Tenía 29 años, y se llamaba Andrés Ferreyra.
Nació en 1990, y falleció ayer en Tío Pujio, donde todos lo conocían como Peteco, el hincha número 1 de Hipólito Yrigoyen.
No podía ser de otra forma, era nieto del “Pocho”, histórico utilero del “diablo rojo de Ruta 9”. Era hijo de Claudio, exjugador del club, y de Roxana, maestra de la escuela primaria del pueblo.
Una enfermedad crónica le fue quitando la posibilidad de moverse por sus propios medios, pero tenía tantas ganas de vivir que trepaba a su bicicleta, y se las ingeniaba para ir a la cancha. Como fuera, él iba.
Luego la silla de ruedas siempre encontró manos dispuestas a llevarlo a todos los partidos, porque Peteco no faltaba ni a los amistosos. Si Yrigoyen jugaba en el Norte, en el Centro o en el Sur de la Liga Villamariense, algo era seguro: Peteco estaría haciendo el aguante en las buenas y en las malas.
Cuentan que muchas veces los jugadores lo veían llegar a duras penas, pero le encendían el alma con un saludo, o dedicándole un gol a ese “diablo” que era un ángel.
Dicen que su hermana mayor en el cielo estaba esperándolo, pero su hermana menor lo entretenía en su Tío Pujio amado, donde dejó su huella, y donde verán pasar a su duende en su bicicleta o en su silla.
Era muy chico cuando Yrigoyen ganó la Liguilla pre Interligas con Eduardo Bassi en el ‘93. Pero “Peteco” les podía contar los goles de toda la campaña, que imaginó.
A los goles los del “bi” del 96 y 97 con el “Chacho” Peñaloza se los contó “Pocho”. Pero a los del 2006 con Pereno los gritó con alma y vida, esa que se iba apagando, y por ello los jugadores de Germán Vicario le dedicaron el bicampeonato de 2015, cuando la “Banda de Peteco” copó Plaza Ocampo.
Vivió más de lo que todos imaginaban, porque le sobraban ganas y pasión por el fútbol. Se apagó ayer, cuando a ese “diablo” un ángel (¿su hermana?) lo pasó a buscar. Desde el cielo alentará al “diablo”.

