minuto tuve problemas”.

Y, sobre el incendio propiamente dicho, remarcó: “Los matafuegos estaban vacíos directamente; no funcionaban en el momento del incendio”. Consultada sobre si realizó planteos a la administración por este tipo de incidentes, manifestó: “Reclamé por todo, pero nunca fuimos escuchados. En ese edificio se va a hacer algo el día que pase una desgracia mayor a la mía, esa es la verdad. Nos cobraban expensas por 4 mil pesos y dicen que hay una deuda de agua de casi 2 millones de pesos”.

Puntualmente, sobre si existió algún tipo de comunicación luego del incendio, Peralta fue contundente: “No me llamó nadie, ni de administración ni el dueño, ni nada. Me enteré ayer –por el miércoles- por los vecinos de que me quieren hacer una multa por los daños, pero –formalmente- no me dijeron nada. El departamento no estaba en condiciones”.

Vecinos, preocupados

Peralta entendió que, si bien ella fue víctima del incendio, los inconvenientes por materia de seguridad y hasta de higiene los siguen padeciendo quienes aún residen en las torres. “Hay personas que todavía están sin luz, incluso más tiempo que el que yo pasé. Y siguen ahí porque los vecinos les dan la luz; entre todos nos ayudamos y siempre fue así”.

Remarcó la solidaridad que existe entre quienes habitan en las torres e incluso recordó: “Tiempo atrás los vecinos de la torre 2 no tenían agua y la mayoría pasó por mi casa a bañarse porque el tanque estaba sucio, el agua no se podía tomar. Ponías el agua en un vaso transparente y salía marrón, no se podía tomar”. “Hubo gente que sufrió hasta gastroenteritis por el problema del agua”, dijo y aclaró que el problema no es de la Cooperativa prestataria del servicio, sino del propio edificio.

“Las alarmas, en vez de sonar, se derritieron”

No es la primera vez que los vecinos de la torre Alem alzan su voz para reclamar por inconvenientes con el edificio. Aunque nunca con la gravedad de un incendio que arrasó con todo a su paso y que afortunadamente pudo ser contenido por bomberos voluntarios, evitando que las llamas se propagaran a otros espacios del piso 12.

“Nos dimos cuenta de que hay mucha más falencias de las que pensábamos”, destacó Jonathan Altamirano, vecino del lugar desde octubre del año pasado.

“Las alarmas de incendio, en vez de sonar, se derritieron. Por suerte no había nadie durmiendo la siesta porque, por lo que decían bomberos, de ser así en ese piso el de arriba o abajo no se iban a enterar porque las alarmas no sonaron”, recalcó.

Insistió con relación a los matafuegos, que algunos “no estaban -en su lugar- y los que había se encontraban vencidos y vacíos. Un desastre”.

Consultado sobre planteos efectuados ante la administración del edificio o autoridades, mencionó que a principios de año fueron a la Defensoría del Pueblo para luego trasladarse ante la oficina de Defensa delConsumidor, “sin tener respuestas hasta el momento”. “No tenemos a dónde pedir ayuda”, remarcó.

El edificio cuenta con 114 departamentos, estimándose que el 80% se encuentra ocupado, por lo que se calcula que viven más de 150 vecinos.

“El departamento se podría haber salvado si los matafuegos hubiesen estado en condiciones en el piso, con al menos uno. Nunca estuvieron -operativos-, al igual que las alarmas de incendio”, cerró diciendo y volvió a cargar contra la administración por el estado del edificio.