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El agresor contaba con cuatro denuncias por violencia familiar

Sergio “Pilín” Sosa, el hombre que atacó a su expareja en barrio Las Playas, cuenta con otros antecedentes relacionados con hechos de robo y droga. El hombre continúa prófugo y pronto se difundirá su identikit

Eran las diez y media de la noche del viernes. Se había activado un botón antipánico en el barrio Las Playas. Sin embargo, cuando la Policía llegó al domicilio, ubicado en calle Costa Rica al 100, ya era tarde. Pero afortunadamente no tanto, porque a pesar de que se encontraron con tres personas heridas, el carácter de las mismas era leve.

Su nombre es Sergio “Pilín” Sosa. Tiene 36 años el agresor y la fiscal que instruye la causa, Juliana Companys, ordenó su imputación por ser el supuesto autor de los delitos de intento de femicidio —homicidio en grado de tentativa calificado por el vínculo y por el género— y de homicidio simple en grado de tentativa. Aún no aparece. 

La víctima es dos años menor. Ella estaba en su vivienda con dos amigos. “Pilín”, su expareja, llegó —infringiendo de esta manera una restricción perimetral que le impedía acercarse a la damnificada— y los atacó a todos con un cuchillo —arma que secuestraron los efectivos y que tiene una hoja metálica de aproximadamente 10 centímetros—. Todos fueron derivados al Hospital Regional Pasteur.

Eran las diez y media y, quizás, el tiempo aún esté detenido para las víctimas pero principalmente para ella. Porque no lo encuentran. Pero también porque, a pesar de que lo hagan, aquélla noche seguirá representando a tantísimas otras. Y, sobre todo, a esas noches en las que fue tarde. Demasiado tarde. Esas que no quedaron en el olvido. Esas que siempre serán rescoldos en el corazón de las que luchan para que se termine.

Este sábado la mujer fue dada de alta del nosocomio de barrio Ramón Carrillo. Y eso es una forma de decir porque estará con custodia policial hasta tanto hallen a Sosa que, actualmente, se encuentra prófugo y que también lo estuvo en otras ocasiones por, entre otros ilícitos, robo calificado. En tanto, mientras uno de los amigos de la damnificada pasó de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) a una sala común y estará, como ella, escoltado por miembros de la fuerza, el otro individuo herido, a pesar de estar en su casa, contará con rondas policiales.

Eran las diez y media en Las Playas. Pero, y es importante decirlo, podrían no haber sido y deberían no ser nunca más. Porque este tipo de hechos suceden a pesar de las órdenes de restricción y a pesar de los botones antipánico. Porque estos episodios habitan muchísimo más allá de los sucesos en sí y de las noticias que se publican, últimamente, casi a diario. Porque estos episodios se esconden en las prácticas cotidianas más ‘comunes’. Porque estos episodios tienen un rostro que, poco a poco, se está desenmascarando porque hay voces, que desde hace tiempo, decidieron decir basta.

Un hombre con antecedentes y con miedo a la mujer sin miedo

Un hecho por droga y dos por robo. Cuatro denuncias por violencia familiar. Esos son los antecedentes que registra el hombre acusado de intento de femicidio y homicidio simple en grado de tentativa —esta última calificante es por las lesiones contra los dos compañeros de la víctima— y que pudo conocer PUNTAL VILLA MARÍA.

Es por ello que, también de acuerdo a la información a la que pudo acceder este matutino, probablemente mañana se dé a conocer su identikit: el retrato de Sergio “Pilín” Sosa. El retrato de un hombre que escapó. Que se fue porque es cobarde. El retrato, esa fotografía del temor que convive en la piel del violento. Esa imagen que expone pero que también cifra. Ese perfil que no debe silenciarse. El desentierro de gestos que no tienen excusas. Ese retrato, una mirada al desnudo y una boca sin pretextos. Ese retrato, las facciones frías y oscuras de un cuerpo tieso que anochece como el tiempo que se aloja en las calles de una ciudad lejana.

La voz de un uruguayo

Y para terminar basta citar al escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer”.

Y, con una agudeza inigualable, concluyó: “Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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