Un farmacéutico laboulayense de 51 años es protagonista de una historia de solidaridad que emociona, ya que mediante la donación de su médula ósea pudo salvar la vida de un niño italiano de 8 años que se encontraba en grave estado. Se trata de Gustavo Ferrarese, quien resultó ser cien por ciento compatible con el pequeño, y desde el momento en que lo supo no dudó en someterse a la intervención para poder ayudarlo.
En diálogo con Puntal, aseguró que en ningún momento sintió miedo de lo que podría implicar la donación. “No lo pensé, sentí que el destino o Dios me habían elegido para ayudar”, sostuvo.
- ¿Cómo fue que comenzó la historia? ¿Cuándo decidiste ser donante de médula?
-A mitad de 2016 se hizo una campaña de donación de sangre en el Hospital de acá (Laboulaye) y me preguntaron si quería donar. Yo soy farmacéutico y al estar en el mostrador siempre tenés pedidos de la gente, y además tengo una sangre fácil de requerir. Así que después de que doné sangre, charlando con quienes me habían hecho la extracción, que eran de Córdoba, me preguntaron si quería ser donante de médula. Me dijeron que simplemente tenía que firmar los documentos, así que firmé y me fui a mi casa.
-¿Cómo fue el contacto para pedirte finalmente la donación?
-El año pasado, en junio, recibí un día a la siesta una llamada; en ese momento pensé que era una broma. Me hablaban de una persona anónima compatible y yo no entendía nada, hasta que me hablaron de la doctora Arrieta, que es la persona que está en la extracción de sangre aquí en Laboulaye. En ese momento caí en que no era broma sino que era en serio. Me comentaron que se trataba de un masculino de Europa, fue toda la información que me dieron. Me pidieron que pensara si quería donar, que me iban a llamar la próxima semana y yo dije que sí, que no tenía nada que pensar. En ese momento dije: “Por algo el destino me eligió, tengo que donar”. A la semana siguiente me llamaron y me preguntaron si lo había pensado. Les dije que ya estaba, que quería. Y me dijeron que les sorprendía porque la gran mayoría dice que no. Fui nuevamente al Hospital a hacerme otras extracciones y estudios más profundos, siguió dando todo bien y ya me pusieron fecha para unos estudios previos en el Hospital Privado de Córdoba. Me fui para allá, me hicieron todos los análisis y tuve después una charla con el jefe de Transplantes. Me preguntó si seguía pensando en donar, yo le dije: “No tengo nada que pensar, yo ya decidí, en ningún momento cambié de opinión desde la primera llamada telefónica”. Y el médico me dijo que la gran mayoría de la gente nunca más atiende el teléfono.
-¿Cómo te enteraste quién iba a ser el receptor?
- Fue en Córdoba, cuando me dijo el doctor que desde que firmara los papeles pasaba de ser compatible a ser donante. En ese momento me enteré de que el receptor era un niño de 8 años, de Italia, que tenía 7 años en ese momento. No puedo explicar lo que sentí, no se puede describir con palabras, me movilizó, me sorprendió demasiado. Después me hablaron de dos métodos para la extracción de la médula, uno que es semejante a la diálisis y que lleva tratamientos semanales. Y otro que es la punción medular. Yo me volví a Laboulaye sin ninguna confirmación de nada, ni fecha. A los 5 días me llamaron y me dijeron que no había tiempo porque el niño estaba muy mal, y no nos quedaba más que hacer la punción medular. Me dieron hora y fecha. El 5 de diciembre a las 8 de la mañana me iban a hacer la extracción, tenía que estar el lunes 4 en Córdoba en el Hospital a las 4 de la tarde.
-¿Qué pasó el día de la intervención?
-Llegué al Privado el lunes 4 de diciembre y el martes a las 5 de la mañana comenzaron con la intervención. A las 7 y media, me llevaron a la sala de anestesia y ahí comenzó todo. Cuando volví a abrir los ojos ya estaba todo listo, no me enteré de nada, no sufrí nada, no tomé un solo analgésico. Desde el momento en que me sacaron estuve siempre acostado boca arriba, tranquilo. Entró el médico después y me dijo que hacía años no veía una médula rica como la mía, y me dijo: “Te pelé, te saqué todo lo que pude”. El miércoles me mandaron al hotel, no me dejaron viajar pero el jueves al mediodía me vine a Laboulaye. Durante un mes me siguieron llamando para ver cómo estaba y cómo evolucionaba porque debía tomar hierro. Pero yo llegué y empecé a laburar, no tuve ningún dolor.
-¿En algún momento tuviste miedo o dudaste?
-Nunca sentí miedo, ya creo que porque sentí de alguna manera que Dios me había elegido y que era yo. Que mi sangre sea la misma que la de un niño que está del otro lado del mundo, con esa necesidad física, que su vida depende de mi sangre. Ni lo pensé, sentí que el destino o Dios me había puesto ahí para ayudar. Siempre dije: “Debo hacerlo si está a mi alcance”. Yo tenía que hacer mi parte y el resto, quienes pusieran la médula al niño debían cumplir la suya. Yo estaba para ofrecer el medio y darle la posibilidad que necesitaba.
-¿Qué noticias tuviste del nene que recibió tu médula?
-Me sacaron la médula el 5 de diciembre, el 6 ya viajó a Italia y el 7 se la colocaron al nene. Todas las noticias que tuve -que fueron escasas porque Italia es muy cerrada respecto a dar información, dan datos sólo una vez al año- me las dio el Incucai. Ellos me dijeron que la operación había sido un éxito, que tuvo una aceptación del cien por ciento que el niño estaba vivo y gozaba de un excelente estado de salud. Y no necesité más detalles, con eso me alcanzaba.
-¿Qué mensaje tenés para quienes no se animan a donar?
-Lo importante es dar el primer paso para ser potenciales donantes y después el destino se encargará de hacer el resto, si existe alguien compatible, como me pasó a mí con ese niño. Yo tenía el cien por ciento de compatibilidad. Fue una hermosa casualidad, no lo puedo ver del lado científico. Es increíble saber que está en tus manos la posibilidad de ayudar, de salvar una vida.
Luciana Panella. Redacción Puntal.
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- ¿Cómo fue que comenzó la historia? ¿Cuándo decidiste ser donante de médula?
-A mitad de 2016 se hizo una campaña de donación de sangre en el Hospital de acá (Laboulaye) y me preguntaron si quería donar. Yo soy farmacéutico y al estar en el mostrador siempre tenés pedidos de la gente, y además tengo una sangre fácil de requerir. Así que después de que doné sangre, charlando con quienes me habían hecho la extracción, que eran de Córdoba, me preguntaron si quería ser donante de médula. Me dijeron que simplemente tenía que firmar los documentos, así que firmé y me fui a mi casa.
-¿Cómo fue el contacto para pedirte finalmente la donación?
-El año pasado, en junio, recibí un día a la siesta una llamada; en ese momento pensé que era una broma. Me hablaban de una persona anónima compatible y yo no entendía nada, hasta que me hablaron de la doctora Arrieta, que es la persona que está en la extracción de sangre aquí en Laboulaye. En ese momento caí en que no era broma sino que era en serio. Me comentaron que se trataba de un masculino de Europa, fue toda la información que me dieron. Me pidieron que pensara si quería donar, que me iban a llamar la próxima semana y yo dije que sí, que no tenía nada que pensar. En ese momento dije: “Por algo el destino me eligió, tengo que donar”. A la semana siguiente me llamaron y me preguntaron si lo había pensado. Les dije que ya estaba, que quería. Y me dijeron que les sorprendía porque la gran mayoría dice que no. Fui nuevamente al Hospital a hacerme otras extracciones y estudios más profundos, siguió dando todo bien y ya me pusieron fecha para unos estudios previos en el Hospital Privado de Córdoba. Me fui para allá, me hicieron todos los análisis y tuve después una charla con el jefe de Transplantes. Me preguntó si seguía pensando en donar, yo le dije: “No tengo nada que pensar, yo ya decidí, en ningún momento cambié de opinión desde la primera llamada telefónica”. Y el médico me dijo que la gran mayoría de la gente nunca más atiende el teléfono.
-¿Cómo te enteraste quién iba a ser el receptor?
- Fue en Córdoba, cuando me dijo el doctor que desde que firmara los papeles pasaba de ser compatible a ser donante. En ese momento me enteré de que el receptor era un niño de 8 años, de Italia, que tenía 7 años en ese momento. No puedo explicar lo que sentí, no se puede describir con palabras, me movilizó, me sorprendió demasiado. Después me hablaron de dos métodos para la extracción de la médula, uno que es semejante a la diálisis y que lleva tratamientos semanales. Y otro que es la punción medular. Yo me volví a Laboulaye sin ninguna confirmación de nada, ni fecha. A los 5 días me llamaron y me dijeron que no había tiempo porque el niño estaba muy mal, y no nos quedaba más que hacer la punción medular. Me dieron hora y fecha. El 5 de diciembre a las 8 de la mañana me iban a hacer la extracción, tenía que estar el lunes 4 en Córdoba en el Hospital a las 4 de la tarde.
-¿Qué pasó el día de la intervención?
-Llegué al Privado el lunes 4 de diciembre y el martes a las 5 de la mañana comenzaron con la intervención. A las 7 y media, me llevaron a la sala de anestesia y ahí comenzó todo. Cuando volví a abrir los ojos ya estaba todo listo, no me enteré de nada, no sufrí nada, no tomé un solo analgésico. Desde el momento en que me sacaron estuve siempre acostado boca arriba, tranquilo. Entró el médico después y me dijo que hacía años no veía una médula rica como la mía, y me dijo: “Te pelé, te saqué todo lo que pude”. El miércoles me mandaron al hotel, no me dejaron viajar pero el jueves al mediodía me vine a Laboulaye. Durante un mes me siguieron llamando para ver cómo estaba y cómo evolucionaba porque debía tomar hierro. Pero yo llegué y empecé a laburar, no tuve ningún dolor.
-¿En algún momento tuviste miedo o dudaste?
-Nunca sentí miedo, ya creo que porque sentí de alguna manera que Dios me había elegido y que era yo. Que mi sangre sea la misma que la de un niño que está del otro lado del mundo, con esa necesidad física, que su vida depende de mi sangre. Ni lo pensé, sentí que el destino o Dios me había puesto ahí para ayudar. Siempre dije: “Debo hacerlo si está a mi alcance”. Yo tenía que hacer mi parte y el resto, quienes pusieran la médula al niño debían cumplir la suya. Yo estaba para ofrecer el medio y darle la posibilidad que necesitaba.
-¿Qué noticias tuviste del nene que recibió tu médula?
-Me sacaron la médula el 5 de diciembre, el 6 ya viajó a Italia y el 7 se la colocaron al nene. Todas las noticias que tuve -que fueron escasas porque Italia es muy cerrada respecto a dar información, dan datos sólo una vez al año- me las dio el Incucai. Ellos me dijeron que la operación había sido un éxito, que tuvo una aceptación del cien por ciento que el niño estaba vivo y gozaba de un excelente estado de salud. Y no necesité más detalles, con eso me alcanzaba.
-¿Qué mensaje tenés para quienes no se animan a donar?
-Lo importante es dar el primer paso para ser potenciales donantes y después el destino se encargará de hacer el resto, si existe alguien compatible, como me pasó a mí con ese niño. Yo tenía el cien por ciento de compatibilidad. Fue una hermosa casualidad, no lo puedo ver del lado científico. Es increíble saber que está en tus manos la posibilidad de ayudar, de salvar una vida.
Luciana Panella. Redacción Puntal.

