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Una caricia a la nostalgia, aquellos boliches que marcaron una época

Villa María siempre estuvo a la vanguardia. Los reductos nocturnos quedaron impregnados a fuego en la memoria popular de diferentes generaciones de villamarienses. Reconocidos discs jockeys locales recordaron momentos

La máquina del tiempo no se detiene, los momentos inolvidables pasan vertiginosamente en la vida de cada persona, pero lo que siempre perdura es la memoria.

Chac, Kreo, Kabranca, Flop, Fancy, Metrópoli, Coyote, Tequila, El Ángel, Juanita La Pistolera y La Diosa y La Bestia, por citar algunos nombres, han quedado marcados a fuego en las retinas de varias generaciones de villamarienses. Son los boliches que marcaron una época inigualable, que ya no existe, pero se mantienen vivos en el recuerdo de la ciudad y serán parte de la misma para siempre.

Puntal Villa María dialogó con los protagonistas de hacer bailar y disfrutar a varias generaciones. Recuerdos, nostalgias y emociones de los discs jockeys de aquellos reductos nocturnos de Villa María.

En diciembre de 1980 y bajo un intenso calor abrió las puertas sobre la costanera (arriba de Central Argentino), Kabranca, el espacio bailable que llegó para destronar a las legendarias Chac y Creo, que por entonces se ubicaban en el centro de la ciudad.

Máximo Acosta es todo un referente y una biblioteca abierta de lo que fue la creación de Kabranca, el boliche que para muchos “rompió con todo lo que había hasta entonces”. El DJ llegó desde Brasil para no irse nunca más de la ciudad.

“Soy oriundo de Misiones, cuando crecí me fui a trabajar a Camboriú, luego pasé a San Pablo y Río de Janeiro, siempre en reductos imponentes”.

-¿Cómo era Kabranca?

-Era un boliche totalmente innovador, estaba a la altura de cualquiera de grandes ciudades de la Argentina y de Sudamérica, era impactante por su escenografía, su calendario azteca lleno de luces, espacios y sonidos. Tenía una pista totalmente iluminada bien al estilo de la película “Fiebre de sábado por la noche, de John Travolta”, y también no porque yo era el Dj pero su música muy exclusiva e inédita en la Argentina, por su estilo de mezcla no era común en la zona”.

Acosta además puntualiza: “Yo viajaba a Foz de Iguazú, Brasil, cada dos a tres meses y me traía los últimos éxitos mundiales que en la Argentina la compañía discográfica no editaba, por lo tanto sonaba música que no se iba a escuchar en otro lado”.

Sobre los visitantes el reconocido Dj dice que: “Llegaba gente de toda la zona, Río Tercero, Río Cuarto, San Francisco, Córdoba Capital, era increíble la receptividad. Teníamos un promedio de 2.000 personas, para la época era una megadisco que al final resultaba chica por la cantidad de público que asistía. Varias noches quedaba gente afuera sin poder entrar.

-¿Qué sensaciones le genera pasar por el lugar y recordar aquellos años dorados de la noche de Villa María?

-Serán siempre gratos recuerdos, una época memorable e inolvidable, de querer que vuelvan esas lindas noches de diversiones sanas en todo sentido. Cuando se me viene la imagen de las filas que se hacían a las 10 de la noche para poder entrar, a la medianoche ya explotaba. Son sensaciones inolvidables e irrepetibles.

El boliche, que sufrió un incendio en 1984, funcionó hasta 1990, cuando aparecieron otras opciones de pubs en la ciudad.

Metrópoli, el boliche gigante

En diciembre de 1993 nace la inmensidad de cemento en Bulevar Italia y Santa Fe. Recordada por su inmensidad, llegó a tener más de 4.000 personas. Una brutalidad.

En los comienzos de los noventa no había reductos tan grandes, por lo tanto Metrópoli convocaba gente de toda la región. Las pantallas gigantes con videoclips marcaban el sonido del momento.

Sebastián “Peluche” Martín fue uno de los tantos discs jockeys que hicieron bailar y mover los cuerpos en el lugar.

“Estuve tres años. Era un bolichazo, fue una época hermosa de la ciudad, donde abundaban las propuestas en la noche, había opciones y también le iba muy bien a la región”, rememoró Martín, que también pasó música en Jet Set, Tequila, Coyote y Club 69, entre otros.

Diego Orlando, otro de los protagonistas de la noche de la ciudad que movieron sus bandejas por distintos sitios nocturnos. Pasó por generaciones de villamarienses y así recuerda la época dorada.

“Tuve la suerte de haber hecho bailar a varias generaciones, ya que tenía 13 años cuando empezó mi camino de la música, eventos sociales, cumples de 15 y casamientos. Hasta que llego un día muy especial, me llamaron desde Kabranca para que sea su dj, gracias a mi amigo Gabriel Hernández y Remo Salera, uno de los dueños.

Orlando además agregó: “Me acuerdo de los bailes de los colegios Rivadavia, Trinitarios, Rosarinas, Nacional, que se hacían los viernes, explotaba de gente bailando con una música tremenda, poníamos con discos de vinilos, con las bandejas y cintas abiertas, algo que los chicos de hoy no entenderían (risas). Máximo Acosta fue el primer dj de Kabranca, yo estuve en la segunda etapa, creo que hemos quedado en el corazón de muchas almas.

-¿Qué recuerdos tenés de los boliches que marcaron la memoria de los villamarienses y que fuiste parte?

-Tuve la suerte de poner mi música en Fancy, Flop disco, Loft Disco, La Lomoteca, Tequila, todos fueron lugares que nos marcaron, llenos de buenos momentos e inolvidables, venía gente de toda la zona, porque Villa María era ese lugar donde la pasabas espectacular, la música que se escuchaba era muy buena, y eso nos hacía distintos.

- Si por un momento cerrás los ojos y te transportás a aquella época, ¿qué ves?

- Uf. Cierro los ojos y recuerdo la cúpula de Kabranca, la costanera llena de almas que iban a ese lugar mágico, todos los boliches tenían su magia y por eso los recuerdo con tanto amor, creo que mi corazón está lleno de momentos hermosos y doy gracias a Dios por haber estado presente en muchas situaciones alegres para los ciudadanos. Estaría horas contando cosas lindas de esa época, hoy todavía estoy con la música y sigo en este camino que empezó hace muchos años, son varias generaciones que pasaron y gracias a la gente por tanto cariño, algo que construimos con trabajo y mucha pasión en cada una de las noches.

Para los que peinan alguna cana y no tanto, la noche de Villa María no es lo que fue en otro momento. Son otras las situaciones, hay nuevos aires y gustos también.

La propuesta bolichera de aquel entonces quedó impregnada en la sociedad. A pesar de que todos los mencionados están cerrados hace tiempo, se mantienen abiertos en el corazón de los villamarienses.

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