Hoy significa a casi dos años y nueve meses del 5 de junio de 2017: el día de la muerte de Lucrecia Ñañez, 15 años, embarazada de entre dos y tres meses. Hoy significa que Lucrecia Ñañez jamás estuvo “dentro de los parámetros normales”, como les dijeron a su mamá, Carina Gianinetto, 36, y su abuela, María Rosa Ramos, 59. Hoy significa que sí, que hubo un paro cardiorrespiratorio. Significa que hubo una infección generalizada (sepsis) porque la tensión arterial y la presión sanguínea ni siquiera existieron. Significa, si se quiere y según la medicina, un shock séptico multiorgánico. Hoy significa negligencia, imprudencia. Hoy significa una muerte y las preguntas que siguen y las respuestas que aparecen. Hoy significa una muerte y siete nombres.
Por eso hay que decir todo otra vez. Para eso: para que se sepa lo que puede pasar en, digamos, una semana. En seis días.
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A las tres y media de la mañana del miércoles 31 de mayo de 2017, una ambulancia traslada a Lucrecia desde el barrio San Nicolás hasta el Hospital Regional Pasteur. Atraviesa un aborto espontáneo. La atienden en la Guardia y regresa a su casa. Vuelve y no le recetan, ni siquiera, antibióticos. A las cinco de la tarde la familia hace lo que puede: decide llevarla a una clínica de la ciudad. Le realizan una ecografía transvaginal. Tres horas después, a las ocho de la noche, vuelve al hospital. Le diagnostican un aborto incompleto y piden un legrado.
El jueves 1°, a las tres de la tarde —estaba previsto para las primeras horas de la mañana— se lo practican: le extraen restos y, sin más, le dan el alta. A las siete y media de la tarde es obvio: siguen los vómitos, la fiebre y hay mal olor en la zona vaginal. Vuelve al Pasteur y se solicita un nuevo legrado. Se hacen análisis y se detecta necrofilia en el útero. No cualquier necrofilia: ronda el 80 por ciento.
El viernes 2, la adolescente sigue en observación. El 3 de junio, no deja de ser evidente: el cuadro se agrava. Hay una nueva intervención: se realiza una laparotomía exploradora para constatar el estado de los órganos. Se habla de una histerectomía —extracción total o parcial del útero— pero no se efectúa. El domingo 4 continúa en observación.
El lunes 5 ya es indiscutible: los profesionales vuelven a abrir ese cuerpo que ya no es cuerpo para observar el estado de los órganos. El lunes 5 es inevitable. Según el certificado de defunción, Lucrecia muere a las dos de la tarde.
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El lunes 5 la Fiscalía de Instrucción del Tercer Turno, a cargo del funcionario René Bosio, actúa de oficio. Apenas minutos después del entierro, se exhuma el cuerpo. El útero no está. Esa es otra pregunta.
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Hoy es ayer, jueves 27 de febrero, ocho y media de la noche, el comedor del estudio jurídico de Analía Nicoli, la abogada que patrocina a las mujeres que se constituyeron en querellantes particulares. En la sala, además de Gianinetto y Rosa Ramos, está Matías, el tío de Lucrecia.
Nicoli está parada, a un costado. Los demás la rodean. Algunos están sentados y otros apoyados sobre algunos muebles. Y a casi dos años y nueve meses del 5 de junio de 2017 se conocen los nombres de los siete: de los cuatro que fueron indagados el miércoles pasado y de los otros tres que se presentaron en la Fiscalía ayer. Los siete que se abstuvieron de declarar. Los siete representados, en su mayoría, por abogados del Consejo Profesional de Médicos. Los siete: todos especialistas del área de ginecología.
Natalia del Valle Godoy, Melisa Méndez, Carla Malvina Beltramo, Cristian Fabián Ferres, Eduardo Buffadosi, Cecilia Ligorria y José Ignacio Nóbrega Lascano.
Los siete.
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La imputación es por mala praxis y el informe del Comité que se encarga de trabajar al respecto estuvo listo el 26 de agosto del año pasado: alrededor de siete meses después de que sea requerido.
El artículo 84 del Código Penal se refiere a la imputación así: “Será reprimido con prisión de uno a cinco años e inhabilitación especial, en su caso, por cinco a diez años el que por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos o de los deberes a su cargo causare a otro la muerte”.
Otros le dicen, también, homicidio culposo: que no hubo dolo, que no hubo intención.
El delito que se les atribuye es excarcelable y por eso conservan su libertad. Por eso son inocentes. En el juicio, si la causa se eleva a tal instancia, se verá.
—Vamos a luchar para que llegue a juicio con un cambio de calificación legal —dice Nicoli.
De homicidio culposo a con dolo eventual. Nicoli dice que hay antecedentes. La Justicia verá.
***
Hoy es ayer: un incendio lejano pero no extinto.
—Yo quiero decir esto. Que no haya más Lucrecias Ñañez —dice Rosa Ramos antes de despedirse.
Antes, la madre dirá que no tiene palabras. Y apoyada en la pared, contará lo que puede, con la voz tenue pero incisiva. Hablará como todos los que saben que una historia corre el riesgo de quedar en el olvido, como cualquier papel que pasa por los cajones de los lugares sin tiempo: de los hospitales, de los tribunales.
Agradecerá el trabajo del fiscal Bosio y de todo su equipo.
Los demás harán algún aporte. La mamá dirá, entre otras cosas, que uno de los médicos atendió otro de sus embarazos. Habrá silencio. No dirá que le duele: no hará falta.
No dirán tampoco que, a veces, no es tarde. Que a veces, aunque sean las menos, no es demasiado tarde.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal
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A las tres y media de la mañana del miércoles 31 de mayo de 2017, una ambulancia traslada a Lucrecia desde el barrio San Nicolás hasta el Hospital Regional Pasteur. Atraviesa un aborto espontáneo. La atienden en la Guardia y regresa a su casa. Vuelve y no le recetan, ni siquiera, antibióticos. A las cinco de la tarde la familia hace lo que puede: decide llevarla a una clínica de la ciudad. Le realizan una ecografía transvaginal. Tres horas después, a las ocho de la noche, vuelve al hospital. Le diagnostican un aborto incompleto y piden un legrado.
El jueves 1°, a las tres de la tarde —estaba previsto para las primeras horas de la mañana— se lo practican: le extraen restos y, sin más, le dan el alta. A las siete y media de la tarde es obvio: siguen los vómitos, la fiebre y hay mal olor en la zona vaginal. Vuelve al Pasteur y se solicita un nuevo legrado. Se hacen análisis y se detecta necrofilia en el útero. No cualquier necrofilia: ronda el 80 por ciento.
El viernes 2, la adolescente sigue en observación. El 3 de junio, no deja de ser evidente: el cuadro se agrava. Hay una nueva intervención: se realiza una laparotomía exploradora para constatar el estado de los órganos. Se habla de una histerectomía —extracción total o parcial del útero— pero no se efectúa. El domingo 4 continúa en observación.
El lunes 5 ya es indiscutible: los profesionales vuelven a abrir ese cuerpo que ya no es cuerpo para observar el estado de los órganos. El lunes 5 es inevitable. Según el certificado de defunción, Lucrecia muere a las dos de la tarde.
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El lunes 5 la Fiscalía de Instrucción del Tercer Turno, a cargo del funcionario René Bosio, actúa de oficio. Apenas minutos después del entierro, se exhuma el cuerpo. El útero no está. Esa es otra pregunta.
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Hoy es ayer, jueves 27 de febrero, ocho y media de la noche, el comedor del estudio jurídico de Analía Nicoli, la abogada que patrocina a las mujeres que se constituyeron en querellantes particulares. En la sala, además de Gianinetto y Rosa Ramos, está Matías, el tío de Lucrecia.
Nicoli está parada, a un costado. Los demás la rodean. Algunos están sentados y otros apoyados sobre algunos muebles. Y a casi dos años y nueve meses del 5 de junio de 2017 se conocen los nombres de los siete: de los cuatro que fueron indagados el miércoles pasado y de los otros tres que se presentaron en la Fiscalía ayer. Los siete que se abstuvieron de declarar. Los siete representados, en su mayoría, por abogados del Consejo Profesional de Médicos. Los siete: todos especialistas del área de ginecología.
Natalia del Valle Godoy, Melisa Méndez, Carla Malvina Beltramo, Cristian Fabián Ferres, Eduardo Buffadosi, Cecilia Ligorria y José Ignacio Nóbrega Lascano.
Los siete.
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La imputación es por mala praxis y el informe del Comité que se encarga de trabajar al respecto estuvo listo el 26 de agosto del año pasado: alrededor de siete meses después de que sea requerido.
El artículo 84 del Código Penal se refiere a la imputación así: “Será reprimido con prisión de uno a cinco años e inhabilitación especial, en su caso, por cinco a diez años el que por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos o de los deberes a su cargo causare a otro la muerte”.
Otros le dicen, también, homicidio culposo: que no hubo dolo, que no hubo intención.
El delito que se les atribuye es excarcelable y por eso conservan su libertad. Por eso son inocentes. En el juicio, si la causa se eleva a tal instancia, se verá.
—Vamos a luchar para que llegue a juicio con un cambio de calificación legal —dice Nicoli.
De homicidio culposo a con dolo eventual. Nicoli dice que hay antecedentes. La Justicia verá.
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Hoy es ayer: un incendio lejano pero no extinto.
—Yo quiero decir esto. Que no haya más Lucrecias Ñañez —dice Rosa Ramos antes de despedirse.
Antes, la madre dirá que no tiene palabras. Y apoyada en la pared, contará lo que puede, con la voz tenue pero incisiva. Hablará como todos los que saben que una historia corre el riesgo de quedar en el olvido, como cualquier papel que pasa por los cajones de los lugares sin tiempo: de los hospitales, de los tribunales.
Agradecerá el trabajo del fiscal Bosio y de todo su equipo.
Los demás harán algún aporte. La mamá dirá, entre otras cosas, que uno de los médicos atendió otro de sus embarazos. Habrá silencio. No dirá que le duele: no hará falta.
No dirán tampoco que, a veces, no es tarde. Que a veces, aunque sean las menos, no es demasiado tarde.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal

