Pachi Martina no tiene egoísmo. Señaló: “Poco antes que empezara la cuarentena, me arrimé a jugar con unos pibes de 14 o 15 años en el club. Les dije que había que jugar de primera en vez de trasladar la pelota, y que no siempre había que ir para adelante. Cuando te tapan la salida, hay que volver y dar la vuelta para avanzar. Ustedes tienen que jugar ahora, así que aprendan. Ellos se reían”.

Siempre “me gusta que pasen por casa y me griten: ‘Chau Pachi’. Yo hablo con ellos en su idioma, me gusta reírme de las palabras que utilizan y comparto con los pibes como si fuera uno más. Eso me rejuvenece. Les dije que yo a los 14 años ya jugaba en Primera y ellos no saben cambiar de frente”.

En cambio, dijo: “Veo a varios amigos preocupados por la situación, sin trabajo, sin contratos, con familia. Veo negocios cerrar y me pregunto por qué algunos creen que tienen que seguir ganando tanto, y otros no tienen para darles de comer a sus hijos, cuando todos vamos a terminar en un cajón, y los cajones no tienen bolsillos”.

Ese crack que volaba como una flecha por los campos de juego y se vestía de Robin Hood para darles a los pobres de Colón su primer título en 1982, y el tetracampeonato del 86 al 89 hasta transformarlo en un grande de la Liga, señaló: “Alumni venía a Arroyo Cabral y se llenaba la cancha. Alem, lo mismo. Playosa tenía los Ortín, Cossavella, Aimar. Todos eran buenos. Y les jugábamos de igual a igual a todos”.

Subrayó: “El fútbol de la Liga en los 70 y los 80 fue una época dorada. A Estudiantes no le ganamos el Provincial porque lo respetamos en la Plaza, pero después le habíamos hecho 3 en Río Cuarto, y no sabía cómo hacer el árbitro para empatarnos”.

Indicó: “Siempre fui al frente. Nunca necesité que me incentiven y una vez por ganarle a River Plate le dimos el título a Rivadavia”.

Agregó: “Colón empezó a ganar títulos y los árbitros y jugadores lo respetaron diferente. Al inicio de cada temporada, había 50 jugadores probando. Vinieron jugadores de Buenos Aires, Córdoba y eran buenos algunos, pero Colón traía a uno o dos por año”.

Apuntó: “Ahora se enojan los jugadores cuando los sacan. Les digo que es fácil llegar, pero después tenés que demostrar cuando el DT te pone y te saca. Hay que demostrar siempre. Nosotros jugábamos siempre los mismos, y el que llegaba era bien recibido. Hay que demostrar todos los días. Te lo dice alguien que jugó casi 30 años”.

Recordó: “En los bares saben todos, y en su casa son todos buenos. Pero los DT eligen, y hay que ser amigo del DT de la raya para adentro, porque allí tenés que defender al equipo y al DT, pero si vos sos amigo afuera y por eso querés que te ponga, tenés que ser amigo de la raya para adentro”.

Manifestó: “Ramón Conti no salió campeón por casualidad. Yo no compartía su manejo de grupo, pero lo respeté porque laburaba mucho y bien. Trabajaba sin pelota la parte táctica, y era un adelantado. Si tenía que trabajar 2 horas los 4 días de la semana, se hacía”.

Recalcó: “Trabajó en bloque y el equipo se hizo compacto. Era un buen grupo de jugadores y lo hizo mejor equipo. No nos hacían goles y ganaba sin castigar”.

Expresó: “Conti ganó en todas partes. Sería un tonto si no reconociera que se cansó de ganar. Digo que tenía su forma y nos ayudó a ganar en el 82, y en el 89. No se le puede cuestionar nada”.

El tetracampeonato

Reconoció “cortó un hechizo”. “Ramón Conti cambió y ganó. Fuimos campeones en cancha nuestra y ante Rivadavia”, remarcó.

Destacó: “Ganábamos nocturnos y éramos subcampeones. Pero después fuimos campeones con mi amigo Zurdo Giacri, con Raúl González, y volvió Ramón Conti a salir campeón ante River Plate en la Placita”, dijo.

“Pachi” tuvo 7 hermanos. “Mis padres fueron humildes y me enseñaron a ir de frente y ser honesto. Vi jugar a mi padre, jugué con mi hermano mayor, Juan Carlos, fui campeón con mi hermano menor, Sergio. Eso no tiene precio. Mi señora Adriana Torelli, mis dos hijas Gisela y Romina, son mi gran incentivo. Por ellos siempre quise volver a mi casa”.