Un hombre perdió todo a raíz de un incendio en barrio San Martín
El hecho se registró minutos antes de las dos y media de la mañana. En la pieza estaba gran parte del mobiliario del hijo de Gladys Ponce, a quien en aproximadamente dos meses y medio le iban a entregar un terreno
El domingo, incendio fatal: dos niños mueren en una vivienda situada en Alvear y Piedras, en barrio Rivadavia. Ya son casi las doce y media de la noche y, en Corrientes y Neuquén, en barrio San Martín, una mujer junto a sus dos hijas y sus dos nietas, se van a dormir. Minutos después, allí también habrá otro foco significativo que requerirá de la presencia de personal del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad. Otro incendio que, se presume, fue intencional.
—A la una y veinte, una vecina empezó a sentir ruidos, golpes. El hombre de atrás tiene lechones, chanchos y pensó que le estaban robando —cuenta Gladys Ponce.
Una hora más tarde, Gladys se despierta otra vez.
—Empecé a sentir como si golpearan madera y olor a humo. Y cuando me levanté, la pieza, donde tengo guardada la mayoría de los muebles de mis hijos y cosas mías que no tienen tanto valor, estaba toda prendida fuego.
Todo está caído, tirado. Todo. Hay algunas chapas. Y restos de una madrugada triste. Otra cosa no existe: ni mesa, sillas, cocina, heladera, ropero, lavarropas, herramientas, camas de dos plazas, camas de una plaza, colchones, sábanas.
—¿Cómo se originó? No sé.
La habitación, que es amplia, colinda con la casa y estaba todo el mobiliario y electrodomésticos de Gustavo Saldaño, su hijo de 30 años, a quien dentro de aproximadamente dos meses y medio le iban a entregar un terreno. El joven vive en el domicilio de su suegra, en un pequeño cuarto con una cama grande y un armario.
—En donde están viviendo tienen lo necesario.
***
—Apenas me levanté y vi el fuego, nos desesperamos.
Llamaron a los servidores públicos y a la Departamental General San Martín.
—Llegaron como siete patrulleros.
Luego arribaron nueve efectivos del cuartel que lograron sofocar las llamas.
—Usaron dos camiones. El fuego era muchísimo. Remolineaba todo ahí adentro, salía hasta por arriba del techo. Para mí, que no vi un incendio, era impresionante.
Transcurren poco más de dos días del siniestro.
—Llamé a Bomberos y me dijeron que tenía que llamar a la Policía para que me den los datos. Llamé a la Policía y me dijeron que tienen que venir los peritos de Córdoba.
Y le dijeron, también, que tiene que ir personalmente hacia la dependencia para que le brinden información.
—Supuestamente no podemos tocar nada hasta que no vengan los peritos para ver por qué se inició el fuego.
Afortunadamente, y si bien el foco ígneo no afectó completamente a otros espacios del hogar de Ponce, sí ingresó humo que, como una voz, evoca lamentos.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María
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—A la una y veinte, una vecina empezó a sentir ruidos, golpes. El hombre de atrás tiene lechones, chanchos y pensó que le estaban robando —cuenta Gladys Ponce.
Una hora más tarde, Gladys se despierta otra vez.
—Empecé a sentir como si golpearan madera y olor a humo. Y cuando me levanté, la pieza, donde tengo guardada la mayoría de los muebles de mis hijos y cosas mías que no tienen tanto valor, estaba toda prendida fuego.
Todo está caído, tirado. Todo. Hay algunas chapas. Y restos de una madrugada triste. Otra cosa no existe: ni mesa, sillas, cocina, heladera, ropero, lavarropas, herramientas, camas de dos plazas, camas de una plaza, colchones, sábanas.
—¿Cómo se originó? No sé.
La habitación, que es amplia, colinda con la casa y estaba todo el mobiliario y electrodomésticos de Gustavo Saldaño, su hijo de 30 años, a quien dentro de aproximadamente dos meses y medio le iban a entregar un terreno. El joven vive en el domicilio de su suegra, en un pequeño cuarto con una cama grande y un armario.
—En donde están viviendo tienen lo necesario.
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—Apenas me levanté y vi el fuego, nos desesperamos.
Llamaron a los servidores públicos y a la Departamental General San Martín.
—Llegaron como siete patrulleros.
Luego arribaron nueve efectivos del cuartel que lograron sofocar las llamas.
—Usaron dos camiones. El fuego era muchísimo. Remolineaba todo ahí adentro, salía hasta por arriba del techo. Para mí, que no vi un incendio, era impresionante.
Transcurren poco más de dos días del siniestro.
—Llamé a Bomberos y me dijeron que tenía que llamar a la Policía para que me den los datos. Llamé a la Policía y me dijeron que tienen que venir los peritos de Córdoba.
Y le dijeron, también, que tiene que ir personalmente hacia la dependencia para que le brinden información.
—Supuestamente no podemos tocar nada hasta que no vengan los peritos para ver por qué se inició el fuego.
Afortunadamente, y si bien el foco ígneo no afectó completamente a otros espacios del hogar de Ponce, sí ingresó humo que, como una voz, evoca lamentos.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María