"Laucha", el roedor del gol
depoEdgar Mauricio Brusa no dudaba un segundo en el área. Tenía el gatillo fácil y veloz, no había otro lugar en una cancha que le sedujera tanto como el área y hasta cerca de ella era feliz y alegraba la vida de los hinchas de su club.
El “Laucha” llegó de Alto Alegre para triunfar en Alumni, donde se le recuerda por aquel campeonato que el Fortinero ganó invicto en la Asociación Cordobesa en el 1995 con Jorge Peñaloza como DT, porque hizo 18 goles en 17 partidos.
Su carrera tenía muchas situaciones vividas desconocidas. Es que siempre disfrutó en silencio sus tardes a pleno grito sagrado, que se escondían detrás de su humildad, esa que lo llevó a jugar en Arsenal de Sarandí y luego lo hizo pasear por Racing y Juniors de Córdoba a pleno grito de gol, sin que se le abriera su chance anhelada para jugar fútbol profesional.
Fue campeón en la ACF con Alumni, también en la Liga Villamariense, en la que se despidió del fútbol en el inicio del exitoso ciclo de Colón con Amadeo Perossi. También fue campeón en la Liga Bellvillense con San Martín de Monte Buey y mostró una buena versión goleadora en la Liga Béccar Varela con Recreativo.
Hoy el fútbol extraña su velocidad para definir. “Desde niño supe que la pelota iba a llegar alguna vez al área y yo tenía que meterla cuantas veces pudiera”, dijo.
No era un lírico. Era un goleador de raza. Remarcó: “Tenía 4 años cuando me mandaron a la cancha en Alto Alegre, donde mi papá compartía con don Zabala y José Moreno las tardes hermosas e interminables de fútbol. ‘Parece una lauchita’, dijeron y me quedó el apodo para toda la vida”.
En Villa María muchos lo llamamos por su primer nombre: Edgar. En Alto Alegre lo conocen como Mauricio. En el mundo del fútbol es “Laucha”, el roedor del gol.
De Alto Alegre a ser carta de gol
Le sobraba gol, pero siempre le faltó la suerte y la persona indicada para vivir del fútbol. Lo hizo en varios pasajes de su vida, pero nunca renegó de trabajar con la misma dignidad con la que jugó.
Fue carta de gol y de triunfo. Hoy se dedica a repartirlas. “En realidad por la pandemia, desde el Correo dispusieron que me encargue de armar el recorrido de mis compañeros carteros”.
Explicó: “Mis funciones eran otras anteriormente en Servicio del Interior pero, como no puedo ir al trabajo, desde mi casa diagramo los recorridos”.
Hasta el año pasado dirigió a Luro y 30 de Junio de Cintra. “El intendente me comunicó que pretendían bajar los costos y ofrecer trabajo a la gente del pueblo en las instituciones. Tengo una excelente relación con él y entendí que se había cumplido un lindo ciclo de 2 años. Si bien habíamos diagramado la pretemporada con los chicos de inferiores, sólo me ofrecían ir dos veces por semana y eso no es lo que quiero, ni lo que necesitan los chicos”.
Precisó: “Mi acuerdo fue para dirigir a los pibes de inferiores. El proyecto se cumplió. Es más, a mitad del primer año me pidieron que dirija la Primera. Les di una mano y llegamos a jugar las semifinales, en las que perdimos ante el equipo que ascendió: Deportivo Leones. Sólo le imprimí algunas ideas, pero el equipo estaba bien armado e hizo una gran campaña. El consuelo es que Leones tenía un presupuesto muy superior”.
Lo que más destaca es que, “si bien la intención era formar y preparar a los chicos para nutrir a la Primera, no sólo se promocionó a varios pibes, y quedaron algunos buenos proyectos con calidad para subir, sino que se ganaron dos títulos, que no es lo primordial pero siempre ayuda en un pueblo chico de 1.500 habitantes”.
Rescató: “La gente de la comisión y la de la subcomisión de inferiores trabajó a destajo y siempre cumplieron. Sólo tengo palabras de agradecimiento”.
Explicó: “Mi hijo Bernabé heredó mi pasión por el fútbol y está entrenando a los pibes de Unión Central. Ojalá podamos trabajar en algún lindo proyecto, porque siempre continúa capacitándome, aprendiendo, leyendo y actualizándome”.
Un DT que dejó su huella
Edgar Brusa señaló: “Siempre me gustó estar formando jugadores o dirigiendo en Primera, desde que dejé de jugar. Hoy veo la cantidad de pibes que me tocó formar en Española y es una satisfacción haberlos dirigido durante 5 años”.
Agregó: “La mayoría llegó a Primera. Si bien es un trabajo de muchos DT y de muchos años, me alegra verlos, que me saluden y que me agradezcan haberles enseñado algo”.
Aclaró que “los 3 años en inferiores, y los 2 en Primera de Española fueron muy gratificantes porque se pudo realizar un proyecto”.
Sostuvo: “Cuando dejé de jugar le encontré el gustito a dirigir. Lo acompañé a Heraldo Pereno en Yrigoyen, Rivadavia y Alem, donde dirigí a las reservas”.
Luego su pueblo le dio la oportunidad de lanzarse como DT. “La Primera de Unión Social fue el paso previo a dirigir en Alem y Colón. El paso por Alumni también fue muy grato y luego dirigí a los pibes de Cintra, comenzando bien abajo”.
Vuela bajo
Su habitual humildad le priva de resaltar sus virtudes y las de su hijo. “No sé si para bien o para mal, pero Berna respira fútbol igual que yo. Ojalá sea para su bien”.
Acotó: “Mi carrera se edificó como me enseñaron a mi casa: se llega si vas despacito, dando pasitos, con sacrificio. Nadie sabe que yo para jugar en Alumni me venía a dedo desde Alto Alegre a las 10 de la mañana y me volvía a dedo a las 17 horas. Y no era una o dos veces, eran todos los días de mi vida”.
Resaltó: “Mi familia siempre me bancó. Y eso es lo único que me importa. Sé que hay gente que me reconoce tanto esfuerzo, pero la mayoría sólo te ve en la cancha”.
Añadió: “No me interesaba si me pagaban o no. Yo quería jugar al fútbol y si cuento lo que me quedó pendiente de pagar me construyo un castillo”.
Precisó: “Quería llegar lejos y me esforcé para eso. Me tocó jugar B Nacional con Arsenal y es lo que me tocó. No me arrepiento de haberlo intentado, porque di el 100% en todos lados. Hoy tengo amigos a donde voy, que aún pelado como estoy me reconocen y me dicen que me vieron hacer goles. Hay mucha gente de Juniors o Racing que me ven en redes sociales y me mandan fotos y saludos. Eso es bueno, es una caricia al alma”.
Insistió: “El arranque en Alto Alegre fue jugando toda la tarde. En el club jugaba en la categoría 70, en la 71 y en la mía que es la 72. Era como hacer 4 o 5 años de baby. Por eso no me costó cuando fui a jugar a All Boys”.
Indicó: “Don Zabala, papá del ‘Mono’ (Marcelo) era el DT, con José Moreno. Un día me metió contra Silvio Pellico y me dijo que era una lauchita. No paré de jugar”.
Su padre, Omar, le dio el visto bueno para permitirle jugar desde muy chico. “En All Boys íbamos 3 pibes de Alto Alegre: Marcelo Zabala, Richard Moreno y yo”.
Estimó: “Siempre fui delantero. Todos corrían detrás de la pelota cuando eran chicos, pero yo la esperaba arriba para meterla en el arco. Jugué en Unión Central con ‘Pololo’ Sánchez los sábados en inferiores, mientras estudiaba en la Escuela del Trabajo. Al mismo tiempo, jugaba todos los domingos en Unión Social en una liga independiente. Debuté a los 15 años en Primera. A los 17 me fui a las inferiores de Independiente”.
El Diablo Rojo y la colimba
Afirmó: “Marcelo Alamo me llevó a Independiente, porque yo iba a jugar los torneos de la Fiesta de la Vendimia con River Plate”.
Apuntó que “jugaban Fernández, Gabriel Márquez, Gastón Eusebio, Marcos Alassia, Rayez, Santoni”.
Amplió al señalar: “Marcelo Santoni era uno de los mejores de esa camada de clases 72 y 73 que fuimos a Independiente. Jugué con él algún partido en el Rojo, pero yo tuve pocas oportunidades. Y después me tocó jugar en Alumni”.
Resaltó: “Paraba en casa de Zulma, mi hermana, porque veníamos de Chapadmalal y nos íbamos a Mendoza. Fui con Claudio Arzeno, ‘Chopo’ Morales, ‘Nano’ Schiavi, Mana, Christian Romero, ‘Beto’ Ortiz. Paraba en casa de una tía. De Alto Alegre a Buenos Aires no fue fácil. Cuando empecé a jugar, me tocó la colimba”.
Mencionó: “Me tocaba en Córdoba, pero por estar en Independiente hice el servicio militar en Buenos Aires. Me permitieron entrenar y empecé a jugar, pero era para pegarse un tiro lo que me costaba. Me prestaron a El Porvenir, pero un par de veces no me pasaron a buscar y me vine a Alumni”.