Tenía la misión de desentrañar el crimen que puso en evidencia la mafia narco en Río Cuarto y acabó preso, acusado de complicidad con quienes debía investigar.
La caída de Gustavo Oyarzábal, el exjefe de Investigaciones de la Policía de la Provincia, parece no tocar fondo. Ayer, junto a su abogado cordobés Jorge Johnson, escuchó de boca del juez federal Carlos Ochoa de qué se lo está acusando y por qué está detenido desde hace 13 días en un pabellón de seguridad de la cárcel local.
Incumplimiento de los deberes del funcionario público y facilitación y colaboración para los negocios ilegales de la organización acusada de lavar activos que provienen del narcotráfico. Tal es la doble acusación que pesa hoy contra un funcionario policial que hasta ayer nomás era uno de los hombres fuertes de la Policía provincial y una de las caras visibles del combate de los delitos.
En cuestión de días, el status de Oyarzábal se desplomaría: eyectado de la fuerza primero, por una comisión evaluadora que se vio venir los acontecimientos, el exjefe acabó preso en un procedimiento de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que lo dejó pegado con el megaoperativo por narcolavado.
En la mañana del lunes, a las 8.27, Oyarzábal fue llevado frente al juez federal Carlos Ochoa. Vestía unos jeans negros, remera azul y llevaba el rostro tapado por una campera.
Del edificio de calle Sobre Monte al 900, salió a las 11.41, después de declarar durante más de tres horas. De allí fue escoltado, una vez más, con el rostro cubierto y fue introducido al asiento trasero de la camioneta de Gendarmería Nacional que lo devolvería a su celda.
Se estima que seguirá preso entre uno y dos meses más hasta que el juez resuelva si le da curso o no al pedido formal de eximición de prisión que hizo su abogado defensor o, por el contrario, le dicta la prisión preventiva.
Antes de dejar el desangelado edificio del Juzgado, a Johnson le recordaron que la causa sigue en secreto de sumario.
“Me pidieron que no hable de su declaración, ni ninguna otra cuestión que pueda entorpecer o dificultar la investigación o ponerla en peligro”, aclaró el letrado, quien igualmente tuvo el gesto de atender a la guardia periodística que se mantuvo expectante en la tórrida mañana.
“Lo único que les puedo decir es que él reiteró su condición de inocente y es ajeno a todos los hechos. Además dio todas las explicaciones que correpondían a su ocupación y, para mí, lo hizo en forma muy satisfactoria”, opinó.
“De eso no puedo decir nada”, fue el latiguillo con el que se desembarazó de las preguntas.
Aludiendo una vez más al secreto de sumario, evitó decir si su cliente tenía o no vinculación con Claudio Torres, el jefe narco asesinado, o con algunos de los peces gordos que aún siguen prófugos.“La acusación es una sospecha de que podría tener alguna vinculación con el narcotráfico que se investiga en Río Cuarto, por eso pidieron que diera sus explicaciones”, relativizó el letrado, pero cuando le insistieron con la pregunta, fue menos categórico.
-¿Pero entonces la acusación contra Oyarzábal está basada en una sospecha leve?
- Bueno, la última palabra sobre eso la tiene el juez federal.
Frente al asedio de las preguntas, Johnson dejó picando una frase sugerente, mientras se marchaba bajo un sol abrasador. “¡Parece que saben más que el juzgado!, hagan ustedes sus propias conjeturas”.
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Incumplimiento de los deberes del funcionario público y facilitación y colaboración para los negocios ilegales de la organización acusada de lavar activos que provienen del narcotráfico. Tal es la doble acusación que pesa hoy contra un funcionario policial que hasta ayer nomás era uno de los hombres fuertes de la Policía provincial y una de las caras visibles del combate de los delitos.
En cuestión de días, el status de Oyarzábal se desplomaría: eyectado de la fuerza primero, por una comisión evaluadora que se vio venir los acontecimientos, el exjefe acabó preso en un procedimiento de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que lo dejó pegado con el megaoperativo por narcolavado.
En la mañana del lunes, a las 8.27, Oyarzábal fue llevado frente al juez federal Carlos Ochoa. Vestía unos jeans negros, remera azul y llevaba el rostro tapado por una campera.
Del edificio de calle Sobre Monte al 900, salió a las 11.41, después de declarar durante más de tres horas. De allí fue escoltado, una vez más, con el rostro cubierto y fue introducido al asiento trasero de la camioneta de Gendarmería Nacional que lo devolvería a su celda.
Se estima que seguirá preso entre uno y dos meses más hasta que el juez resuelva si le da curso o no al pedido formal de eximición de prisión que hizo su abogado defensor o, por el contrario, le dicta la prisión preventiva.
Antes de dejar el desangelado edificio del Juzgado, a Johnson le recordaron que la causa sigue en secreto de sumario.
“Me pidieron que no hable de su declaración, ni ninguna otra cuestión que pueda entorpecer o dificultar la investigación o ponerla en peligro”, aclaró el letrado, quien igualmente tuvo el gesto de atender a la guardia periodística que se mantuvo expectante en la tórrida mañana.
“Lo único que les puedo decir es que él reiteró su condición de inocente y es ajeno a todos los hechos. Además dio todas las explicaciones que correpondían a su ocupación y, para mí, lo hizo en forma muy satisfactoria”, opinó.
“De eso no puedo decir nada”, fue el latiguillo con el que se desembarazó de las preguntas.
Aludiendo una vez más al secreto de sumario, evitó decir si su cliente tenía o no vinculación con Claudio Torres, el jefe narco asesinado, o con algunos de los peces gordos que aún siguen prófugos.“La acusación es una sospecha de que podría tener alguna vinculación con el narcotráfico que se investiga en Río Cuarto, por eso pidieron que diera sus explicaciones”, relativizó el letrado, pero cuando le insistieron con la pregunta, fue menos categórico.
-¿Pero entonces la acusación contra Oyarzábal está basada en una sospecha leve?
- Bueno, la última palabra sobre eso la tiene el juez federal.
Frente al asedio de las preguntas, Johnson dejó picando una frase sugerente, mientras se marchaba bajo un sol abrasador. “¡Parece que saben más que el juzgado!, hagan ustedes sus propias conjeturas”.

