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“Hace mucho que el Santa Ana dejó de ser un barrio tranquilo”

Ricardo Sodero y su esposa Susana Acevedo, presidente y secretaria del Centro Vecinal, hablaron de los robos, picadas en moto y actos de vandalismo que padecen los vecinos; especialmente los viernes y sábados a la noche

Hay un verdaero oasis en el centro de la ciudad, un fabuloso “triángulo de las Bermudas” hecho de árboles, casitas y mucho silencio. Delimitado por Avenida Scalabrini Ortiz, las vías y el río, el barrio Santa Ana es, realmente, una verdadera isla. Y quien se interna en sus calles circulares ya no quiere salir. Acaso porque descubrió el último sector de la zona centro donde aún se puede vivir como cuando Villa María era un pueblo. O al menos así se vivía hasta no hace mucho.

Sin embargo en los últimos tiempos el Santa Ana dejó ser un triángulo aislado de la crueldad del mundo; y empezó a ser pasto de ladrones y tierra de nadie. Sobre todo cuando transcurre esa borrosa faja de tiempo entre la noche del viernes y la madrugada del sábado. En esos momentos, los vecinos acusan recibo de robos, picadas de motos y actos de vandalismo en sus calles y veredas. Algo que nunca habían vivido en medio siglo.

Y es para hablar de la inseguridad que se ha instalado en el “Parque Chas” villamariense que este matutino se entrevistó con el “matrimonio vecinal”, vale decir con Ricardo Sodero y Susana Acevedo, presidente y secretaria respectivamente de la última comisión electa.

Ricardo y Susana nos reciben en su casa de calle Lugones, la misma que fuera dos veces asaltada en el mes de mayo.

“Vinimos a vivir al Santa Ana en el año 1987 y este era un barrio donde no pasaba nada. Teníamos la mitad de la población de ahora, es decir unos mil habitantes. Y era un paraíso vivir acá. Pero hace mucho que el Santa Ana dejó de ser un barrio tranquilo”, comentó Ricardo.

Sábados sin paraíso

-¿Y cuándo empezó la inseguridad?


Ricardo: Hace bastante, pero se acentuó en los últimos dos años. Tuvo que ver directamente con el crecimiento de La Floresta, el barrio de Villa Nueva al otro lado del puente. Antes vos tenías perfectamente identificados a los que te podían robar o hacer alguna maldad.  Pero en los últimos tiempos eso cambió. La Floresta creció muchísimo y de allá bajan todo el tiempo. Y ya no los conocemos más. Sin embargo la cosa no termina sólo en lo delictivo ni en el barrio del frente.

-¿Qué más hay?

Ricardo: Se han generado muchas situaciones de inseguridad en el tráfico; debido a muchachos que hacen picadas con las motos. Los sábados desde el Cristo al SUOEM esto es una pista de motocross. Como en el Puente Negro no hay control, todos los que vienen alcoholizados o drogados del boliche, pasan por acá.

Susana: Y también están los que vienen a pie cuando corta Quinoto, York o Ciro. Cruzan el puente y se vienen directamente al barrio a hacer destrozos. Patean la basura o se suben a los autos y zapatean el capot. El otro día a un vecino le rompieron un parabrisas a patadas. Son cosas que no podés entender y que antes no pasaban. Este es un barrio de casas chicas con pocos garages; por lo que muchos autos duermen afuera. 

-¿Qué otros episodios concretos han tenido?

Susana: Desde febrero hasta ahora hubo 8 robos en propiedades, incluida la nuestra. O sea, más de uno por mes. En abril le robaron la chata a un vecino que la había dejado en marcha para buscar a la nieta. Luego hubo dos entradas en casas por los techos. A la peluquera de la esquina ya la asaltaron dos veces y la semana pasada en Dorrego, cerca de la gruta, rompieron la puerta y se metieron en una vivienda.

-¿Piden más presencia policial?

Susana: Absolutamente. Creemos que no hay otra solución. Debería estar la Policía Provincial o por lo menos Seguridad Ciudadana.  

Ricardo: A la gente de Participación Vecinal le contamos de las hordas que en un ratito hacen destrozos. Les pedíamos que pusieran seguridad en el puente y que muchas veces se habló de destinar la base del Cristo a una garita policial. Sería una decisión muy acertada porque es un lugar estratégico.

-¿La policía no mandó personal cuando denunciaron los robos?

-No. Cuando nos robaron la casa en mayo nos mandaron la Policía Barrial; una parejita en bicicleta. Pero vinieron sólo tres días. Al fin de semana siguiente los chicos del boliche tiraron los canastos y rompieron los nomencladores de la calle. La gente de la Central nos dice “llamen si escuchan ruidos”. Pero siempre llegan tarde. Además, muchas veces la gente asaltada no está en su casa o no escucha por los techos.

Susana: No hay que olvidarse que en el barrio hay gente mayor, los que vinieron hace 30 o 40 años. Y es gente muy vulnerable. Por otro lado, la gente joven que vino hace poco, trabaja todo el día y sus casas están vacías. Estamos muy expuestos.

-¿Nadie patrulla?

Ricardo: Nosotros estamos en el Cuadrante Cuatro con los barrios Barrancas del Río, parte del General Paz y parte del Sarmiento. Pero imaginate que hay un móvil para cada cuadrante y sólo anda de las 20 a las 4. Pero nuestro problema es después. Sería mejor si anduviera de 22 a 6, la hora en que se termina el boliche.

Susana: La última vez que robaron en el barrio fue en calle Madrid. Apenas se fue la familia,  entraron los ladrones. Se ve que la tenían vigilada. y eso también nos asusta y nos genera impotencia. Le rompieron la cerradura y una vecina llamó a la policía. Escuchó que los ladrones decían: “¡Corramos para el puente!”. Esa es la salida que tienen siempre.

-¿Qué dicen los vecinos?

Ricardo: Los que tenemos muchos años viviendo acá, siempre decimos lo tranquilo que era el barrio y lo complicado que se ha puesto ahora. 

Susana: Supongo que a muchos barrios de la ciudad les pasa. No debemos ser los únicos. Pero lo que te da impotencia es que este es un barrios chico, donde todos estos hechos se podrían evitar.

Para finalizar, Ricardo me cuenta que el Santa Ana tiene 559 casas y 2300 habitantes; que a pesar de su crecimiento mantiene su espíritu de barrio y que se cumple a rajatabla la ordenanza que impide construir más de dos pisos.

“El Santa Ana sigue siendo un lugar de mucha gente mayor. De hecho la semana pasada inauguramos la imagen en la Plaza de los Abuelos y vino el intendente. También el padre Mareco viene una vez por mes a dar misa para los que tienen problemas de movilidad. Si la seguridad estuviera controlada, este barrio sería un paraíso. Como ese al que vinimos a vivir cuando éramos jóvenes y teníamos tantas esperanzas por delante”.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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