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"Era un padre y una enciclopedia"

Así describió Carlos Bonaveri a Carlos Timoteo Griguol, quien falleció ayer. "Enseñaba todo el tiempo con su lenguaje simple, que te tocaba el alma. Con él se aprendía mucho de fútbol pero aún más de la vida. Un maestro"

Carlos Bonaveri no dudó en describir a Carlos Timoteo Griguol como “un adelantado, un maestro que fue capaz de enseñarte todo el tiempo con su lenguaje simple, que te tocaba el alma, pero además de ser una enciclopedia de fútbol, era un hombre que me enseñó para la vida y que estuvo en todos los pequeños y grandes detalles de todos sus futbolistas”.

Ayer falleció a los 86 años uno de los grandes maestros del fútbol argentino. Covid-19 agravó su complejo cuadro de neumonía.

Su legado es enorme, su huella está reflejada en cada testimonio de sus discípulos.

El villamariense Carlos Bonaveri es uno de ellos y expresa con orgullo que “fui a Ferro con 15 años recién cumplidos y en 5 años me marcó para toda mi vida. Me enseñó como futbolista, pero en la edad de la rebeldía, me enseñó para la vida. Griguol creó una escuela de fútbol, una forma de entender el fútbol y la vida”.

Explicó que “en ese nivel de profesionalismo, sólo un maestro podía ver cosas que son pequeñas para algunos, pero para nosotros que éramos adolescentes, fueron fundamentales”.

Estimó que “estaba un paso adelante en todo, en la educación integral de la persona. Más allá que en lo futbolístico era una enciclopedia, un libro abierto que cada vez que hablaba, algo te dejaba pero más le dejaba a la persona”.

Agregó que “en Ferro la pensión era ejemplo en el país. Estudiar era una obligación, y si te iba mal en la escuela, no jugabas con Griguol”.

Apuntó que “teníamos charlas con médicos deportólogos, traumatólogos, clínicos, nutricionistas, charlas de educación sexual. El 80% de esos jugadores son DT y amamos el fútbol. Tenemos un grupo de WhatsApp con 66 jugadores de aquella época, en la que Víctor Marchesini (se casó con una de las 4 hijas de Timoteo) nos informó su fallecimiento”.

Insistió en que “en ese grupo están desde Cúper al ‘Ratón’ Ayala. Por eso te digo que no sólo nos enseñó como futbolistas”.

Aclaró que “jugadores de primera como Cúper o Garré, lo respetaban como los pibes. Dejaban sus autos nuevos, a varias cuadras de la cancha, porque el ‘Viejo’ se enojaba. Primero debían comprarse la casa o el departamento para ellos y sus familias. Timoteo siempre anduvo en un Fiat 125”.

Resaltó que “antes eran pocos los jugadores que eran transferidos a Europa, y menos los que se salvaban con el fútbol. Por eso esas enseñanzas eran clave cuando la fama empezaba a golpear las puertas de un equipo que hizo furor”.

Enfatizó que “los equipos antes se recitaban de memoria durante muchos años. Se los sabían todos los hinchas, porque jugaban 10 años los mismos. Era duro llegar”.

Explicó que “esos valores que nos inculcaba a los chicos, aún me sirven para mi vida, y se los transmito a mis dirigidos. Y a los jugadores que se encontraban con una platita grande, les pedía no hacer ostentación, y los orientaba”.

Remarcó que “siempre nos dijo que el fútbol era algo fugaz. Y aprovechar el momento para acomodarse era lo que nos legaba”.

El espejo del fútbol y la vida

Bonaveri manifestó que “Aimar y Bonini hablaban su mismo idioma. Yo entrenaba con mi división y la Primera entrenaba en una cancha al lado de la nuestra. El espejo estaba a nuestro lado”.

Consideró que “nos repetía jugadas con jugadores de la Primera, nos llevaba en el micro con ellos, y en Pontevedra siempre un par de pibes de inferiores se quedaban a entrenar con la primera. Eso era lo máximo, entrenar con todo ese equipo campeón, comer, viajar y hasta compartir vestuarios”.

Recordó aquel equipo que fue subcampeón del Boca de Maradona y el River Plate de Kempes en el ‘81, y luego campeón invicto en 1982 venciendo a Quilmes en la final, y luego en el ‘84 humillando a River Plate. “Los veía todos los partidos. Empezó atajando Barisio, que tuvo el récord de valla invicta, Mario Gómez, Cúper, Rocchia y Garré, Arregui, Saccardi y Cañete; Crocco, Márcico y Juárez. Esa formación fue gloriosa se codeó con los grandes y jugó Libertadores”.

Dijo que “fue un padre y un gran maestro del fútbol y la vida”.

Una marca indeleble

Remarcó que “los valores humanos que nos dejó en nuestra formación nos marcó. En esos 5 años que viví, me convertí en hombre. Y le agradeceré siempre lo que me legó, porque aún me sirve hoy”.

Dijo que “Desio, Cristofanelli, Acosta, Burgos aún están en cuerpos técnicos de elite, pero otros seguimos en diferentes niveles y nos consultamos todos los días. Nos dejó su impronta y sus formas”.

Añadió que “fue un adelantado en todo. En lo futbolístico hay conceptos de Guardiola que son los que él transmitía. No era Bilardo, ni Menotti, era Griguol, y tenía cosas de los otros dos. Fue una suerte nutrirme de su escuela. El respeto que se ganó en el mundo del fútbol fue por su humildad, su capacidad de solidaridad y de trabajo. Un maestro, un adelantado”.

“Influyó en mi vida al legarme sus valores”

Bonaveri reflejó sus vivencias, pero resaltó que “era humilde, simple, claro y solidario”

Recuerda Carlos Bonaveri que “fui un mimado de esa pensión que era una escuela de fútbol en Ferro. Griguol me premió porque yo andaba bien en el estudio, y me dio la posibilidad de vivir en un departamento, pero yo seguía muy pegado a esa pensión. Los jugadores de la Primera iban a comer con los de la pensión al restaurante”.

Describió a Griguol como “un tipo que te preparaba para la vida cotidiana. A Garré, porque se compró una Coupé Fuego, le gritó adelante de todos: ‘¿Por qué no vas a comprarle bombachas a tu mujer antes de comprarte ese auto?’. Era un jugador de selección”.

Contó otra anécdota. “Un día nos señaló dos gomas grandes de camiones. Nos dijo: ‘Encaren las gomas’. Tenían resortes a los costados como las puertas vaqueras, por lo tanto uno saltaba y las abría con los brazos al chocar las gomas. Ese movimiento utilizando los brazos era lo que te permitía saltar con potencia, para que el rival no te agarre”.

Agregó que “Marchesini y Cúper se cansaban de hacer goles de cabeza. Eran los 2 centrales, y era una causalidad. Nos preparaba la fuerza y la técnica para el salto. Nos ponía 10 pelotas colgadas y teníamos que saltar y cabecearlas. A algunas las cabeceábamos, a otras no llegábamos por poco y a otras nos faltaban como 30 centímetros. Sin embargo, 2 o 3 meses después las rozábamos y después las cabeceábamos. Esa técnica que nos enseñó para saltar nos permitía elevarnos 30 centímetros más”.

Indicó que “Ferro jugó Libertadores porque fue campeón o subcampeón. Se codeó con todos los grandes del país y Sudamérica”.

Resaltó que “Griguol caía de sorpresa a las 22 o 23 horas a la pensión. Era el mejor DT del país. ‘Qué le está pasando pibe’, nos decía”.

Agregó que “se interesaba en todo lo que necesitábamos. Perdí a mi mamá a los 15 años y mi papá iba de vez en cuando a verme, nos dábamos fuerzas entre los 2. Cada vez que iba a verme, era un invitado de honor. Almorzaba, cenaba y viajaba a los partidos nuestros, pero mi papá iba también en el micro de la Primera. Lo integraba como un jugador más y lo llevaba a la cancha. Eso era increíble. Se fijaba en la educación integral y las necesidades humanas de todos”.

Recordó: “Siempre nos decía: ‘Algunos mirarán los pájaros y a otros les entrará lo que digo. A esos, les servirá para la vida’. Y así fue”.

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