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"Aprendí a jugar por la gloria"

Franco Ortiz resalta que "hay muy buena calidad de jugadores en Villa María, pero falla la organización. Unión Central fue campeón provincial con un equipo espectacular en 2002, pero fue todo a pulmón. Ese grupo se impuso a todo"
 
 

Franco Ortiz fue un defensor que dejó su marca en el fútbol local, y que increíblemente no pudo aprovechar sus oportunidades en niveles superiores, a los que ahora aspira a llevar a los futbolistas locales.

Su calidad le permitió debutar a los 15 años en Alem de la mano de Jorge Peñaloza, luego ser campeón provincial en Unión Central, y en la Liga con Alumni e Yrigoyen. También se dio el gusto de lograr un título con Talleres de Etruria en un equipo plagado de villamarienses. Por ello considera que “hay muy buenos jugadores en Villa María, pero los clubes están con muchos problemas y hay un bajón preocupante a nivel organizativo”.

Capaz de colaborar con su hermano (Alberto Ortiz) marcándole jugadores para su exitoso proyecto en Cañuelas (de allí emigró Natanael Guzmán adquirido por City Football Group), considera que “es una buena propuesta para terminar de formar a jugadores locales para otro nivel. Me gustaría armar un centro de entrenamiento de fútbol. Aunque estoy formando como DT de All Boys, veo que el fútbol de Villa María necesita un despegue desde su base, porque hay buena calidad”.

Franco Ortiz ayuda por convicción. Junto a Diego Pedernera tienen el sueño de trabajar juntos, lo que hicieron para un merendero de barrio Las Playas. Sostuvo que “tengo sentido de pertenencia en All Boys, es un orgullo abrir y cerrar el portón de la cancha. Jugué allí todo el baby con Jorge Alamo, a quien agradezco y respeto por todo lo que me enseñó. También tuve la suerte de tener a Marcelo Alamo y Carlos Romero en las inferiores de Alem, que fueron campeonas a nivel local y provincial en numerosas ocasiones. El fútbol me hizo conocer luego a Yrigoyen, que fue un gran amor en el que me retiré”.

Remarcó que “la relación con Yrigoyen siempre fue óptima. Ya de viejo, cuando me había cansado de viajar a Etruria, y aún no había terminado de rehabilitar la rodilla (sufrió rotura de ligamentos), me llamaron y no dudé en volver y jugar con Peñaloza, que me había hecho debutar. Me retiré en 2018”.

Mencionó especialmente que “me quedó grabado a flor de piel mi paso por Unión Central. Allí tuve la suerte de poder jugar con mi hermano ‘Beto’, pero ganar el torneo Provincial fue histórico y la experiencia fue tan linda con ese grupo, que no tiene comparación lo que sentí”.

Por la gloria en Unión Central

Pocos son los jugadores que pueden contar que fueron campeones provinciales en inferiores y en primera. Pero esa historia en el “aurinegro” fue un amor de verano que perdura en el tiempo. “Tenía 17 años, y nunca había jugado de 2. Peñaloza me hizo debutar de 4, luego me puso de 8. ‘Cholo’ Romero me hizo jugar como volante. También jugué de 6, pero de 2 me puso ‘Pelé’ Sánchez en el Provincial. Armé dupla con Andrés Lazo, que tenía mi edad. Por suerte, César Orviz volaba, se corría todo por derecha, y Paulo Velasco era una garantía por izquierda”.

Igual, resaltó que “Silvio Munch era el que guiaba a esa defensa. Es una radio que te va informando todo el partido. Si jugué de 2, es gracias a ese arquerazo que teníamos, que me enseñó a jugar de 2. ‘Pelé’ Sánchez me convenció, pero me rodeó muy bien. Adelante mío jugaban ‘Bicho’ Aguilera o Ariel Berterame. Era imposible reventarla con esos dos, no tenía opción porque ellos te resolvían todo. Sólo había que dársela”.

Insistió en que “de mitad para arriba ese equipo te goleaba. Lo mejor que pasó, fue el desafío de jugar por orgullo. Oscar Olivera había armado un equipazo, y nos quedamos con la espina el torneo en la Liga. Fue el primer Provincial, y todos pusimos como garantía el pase para poder jugar, porque los dirigentes no querían participar por temor a que quedaran deudas al club. Jugamos por la gloria”.

Resaltó que “fue todo a pulmón. Una vez íbamos a Marcos Juárez, y nos íbamos ubicando en los autos que iban llegando al club. En el primer entrenamiento practicamos con pelotas que eran nuestras”.

Estimó que “miro a los grandes equipos, y me doy cuenta que fueron grandes grupos. Ese Unión Central terminó a toda orquesta ganándole la final por goleada a Tirolesa en la Plaza, y fue el único que venció como visitante a ese equipo en la final de ida bajo la lluvia”.

Recalcó que “fue un recuerdo hermoso porque todo nos costó, y fuimos todos para el mismo lado adentro y afuera de la cancha. Recuerdo el calor en la concentración previa a la final en Tirolesa, a ‘Chucha’ Araya llegando con los cajones de frutas que donaba Felipe a los entrenamientos en cancha de Sarmiento a las 13 en pleno verano. Muchos me dicen ‘mirá con qué poco se puede’, y yo les contesto: ‘Con grupo todo se puede’. Lo más difícil en el fútbol es que teniendo tan buenos jugadores se pueda armar tan lindo grupo. Ese grupo se impuso a todas las adversidades. Aprendí a jugar por la gloria”.

Su primer amor

Así como terminó su carrera con el DT que lo hizo debutar (Peñaloza), Franco Ortiz indicó que “me surgieron propuestas para dirigir, pero elegí empezar desde abajo. Mi primer club fue All Boys, y aunque tenía otras posibilidades, no dudé en sumarme. Dirigí la categoría promocional y la escuelita”.

Agregó que “somos 3 integrantes del grupo con Diego Ortiz y Cristian Caballero fuimos formando la escuelita. Este año iba a dirigir una categoría por los puntos. No tiene precio abrir y cerrar el portón antes y después de cada práctica en el club en el que me inicié”.

Destacó que “para dirigir a los chicos tenés que estar comprometido al 100%. Tenés que tener más ganas que los chicos para contagiarlos y para darles mensajes claros en sus primeros pasos. Hay que saber sobrellevar las situaciones cuando estás al frente de niños de 4 o 5 años”.

Indicó que “participo de clínicas y me gusta informarme, leer y aprender. Es incómodo por mi trabajo realizar el curso de DT en Río Cuarto o Córdoba. Quiero hacerlo, pero trabajo en la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos, y no podés ir cansado y mal dormido. Tenés que estar lúcido, porque no estás jugando con caramelos”.

Mencionó que “no me veo dirigiendo una primera división aún. No descarto hacerlo, pero trabajar con los chicos me enseña mucho, porque mejoran día a día, y ese camino hace que el niño te vaya enseñando. Así elegí crecer como DT, y eso me hace feliz y aprendo”.

Aclara que “siempre soñamos con Diego Pedernera tener nuestra propia escuelita. Es algo que tarde o temprano vamos a desarrollar, porque hasta el nombre tenemos: se llamará Líbero, porque los dos terminamos en esa posición”.

Destacó que “hicimos una primera experiencia en un merendero de Las Playas. Diego me preguntó si quería dar una mano, porque veía que los chicos querían jugar, pero había muchas carencias, y faltaba orden. Con ayuda de amigos y gente que colaboró compramos pelotas, pecheras, conitos, aros, redes para los arcos. Se fueron sumando chicos, y llegamos a tener 40 pibes jugando. Fue un gusto enorme poder trabajar con gente que no podía pagar una cuota en un club de baby fútbol”.

Destacó que “varios de esos pibes fueron ubicándose en clubes de baby fútbol. Hoy seguimos vinculados de una u otra manera al merendero San Expedito Las Playas Solidaria. Y cada vez que vamos la señora Stella Aguila y los chicos nos reciben de la mejor manera”.

Agregó que “mis compañeros de la Fábrica Militar, y los compañeros de Diego (Pedernera) en Saputo, colaboran siempre. Saben que siempre el merendero necesita una mano, y la Filial de Belgrano por suerte colaboró con el proyecto”.

Como deporte solidario, el fútbol le enseñó a “ayudar. Jugar al fútbol es lo que hicimos, y es lo que muchos pibes quieren. Es una satisfacción que llevaremos de por vida en el corazón ver a esos pibes del merendero felices, ponerse una pechera, dejar de jugar en el potrero y tener cancha con arcos. Hay pibes que ya van a la secundaria y en la calle te ven y te dicen: ‘Cómo le va profe’. Eso es mejor que cualquier título que gané en la Liga”.