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"Hacer ese gol no tiene precio"

Para Damián Ochoa ver a la Primera fue un aprendizaje, pero le dio resultado rescatar lo bueno y sumarle su impronta. “Antes se pegaba mucho. Yo veía a los Ludueña y me decía: ‘Jamás voy a jugar en Primera’. Yo no pegaba y me dijeron mil veces que para ser un buen defensor tenía que pegar más. Yo siempre propuse ganarle en velocidad y quitarle la pelota al rival”.

Recordó: “Aprovechar las oportunidades e imitar lo mejor de los mejores me mejoró. Yo miraba a Maradona y me gustaba enganchar como él para salir jugando y pegarle a la pelota como él me llevó a patear miles de tiros libres por día. Hice 23 goles de tiro libre, no está mal para una Liga”.

Insistió: “Siempre algún fruto te da practicar. Hice una barrera 1,75 y ponía a 9 o 10 metros. La pelota pasaba y tenía que bajar. Aprendí también de Rubén Paz”.

Indicó: “Así como aprendí a patear tiros libres, siempre fui muy amargo para patear los penales”.

Remarcó: “Hice 5 de 12. Por eso no pateaba penales. No fui a patear en la serie que Yrigoyen perdió la final contra Playosa porque nunca fui bueno para eso”.

En cambio, el gol de tiro libre que le convirtió a Alem marcó la historia. “Fue en la final de 1998 y fue la tapa de Puntal. Tiene una historia, porque el viernes habíamos discutido mal con Adrián López en una práctica y Jorge Peñaloza me echó. Luego hablamos, me disculpé y le dije que iba a hacer un gol de tiro de libre en esa final”.

Manifestó: “Osés y ‘Vaca’ Fernández me fueron a buscar para que arreglara la situación con el ‘Chacho’ Peñaloza, que me dijo que no le gustaba mandar a buscar a los jugadores a los que echaba. Tenía razón, por eso ‘Chacho’ nos dio dos títulos que no podíamos ganar antes con Yrigoyen”.

Destacó: “Tengo el video aún y me acuerdo que le dediqué el gol a mi papá y a mi hermano. Cuando se tiene que dar, muchas veces pasan cosas increíbles. Hoy la gente de Tío Pujio me lo recuerda”.

Recalcó: “Lo que sentí al hacer ese gol del título no tiene precio. Jugué 24 años en Yrigoyen y aún me acuerdo de un torneo en que sólo sumamos 1 punto”.

El cambio de mentalidad

Explicó que “el comienzo del cambio de mentalidad en Yrigoyen se dio en 1989 y 1990. En 1991 fue más marcado y en 1993 se gana la Liguilla pre Interligas”.

Resaltó: “En 1989 llegamos a una semifinal por primera vez. Fue un cuadrangular final y enfermé de hepatitis tras el primer partido. En 1990 fui a jugar con River Plate mi primer torneo Provincial”.

Señaló: “Allí aprendí que había que elongar. Fue cuando los viejos jugadores de Yrigoyen se me reían. Era nuevo para nosotros, pero en River Plate aprendí y en el 92, cuando juego en Central de Río Segundo, entendí todo lo que nos faltaba”.

Precisó: “Los PF que tuvimos como Bassi, Erreguerena, Perossi, Requena, Raspo nos enseñaron un montón. Con Bassi aparecieron pibes que le dieron un recambio muy importante, como Rovere, Schiavi, Aguiar, los Vicario, los Fernández. Con los refuerzos empezamos a pelear torneos y jugar el Interligas fue muy valioso”.

Los títulos e hitos en la historia

Ochoa detalló: “En 1993 le ganamos a Playosa una serie inolvidable cuando Jorge Céliz le ataja el penal a Aimar y nos permite jugar la final de la Liguilla Interligas contra Colón, que era el subcampeón de la Liga. Hice un gol de tiro libre en esa final, que ganamos”.

Estimó que “el Interligas fue lo mejor que pasó en Yrigoyen”.

Consideró: “Peñaloza sacó lo mejor de nosotros. Nos hacía enojar para que nos superáramos y logró hacernos mejor a todos. Me decía: ‘No sabés sacarla larga’. Y yo aprendí a hacerlo. A otro le dijo que nunca había tirado un caño”.

Indicó: “Resolvió problemas de fondo con su experiencia. Una vez tuvo que sacar a dos pibes porque no le pasaban la pelota a Páez. Otra vez tuvo que poner a pibes para jugar una final contra Ticino y la ganó en los penales, después de que Páez hizo 2 goles en los 4’ finales de un suplementario para empatar la serie. Nos convencía”.

Subrayó: “Los jugadores que vinieron de afuera nos dieron una experiencia y una personalidad que nos faltaban. Los PF nos dieron otra visión de la preparación. Y Peñaloza le encontró la vuelta”.

Por último, reflejó lo que no puede faltar para ser campeón: “Los grupos humanos. Yo en ese equipo que sale campeón en cancha de Colón cuando Osés les patea la puerta del vestuario local y los insulta a los rivales, compartí un vestuario único. Un día le cerraron el agua fría a Peñaloza y se quemó la espalda. Se retorcía en el piso”.

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