No importa —parece— el hecho. Importa —parece— que haya alguien, parado con un celular, que mire a través de la pantalla y que lo reproduzca y que lo suba y que otros lo reproduzcan y lo manden a otros para que deglutan con ojos ausentes y atropellados eso que tiene que mostrarse para que exista porque mirá, cómo puede ser, qué desastre, los jóvenes, así no. No importa —parece— ese chico, tirado, inconsciente. Importa —parece— acercarse, ser ese testigo que no ve, sino que huele, que es un carroñero, que sólo llega después, que pregunta para parecer porque eso es lo que importa. No importa que pueda ser tarde y demasiado. Importa y es necesario —casi urgente— que no haya tiempo: importa el límite, el riesgo, el último momento.
Sucedió la madrugada del miércoles 25 de diciembre, a la vera de la ruta 158. Sucedió cuando suele suceder: a la salida. Cuando un grupo de jóvenes se retiraban del boliche Ámsterdam. Las imágenes se conocieron poquísimo tiempo después. La pelea apareció acá y allá porque no había manera de que no se conozca. Porque viralizar parece una palabra que se conjuga sola. Parece un verbo que se pronuncia en el anonimato.
La filmación: la mayoría son jóvenes. Visten camisa, remera, bermuda, pantalón. Son todos hombres. Unos diez. En un sector, algunos gritan. Se pechan. Más atrás, comienza la pelea. La víctima es una. Le pegan. Cuando cae le siguen pegando. Se ve una patada. Y la víctima queda ahí: quieta.
En otro video —ambos de un minuto y medio— un grupo se acerca. Lo tocan. Una mujer dice que llamen al 911. Otro dice: “Está bien seguramente”. La víctima no abre los ojos. Se escucha otra voz: “Dice que lo carguen, que lo lleva”. Se escucha otra voz más: “No lo muevan”. La misma joven que dice de llamar al 911 les dice a los que la rodean que sabe RCP. Un chico la invalida: ¡¿Qué RCP flaca?! Una autoridad municipal conversa con otro joven. Y eso es lo último que se ve.
El jueves 26 de diciembre, a eso de las nueve de la noche, personal del Servicio Adicional del Hospital Regional Pasteur encontró a un joven. El joven, con domicilio en Villa María, es Joaquín Araya (26). Se estaba realizando una tomografía porque el día anterior ese chico, tirado, inconsciente, era él. Según informó la Departamental General San Martín, el damnificado dio su versión: contó que defendió a dos amigos que iban a ser golpeados por otras cuatro personas. No pudo: esas otras, a las que identificó, lo dejaron inconsciente.
Por aquellos días, la Fiscalía de Instrucción a cargo era la de Primer Turno, encabezada por Silvia Maldonado. Se comenzó a investigar. No hubo denuncia sino que la causa se inició de oficio por aquel verbo: sin el que se hubiera conocido el hecho —¿se hubiera conocido el hecho?—. Y Araya fue citado a declarar.
Poco después de las seis y media de la mañana del martes 31 de diciembre, la Policía tenía la información y allanó dos casas en los barrios Parque Norte, en Villa María, y San Antonio, en Villa Nueva. Dos jóvenes de 19 y 22 años fueron detenidos por ser los supuestos autores del delito de lesiones leves y les secuestraron material probatorio.
Los acusados recuperaron la libertad
Casi una semana después del episodio violento se concretaron las detenciones. Y, de acuerdo con los datos recolectados por este matutino, unos 28 días después de la golpiza los dos acusados recuperaron la libertad.
Según pudo saber este diario, el lunes 20 de este mes, en el marco de la Feria Judicial, los jóvenes de 19 y 22 años fueron indagados. En esas circunstancias, se dispuso la medida mencionada.
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La filmación: la mayoría son jóvenes. Visten camisa, remera, bermuda, pantalón. Son todos hombres. Unos diez. En un sector, algunos gritan. Se pechan. Más atrás, comienza la pelea. La víctima es una. Le pegan. Cuando cae le siguen pegando. Se ve una patada. Y la víctima queda ahí: quieta.
En otro video —ambos de un minuto y medio— un grupo se acerca. Lo tocan. Una mujer dice que llamen al 911. Otro dice: “Está bien seguramente”. La víctima no abre los ojos. Se escucha otra voz: “Dice que lo carguen, que lo lleva”. Se escucha otra voz más: “No lo muevan”. La misma joven que dice de llamar al 911 les dice a los que la rodean que sabe RCP. Un chico la invalida: ¡¿Qué RCP flaca?! Una autoridad municipal conversa con otro joven. Y eso es lo último que se ve.
El jueves 26 de diciembre, a eso de las nueve de la noche, personal del Servicio Adicional del Hospital Regional Pasteur encontró a un joven. El joven, con domicilio en Villa María, es Joaquín Araya (26). Se estaba realizando una tomografía porque el día anterior ese chico, tirado, inconsciente, era él. Según informó la Departamental General San Martín, el damnificado dio su versión: contó que defendió a dos amigos que iban a ser golpeados por otras cuatro personas. No pudo: esas otras, a las que identificó, lo dejaron inconsciente.
Por aquellos días, la Fiscalía de Instrucción a cargo era la de Primer Turno, encabezada por Silvia Maldonado. Se comenzó a investigar. No hubo denuncia sino que la causa se inició de oficio por aquel verbo: sin el que se hubiera conocido el hecho —¿se hubiera conocido el hecho?—. Y Araya fue citado a declarar.
Poco después de las seis y media de la mañana del martes 31 de diciembre, la Policía tenía la información y allanó dos casas en los barrios Parque Norte, en Villa María, y San Antonio, en Villa Nueva. Dos jóvenes de 19 y 22 años fueron detenidos por ser los supuestos autores del delito de lesiones leves y les secuestraron material probatorio.
Los acusados recuperaron la libertad
Casi una semana después del episodio violento se concretaron las detenciones. Y, de acuerdo con los datos recolectados por este matutino, unos 28 días después de la golpiza los dos acusados recuperaron la libertad.
Según pudo saber este diario, el lunes 20 de este mes, en el marco de la Feria Judicial, los jóvenes de 19 y 22 años fueron indagados. En esas circunstancias, se dispuso la medida mencionada.

