Investigadores e investigadoras de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) presentaron un relevamiento de dimensiones relacionadas al impacto humano sobre el medioambiente con el objetivo de configurar una “estructura de los instrumentos de gestión urbana en pos de avanzar con los sectores populares en un acceso al suelo, la vivienda y el hábitat”.
A partir de un proyecto de investigación-acción generaron un observatorio urbano como plataforma de interacción entre diferentes actores vinculados a la temática en Villa María y Villa Nueva. Este marco sirvió para “identificar y analizar críticamente las prácticas de autoconstrucción, autoproducción y autogestión de vivienda, enmarcadas en la producción social del hábitat, que llevan adelante los sectores populares en la periferia de ambas ciudades”.
El equipo desarrolló producciones sobre la situación y caracterización del suelo y la vivienda en ambas ciudades, concretando encuestas, relatos de experiencias, mapeos colectivos, paneles de debate y discusión y socialización de resultados.
De esta manera, en el período 2007-2017 evidenciaron “usos de suelo heterogéneos, con gran mixtura en todas las áreas urbanas, según contexto y rol regional de cada ciudad, con desarrollos comerciales en ciertas vías de circulación principal y procesos de crecimiento muy dinámicos en áreas centrales, pericentrales y periféricas”.
Asimismo, destacaron procesos de consolidación limitados “debido a que existe una gran cantidad y dispersión de lotes vacantes”, principalmente en la periferia, que “junto a los nuevos loteos de extensión generan más lotes vacantes, desplazando usos vitales a sectores más alejados y encareciendo los costos de funcionamiento urbano por subutilización de servicios e infraestructuras”.
Por otra parte, en expansión señalaron que “se dan por fragmentos en la periferia”, desperdiciando suelo urbano.
Dentro de las potencialidades encontradas en las estrategias de los sectores populares en las dos ciudades, el equipo detectó como “procesos superadores” estrategias colectivas de autogestión del hábitat “donde el Estado entrega fondos a la población organizada que diseña, ejecuta, distribuye o usa el hábitat”, aunque “el nivel de los vínculos colaborativos barriales sean débiles”.
Además, evidenciaron que en ciertos períodos de tiempo y dentro de determinadas zonas de la ciudad, “las estrategias captan procesos de intervención puntuales aprovechando la oportunidad que le brinda el Estado”.
En cuanto a la seguridad jurídica, indicaron que en el caso de Villa María “es mayoritario el boleto de compraventa, seguido de escritura y en tercer lugar la falta de documentación respecto al inmueble que habitan”. Y consideraron que “se evidencia un mejor resultado frente a los obtenidos en Villa Nueva”.
Por otra parte, con relación a las razones por las que se elige el lugar para vivir, resaltaron trayectorias habitacionales relacionadas a “lazos familiares y de conocidos viviendo en el barrio, o entregando herencia del lugar donde viven”. También aparecieron dimensiones relacionadas con “las oportunidades económicas al existir precios más accesibles de suelo que en otros barrios, sumadas a las limitaciones de su capacidad de ahorro mensual e inversión en mejoras o ampliaciones, oportunidades formales por facilidades del Estado con cesiones de lotes y oportunidades informales e irregulares de ocupación por préstamo o sin permiso de lotes y casas tomadas”. Estas trayectorias están ligadas al hecho de considerar el lugar como “agradable y definitivo para vivir, como considerarlo desagradable y temporal, con el anhelo a migrar a otro lugar de la ciudad”.
El desarrollo
Según el artículo publicado en el libro La investigación en Ciencias Sociales en la UNVM, en el que se detallan los resultados obtenidos en la primera etapa del trabajo, el proyecto permitió la incorporación de “una gran cantidad de actores” vinculados a la producción y circulación de suelo y vivienda, como organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, de la sociedad civil y vecinal, asociaciones profesionales, grupos no organizados y familias de sectores populares que “detallaron sus necesidades, capacidades y conflictos en relación al tema”.
En ese marco, plantearon los lineamientos alternativos de producción social de hábitat basados en “las estrategias de los sectores populares en su acceso al suelo y la vivienda”. El trabajo fue dirigido por Javier Yañez, junto a David Ruiz, Alejandro Pratoy y Lucas Giusti; y contó con la colaboración del Área Vivienda de Cáritas diocesana que relevó estadísticas del caso de estudio y de las licenciaturas en Desarrollo Local Regional y en Ambiente y Energías Renovables, que participaron como espacios convocantes.
Así, desde el observatorio urbano abordaron diferentes conceptualizaciones respecto a las zonas de vulnerabilidad habitacional de las ciudades de Villa María y Villa Nueva. “Se decidieron los aspectos y dimensiones de análisis para las encuestas semiestructuradas, se acotó la situación local de los procesos urbanos y habitacionales de los últimos años y se caracterizaron las estrategias de acceso al suelo y la vivienda utilizadas por los sectores populares, y se definieron algunas potencialidades y contribuciones de las estrategias detectadas en los casos de estudio”, precisaron.
De acuerdo a lo expresado en la publicación, en “el hecho de autoproveerse de protección básica, los sectores populares ponen en juego sus capacidades para movilizar recursos propios, como el nivel de pertenencia de las familias a ciertas redes de ayuda y cooperación, las actividades de autoproducción que realizan y las transferencias que reciben del Estado y otras organizaciones”.
El equipo retomó el relevamiento de asentamientos informales realizado por la provincia de Córdoba en 2011, en el que se manifiesta una ampliación y densificación de los enclaves de pobreza, “con una enorme dificultad de las generaciones nuevas para independizarse de la casa de sus padres, recurriéndose a la compra o alquiler de lotes o viviendas a quienes ocupaban previamente dentro del asentamiento”.
En tal sentido, remarcaron que “la movilización de los sectores populares para conseguir un lugar en la ciudad se materializa a partir de que los sujetos son quienes trasforman el espacio” y estas adaptaciones “definen las estrategias de supervivencia familiar y explican la lógica de comportamiento que las unidades familiares de los sectores populares implementan para satisfacer sus necesidades”.
Así, de la publicación surge que “las estrategias de los sectores populares para lograr una mejora en la calidad de vida tienen un carácter individual o colectivo, limitadas y acotadas, presentándose en muchos casos en un período determinado”.
Metodología
Para determinar las zonas de vulnerabilidad habitacional el equipo utilizó un software libre de manejo y análisis de información geográfica y como resultado se obtuvo un mapa temático que refleja la distribución espacial de un fenómeno mediante gamas de color.
A partir de allí se definieron zonas de vulnerabilidad habitacional en las dos ciudades, con los radios censales urbanos georreferenciados en base a valores porcentuales significativos del déficit habitacional cuantitativo y cualitativo del Censo 2010.
A nivel cuantitativo, se consideraron hacinamiento por hogar y calidad irrecuperable de los materiales constructivos; y a nivel cualitativo la situación de tenencia irregular y hacinamiento por cuarto en la vivienda que habitan, y calidad insuficiente en la conexión de servicios básicos.
Además, se seleccionó un área de escala barrial con dinámica de crecimiento detectada y se realizaron las entrevistas a los residentes barriales sobre las estrategias que emplearon en su acceso al hábitat. “Con las zonas de vulnerabilidad habitacional detectadas, se definió un muestreo probabilístico del tipo aleatorio simple por sorteo total de hogares en los radios censales seleccionados”, precisaron.
Rodrigo Duarte. Redacción Puntal Villa María
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El equipo desarrolló producciones sobre la situación y caracterización del suelo y la vivienda en ambas ciudades, concretando encuestas, relatos de experiencias, mapeos colectivos, paneles de debate y discusión y socialización de resultados.
De esta manera, en el período 2007-2017 evidenciaron “usos de suelo heterogéneos, con gran mixtura en todas las áreas urbanas, según contexto y rol regional de cada ciudad, con desarrollos comerciales en ciertas vías de circulación principal y procesos de crecimiento muy dinámicos en áreas centrales, pericentrales y periféricas”.
Asimismo, destacaron procesos de consolidación limitados “debido a que existe una gran cantidad y dispersión de lotes vacantes”, principalmente en la periferia, que “junto a los nuevos loteos de extensión generan más lotes vacantes, desplazando usos vitales a sectores más alejados y encareciendo los costos de funcionamiento urbano por subutilización de servicios e infraestructuras”.
Por otra parte, en expansión señalaron que “se dan por fragmentos en la periferia”, desperdiciando suelo urbano.
Dentro de las potencialidades encontradas en las estrategias de los sectores populares en las dos ciudades, el equipo detectó como “procesos superadores” estrategias colectivas de autogestión del hábitat “donde el Estado entrega fondos a la población organizada que diseña, ejecuta, distribuye o usa el hábitat”, aunque “el nivel de los vínculos colaborativos barriales sean débiles”.
Además, evidenciaron que en ciertos períodos de tiempo y dentro de determinadas zonas de la ciudad, “las estrategias captan procesos de intervención puntuales aprovechando la oportunidad que le brinda el Estado”.
En cuanto a la seguridad jurídica, indicaron que en el caso de Villa María “es mayoritario el boleto de compraventa, seguido de escritura y en tercer lugar la falta de documentación respecto al inmueble que habitan”. Y consideraron que “se evidencia un mejor resultado frente a los obtenidos en Villa Nueva”.
Por otra parte, con relación a las razones por las que se elige el lugar para vivir, resaltaron trayectorias habitacionales relacionadas a “lazos familiares y de conocidos viviendo en el barrio, o entregando herencia del lugar donde viven”. También aparecieron dimensiones relacionadas con “las oportunidades económicas al existir precios más accesibles de suelo que en otros barrios, sumadas a las limitaciones de su capacidad de ahorro mensual e inversión en mejoras o ampliaciones, oportunidades formales por facilidades del Estado con cesiones de lotes y oportunidades informales e irregulares de ocupación por préstamo o sin permiso de lotes y casas tomadas”. Estas trayectorias están ligadas al hecho de considerar el lugar como “agradable y definitivo para vivir, como considerarlo desagradable y temporal, con el anhelo a migrar a otro lugar de la ciudad”.
El desarrollo
Según el artículo publicado en el libro La investigación en Ciencias Sociales en la UNVM, en el que se detallan los resultados obtenidos en la primera etapa del trabajo, el proyecto permitió la incorporación de “una gran cantidad de actores” vinculados a la producción y circulación de suelo y vivienda, como organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, de la sociedad civil y vecinal, asociaciones profesionales, grupos no organizados y familias de sectores populares que “detallaron sus necesidades, capacidades y conflictos en relación al tema”.
En ese marco, plantearon los lineamientos alternativos de producción social de hábitat basados en “las estrategias de los sectores populares en su acceso al suelo y la vivienda”. El trabajo fue dirigido por Javier Yañez, junto a David Ruiz, Alejandro Pratoy y Lucas Giusti; y contó con la colaboración del Área Vivienda de Cáritas diocesana que relevó estadísticas del caso de estudio y de las licenciaturas en Desarrollo Local Regional y en Ambiente y Energías Renovables, que participaron como espacios convocantes.
Así, desde el observatorio urbano abordaron diferentes conceptualizaciones respecto a las zonas de vulnerabilidad habitacional de las ciudades de Villa María y Villa Nueva. “Se decidieron los aspectos y dimensiones de análisis para las encuestas semiestructuradas, se acotó la situación local de los procesos urbanos y habitacionales de los últimos años y se caracterizaron las estrategias de acceso al suelo y la vivienda utilizadas por los sectores populares, y se definieron algunas potencialidades y contribuciones de las estrategias detectadas en los casos de estudio”, precisaron.
De acuerdo a lo expresado en la publicación, en “el hecho de autoproveerse de protección básica, los sectores populares ponen en juego sus capacidades para movilizar recursos propios, como el nivel de pertenencia de las familias a ciertas redes de ayuda y cooperación, las actividades de autoproducción que realizan y las transferencias que reciben del Estado y otras organizaciones”.
El equipo retomó el relevamiento de asentamientos informales realizado por la provincia de Córdoba en 2011, en el que se manifiesta una ampliación y densificación de los enclaves de pobreza, “con una enorme dificultad de las generaciones nuevas para independizarse de la casa de sus padres, recurriéndose a la compra o alquiler de lotes o viviendas a quienes ocupaban previamente dentro del asentamiento”.
En tal sentido, remarcaron que “la movilización de los sectores populares para conseguir un lugar en la ciudad se materializa a partir de que los sujetos son quienes trasforman el espacio” y estas adaptaciones “definen las estrategias de supervivencia familiar y explican la lógica de comportamiento que las unidades familiares de los sectores populares implementan para satisfacer sus necesidades”.
Así, de la publicación surge que “las estrategias de los sectores populares para lograr una mejora en la calidad de vida tienen un carácter individual o colectivo, limitadas y acotadas, presentándose en muchos casos en un período determinado”.
Metodología
Para determinar las zonas de vulnerabilidad habitacional el equipo utilizó un software libre de manejo y análisis de información geográfica y como resultado se obtuvo un mapa temático que refleja la distribución espacial de un fenómeno mediante gamas de color.
A partir de allí se definieron zonas de vulnerabilidad habitacional en las dos ciudades, con los radios censales urbanos georreferenciados en base a valores porcentuales significativos del déficit habitacional cuantitativo y cualitativo del Censo 2010.
A nivel cuantitativo, se consideraron hacinamiento por hogar y calidad irrecuperable de los materiales constructivos; y a nivel cualitativo la situación de tenencia irregular y hacinamiento por cuarto en la vivienda que habitan, y calidad insuficiente en la conexión de servicios básicos.
Además, se seleccionó un área de escala barrial con dinámica de crecimiento detectada y se realizaron las entrevistas a los residentes barriales sobre las estrategias que emplearon en su acceso al hábitat. “Con las zonas de vulnerabilidad habitacional detectadas, se definió un muestreo probabilístico del tipo aleatorio simple por sorteo total de hogares en los radios censales seleccionados”, precisaron.
Rodrigo Duarte. Redacción Puntal Villa María

