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Alcides Rivarola fue absuelto por el homicidio de su hijo Fabián

El hecho ocurrió el 28 de mayo del 2018, en el domicilio situado en Remedios de Escalada al 2400, en el barrio San Juan Bautista. Ambos se encontraban cenando cuando, tras una discusión, inició una violenta pelea

En la Cámara del Crimen, en el quinto piso de Tribunales, durante la mañana y la tarde de ayer se desarrolló un juicio con jurados populares, en el que un hombre llegó al banquillo acusado de homicidio calificado con exceso de legítima defensa. Se trata de Alcides Bonifacio Rivarola (72) y, por mayoría, fue absuelto. Es por ello que, además, se ordenó su libertad. Cabe recordar que estaba cumpliendo la prisión preventiva en su domicilio.

El hecho

De acuerdo con la pieza acusatoria, el episodio por el que lo juzgaron ocurrió el 28 de mayo del año pasado, aproximadamente a las nueve y media de la noche, en su vivienda ubicada en Remedios de Escalada al 2400, en el barrio San Juan Bautista.

El imputado, en esas circunstancias, se encontraba cenando con su hijo, Néstor Fabián Rivarola y con un conocido llamado Eduardo Villalba. Tomaron tres botellas de vino. Y, en un determinado momento, le preguntó a su padre cuánto tenía que cobrar de aguinaldo. Alcides le respondió de mala manera. Y así comenzó todo. Se provocaron. Fabián, tras ir al baño, regresar, y darle golpes con una botella de soda de plástico, le propinó más golpes con el puño en el rostro. Villalba intervino y logró sacarlo hacia el patio.

Alcides apareció nuevamente con una cuchilla que había tomado de un aparador, dispuesto a agredir a su hijo, quien, al mismo tiempo, tomó un canasto de hierro. A pesar de que Villalba desarmó al hombre, su hijo aprovechó la situación y le pegó con el canasto en la cabeza.

La pelea continuó. Alcides se hizo, otra vez, de una cuchilla y, Fabián, de un palo. Se enfrentaron. Y fue ahí cuando su hijo recibió varias puñaladas en la zona del tórax y del abdomen. Producto de las heridas, quedó tirado en la calle. Si bien estuvo internado en el Hospital Regional Pasteur durante varios días, falleció en el centro de salud.

Datos personales, alegatos y sentencia

Una vez que el secretario Walter Rodríguez finalizó con la lectura del requerimiento, las partes le presentaron el caso a los jurados populares. El primero en hacerlo fue el fiscal Francisco Márquez. Posteriormente, la asesora letrada Silvina Muñoz tomó la palabra y, entre otras cosas, dijo que, cuando alegara, intentaría probar que la conducta del hombre, en realidad, “está justificada”. En esta dirección, hizo hincapié en que es primordial discutir el contexto en el que sucedió el lamentable acontecimiento.

De esta forma, el Tribunal, compuesto por Félix Martínez, Eve Flores y Edith Lezama de Pereyra, procedió a tomarle los datos personales a Alcides. En esta instancia, el hombre contó que nació en Ballesteros, que es viudo, que tiene dos hijos y que no sabe ni leer ni escribir. En otro punto, manifestó que siempre hizo changas como albañil y confesó que consume alcohol.

Luego, al momento de declarar, sostuvo: “Era él o yo. Que Dios me perdone por lo que hice”. Además, indicó que anteriormente lo había denunciado a su hijo porque le pegaba. Ello, después, sería constatado por algunos de los testimonios, como los de los hermanos de Alcides, que se leyeron en la sala.

Así, llegó el momento de alegar. El representante del Ministerio Público Fiscal, primeramente, se centró en la declaración de Villalba y expresó que él contó que tras intervenir en la pelea, decidió retirarse porque sintió temor. Además, se conoció que, supuestamente, en una ocasión previa, Alcides habría agredido con un cuchillo al otro hijo, llamado Rubén. Ese testimonio también destaca que el hijo es más “grandote” y, como dijo el acusado, insistió en que “era uno o el otro”. Asimismo, mencionó que Alcides, ante cualquier discusión, agarraba un cuchillo.

Márquez, por otra parte, se refirió a otros dos testimonios. El más importante es el de un vecino, que vive en frente. El hombre escuchó que Alcides pedía ayuda y vio cómo Fabián amenazaba a su padre. Pero, también hizo alusión al momento en que el hijo salió a la calle con sangre en la zona del abdomen.

El fiscal, seguidamente, se preguntó cuál era la medida del daño que sufría Alcides. Y respondió que, al ser menor, por eso se habla que hubo un exceso de defensa. De esta forma, y tras explicar pormenorizadamente el ordenamiento jurídico que legisla estas situaciones, pidió la pena de tres años de prisión (domiciliaria) por homicidio calificado con exceso en legítima defensa.

Muñoz, por su parte, resaltó que su defendido es un “hombre de trabajo”, que se hacía cargo de sus hijos y que, luego de hacer las denuncias, se desdecía porque sabía que no tenían donde dormir —en esos casos, por lo general, se establece una orden de restricción—.

La defensora pública, a la vez, subrayó que Alcides era amable con todos y que “no hizo otra cosa que defenderse”. La profesional, por último, hizo referencia a los testimonios de los hermanos del imputado, quienes constataron que el hombre levantaba las denuncias, ocultaba lo que pasaba y protegía a sus hijos a pesar de todo.

Por último, Muñoz solicitó la absolución y, subsidiariamente, la pena planteada por el fiscal.

De esta manera, y tras un cuarto intermedio que se extendió por algunas horas, se conoció el veredicto.

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