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Fernández culpó a Barrios y el fiscal adelantó que pedirá perpetua para los acusados

"Fue Máximo", afirmó la detenida al ser interrogada durante el primer día de debate. El otro imputado optó por no prestar declaración. Cuatro policías que participaron de la investigación respondieron preguntas. La audiencia se reanuda hoy con más testigos

En el quinto piso de Tribunales, se puso en marcha este lunes el juicio que se le sigue a Máximo Elías Barrios (31) y Genoveva Leandra Fernández (35), los presuntos coautores del asesinato de Santos Daniel Salguero, un jubilado de 74 años que fue hallado sin vida en su vivienda de barrio Lamadrid hace poco más de un año y medio.

Durante la audiencia, la acusada Fernández dijo que no fue ella quien mató al septuagenario, sino su amigo, Barrios, a quien también responsabilizó por el robo de armas de fuego, artefactos que se encontraban en la vivienda de la víctima al momento del homicidio.

En otra parte del debate, el fiscal de Cámara, Francisco Márquez, adelantó que al momento de los alegatos solicitará que los jurados populares y los camaristas que conforman el tribunal se inclinen por dictarle a los enjuiciados la pena más severa: prisión perpetua.

“Yo no lo maté”

El primer día de debate comenzó aproximadamente a las 10 con la lectura de la pieza acusatoria. Fernández y Barrios, además de estar imputados por el homicidio, también llegaron al banquillo acusados por el robo de un auto, dinero en efectivo y joyas, elementos que le pertenecían a un joven, identificado como Matías Lazo.

A Fernández, en lo particular, también se le endilga los delitos de lesiones leves calificadas, amenazas y desobediencia a la autoridad, hechos ocurridos en mayo de 2019 en perjuicio de la abuela de sus hijos y de una policía (esta última fue mordida por la encartada).

Al momento de declarar, Fernández cargó contra su amigo, a quien culpó por la muerte del jubilado. “Yo no lo maté. Fue Máximo”, pronunció la mujer de cara a los jueces Félix Martínez, Eve Flores y Edith Lezama de Pereyra.

Luego, se encargó de relatar, en no más de tres minutos, cómo se dieron los hechos que desencadenaron en la muerte del jubilado.

“Yo era amiga de Daniel y siempre me llamaba y me invitaba a su casa. He ido sola en muchas oportunidades. Mi intención nunca fue hacerle daño. Él a mí no me hacía nada, no era una mala persona”, declaró.

Fernández recordó la noche del asesinato de la siguiente manera: “Estábamos los tres tomando vino en la computadora escuchando música con el celular. Daniel venía y después se iba para su pieza. En un momento, Máximo fue detrás de Daniel. Escuché que le estaba pegando. Fui a la pieza y le dije que no le pegara, pero me empezó a pegar a mí también”.

Y siguió: “Después me obligó a que nos fuéramos en el auto de Daniel (un Fiat Palio color blanco). Se llevó la cuchilla y las armas”.

Tras el testimonio de Fernández, fue invitado a declarar el otro coimputado, Barrios, quien optó por solamente limitarse a responder preguntas relacionadas a sus condiciones personales. Sobre el hecho no habló.

Cuatro policías y un vecino de Ballesteros, los primeros testigos

Tras la declaración de los detenidos, comenzó la ronda de testigos. En primer lugar, fue llamado a declarar el primer policía que intervino en la vivienda del fallecido, Francisco Exequiel Turletti.

Luego, fueron citados a testificar otros tres efectivos de la fuerza policial: Francisco Sebastián Medel, Pablo Ramón Díaz y Ariel Fernando Espinoza (los tres fueron llamados a dar su testimonio como representantes de la División Investigaciones de la Departamental General San Martín).

A grandes rasgos, comentaron cómo se dio el hallazgo del cuerpo y de qué manera avanzaron con las averiguaciones en procura de dar con los presuntos autores del hecho.

En ese sentido, dejaron en claro que la prueba más contundente provino del análisis de diferentes cámaras de seguridad, las que permitieron identificar tanto a Barrios como a Fernández.

Los uniformados también se refirieron a la detención de los sospechosos y al secuestro de las armas de fuego, las que fueron halladas en Ballesteros, en la vivienda de un amigo de Fernández.

Precisamente, ese “amigo”, identificado como Miguel Ángel Aguilar, fue la última persona que declaró frente el estrado.

Su vínculo, según contó, era con Fernández, con quien solía mantener encuentros sexuales a cambio de dinero.

Aguilar tuvo que explicar por qué la detenida se encontraba en su casa al momento de la detención. Además, también brindó detalles del momento en el que descubrió que las armas robadas a Salguero habían sido abandonadas en su propiedad, acción que llevó a cabo el detenido Barrios.

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