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“Se deben apoyar políticas que protejan los datos de la gente”

Javier Pallero, especialista en la lucha por los derechos humanos en internet, disertó en Río Cuarto sobre libertad de expresión y la manipulación de información
 
Javier Pallero, referente regional en el trabajo de políticas públicas para América Latina en la ONG Access Now (dedicada a la defensa de los derechos humanos en internet), participó de un conversatorio en Río Cuarto en el que se debatió sobre los alcances de la libertad de expresión y el uso de la información privada en la web.

“El objetivo fue tener una conversación informal sobre la moderación de contenidos en internet y cómo la libertad de expresión está amenazada o no por las grandes plataformas tecnológicas”, indicó en diálogo con Puntal, mientras que agregó: “Cómo se accede a información, por un lado, y cómo se la expresa, por el otro, son las dos caras de la moneda de la libertad de expresión, que nada evite que llegue a uno la información”.

El especialista señaló que con la aparición de los intermediarios de la información digital, sobre todo los concentrados (los más grandes del mundo como Facebook), “empieza a redefinirse lo que es el límite de la libertad de expresión, cuánto de esa intervención y cuánto es demasiado, cuánto poder tiene el usuario para elegir y cuánto se le impone”. 

Sostuvo que en estos espacios se busca analizar cómo estas nuevas tecnologías interfieren con el derecho o lo expanden y permiten a aquellos que no tenían voz llegar a millones.

“También se habla de que estos grupos tienen intereses, que los hacen limitar las posibilidades de informarnos. Un ejemplo muy reciente es el que se dio con las elecciones y Cambridge Analytica y pensar si hubo una incidencia en la gente, si la curación de contenidos o las publicidades y la información dirigida pueden servir para manipular a la gente”, precisó Pallero.

- En el debate de la libertad de expresión se puede difundir cualquier contenido, incluso los que son falsos.

- Es el fenómeno de las fake news, de la desinformación, pero hay distintas posturas entre los que analizan los derechos de la libertad de expresión, hay posturas más maximalistas y otras más restrictivas. Yo soy de los que piensan que para una sociedad y una democracia es mejor que sea maximalista, es decir, que más gente pueda decir más cosas. Lo digo sin desconocer estos riesgos, de las mentiras y manipulaciones, no sólo de que cualquiera pueda decir lo que quiera, sino que a veces hay esfuerzos coordinados de grandes actores, incluso se llegó a hablar de Rusia en las elecciones, que se ocupan de empujar desinformación y de generar discordia con cierta información. La pregunta que nos tenemos hacer es si es bueno generar prohibiciones y antes de contestar también debemos pensar cómo se van a definir esas reglas, quién las va a establecer, quién va a decir que algo es verdad o que es mentira. En algunos momentos eso puede ser obvio, pero por ejemplo una columna de opinión que se basa en trascendidos, algo que en el periodismo se usa mucho, califica como verdad o mentira.

- En las campañas políticas estos conceptos se encuentran constantemente.

- Claro, si un presidente promete una cosa y después no lo cumple, ¿mintió? ¿Sabía desde antes que no lo iba a poder hacer? ¿Esa mentira está amparada por la libertad de expresión? ¿Cambia esto si el que lo dice es un funcionario público o si es una persona común? ¿Cambia si tiene 100 seguidores o 16 millones? A la hora de establecer penas, de prisión o una multa o el castigo que sea, ¿quién juzga eso y quién lo aplica?

Consultado por el caso del jugador de rugby australiano Israel Folau, que fue sancionado en su país por publicar en sus redes sociales comentarios homofóbicos, Pallero manifestó: “El derecho internacional de la libertad de expresión, que es el marco en el que a veces nos orientamos para discutir quienes hacemos trabajo de política pública en derechos humanos, establece que, como cualquier derecho, la libertad de expresión tiene límites. Son muy pocos y dependen del sistema de derechos humanos en el que estemos parados; por ejemplo, en Europa es un poco más restrictivo que en América. Existen límites, como el discurso de odio que incita a la violencia o la apología del odio racial o la guerra son clásicos límites a esta libertad y se puede evitar que una persona se exprese”.

- Por lo tanto, ¿se trata de límites morales o legislados?

- Hay límites legislados, pero son establecidos como responsabilidades ulteriores en la mayoría de los casos. Por ejemplo, en el sistema americano no se admite la censura previa pero sí las responsabilidades ulteriores; la libertad de expresión no significa que no tenga consecuencias lo que decimos, hay que bancarse las consecuencias y en la actualidad las tecnologías digitales nos permiten que haya varios tipos. Algunas legales, como en la apología del delito, la difamación, injurias y calumnias, son civiles o penales, uno debe retractarse o pagar una multa. Y con las herramientas digitales hay también consecuencias sociales, se puede decir algo que no es ilegal, pero si es una barbaridad habrá presión social para que a ese jugador se lo eche de la selección, por ejemplo. Muchas represalias, de hecho, llegan de manera directa, con muchos que envían respuestas o lo van a buscar a su hogar.

- Otro debate que se genera en materia de derechos humanos e internet es el uso que se hace de la información personal.

- Eso tiene más que ver con el derecho a la privacidad, a la intimidad, y la manera en que estas tecnologías permiten recoger grandes cantidades de datos sobre uno. Cuando se piensa en datos personales se piensa en el domicilio, documento, pero no es sólo eso, sino que también: qué te gusta hacer, con quién te juntás, cuánto tiempo pasás en el auto yendo al trabajo, qué camino usás, cuántas veces en el año compraste algún producto, si se lo regalaste a alguien. A la vez, cruces de información de todos esos datos, por ejemplo, mi ubicación y el camino que hago hasta el trabajo, se pueden cruzar con el que hace mi secretaria o una socia, con la que puedo tener una relación que mi esposa desconoce, saber cuántas horas estamos juntos y dónde. Del mismo modo, sabiendo la ubicación se puede conocer que uno visita periódicamente una clínica para el tratamiento del cáncer sin que lo sepa tu familia. Hay mucha información sensible que surge del cruzamiento de la información, por lo que lo valioso no son los datos en sí, sino la inteligencia sobre los datos, lo que nosotros llamamos el “big data”.

En este sentido, Pallero resaltó que las compras, por ejemplo, no se pueden pagar con datos personales, “no se puede pagar un kilo de azúcar con el historial de navegación de internet, pero es una mina de oro cuando se lo analiza en conjunto, lo que demuestra que la privacidad es un problema social, no sólo personal”. Y agregó: “Se acostumbra a pensar que la vida privada es que no te molesten, no te vean desnudo o no entren a tu casa sin tu permiso, pero también hay una dimensión social”.

- ¿Cómo hace uno para no entrar en paranoia de que con todo lo que se usa lo pueden estar vigilando o resignarse a que lo que sea que uno haga tendrá alguna conexión?

- A nivel personal uno debe tener un equilibrio. Porque si te dicen que hay que usar productos que recojan la menor cantidad de datos posibles, o no usar productos de internet que analicen datos masivamente, por más que sea gratis, y otros consejos de ese tipo, te condenarían a una vida excluido del sistema y no es algo que está bueno. Incluso es difícil no usar algo que genere información. Lo que se puede hacer es ser consciente de eso y, cuando vemos que avanza en extremos que no son convenientes, por ejemplo, que el Estado junte cada vez más información o que las empresas lo hagan sin dar seguridad de que se filtren o se vendan, hay que reaccionar. Por otro lado, uno no tiene que estar pensando todo el tiempo en esto, sino que se deben votar políticos y apoyar políticas que traten estos temas, con las leyes de datos personales que establecen que no se puede hacer cualquier cosa con los datos de la gente.

En esta línea, el especialista consideró que es fundamental la toma de conciencia y la limitación de la cantidad de información que se ofrece, entendiendo que es difícil retirar de internet la información que se sube, “pero hay que plantearse cuestiones más ambientales, como sucede en medioambiente con el cuidado del Amazonas, se puede mejorar consumiendo menos cosas que no sean reciclables, pero lo que más ayuda y que genera un verdadero cambio social es cuando el gobierno tiene una política definida”, puntualizó. Y completó: “Ayuda que los usuarios hagan su parte, pero más lo hace cuando lo define el que tiene el poder, que en este caso son las empresas o los gobiernos, y las empresas no tienen ningún interés en defendernos a nosotros”.



Luis Schlossberg.  Redacción Puntal

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