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Creer en D10S fue la clave para que el "santo" lograra el milagro

Con un golazo de otro partido de su “10”, Maximiliano Tóffolo, venció 1-0 a Colón en Plaza Ocampo, y se consagró campeón tras 42 años de espera, al imponerse en los penales por 4-3 con las “manos de Dios” de Marcelo Tobares

San Lorenzo de Las Perdices se consagró campeón de la Liga Villamariense de Fútbol por segunda vez en su historia, soltando un grito que estuvo contenido 42 años.

Fue la segunda estrella para el “santo”, que creyó en el milagro y remontó una serie adversa ante un múltiple campeón como Colón, que lo había vencido 1-0 en “El Bosque”.

Los cabralenses eligieron jugar en Plaza Ocampo la decisiva final de vuelta del Torneo Apertura de la Liga, para que casi 2.500 personas pudieran disfrutarla. Y en la Plaza no hay milagros, porque gana el mejor.

En un duelo cerrado, en el que hubo muchos recaudos, y poca creatividad, ganó el que tuvo al jugador más inspirado, el que jugó y buscó sin claudicar nunca el gol.

Maximiliano Tóffolo edificó un golazo de otro partido a los 19’ del complemento, le dio el triunfo al “santo”, que forzó la definición por penales, esa vía que en cuartos de final (ante Yrigoyen), en semifinales (ante Argentino), y en la final (ante Colón) tuvo a un héroe que condujo a la gloria al “santo”, Marcelo Tobares.

El arquero contuvo dos penales a dos especialistas como Genaro Barrionuevo y Benjamín Martínez Oliva, y dictaminó a puro reflejos que se trataba de un Domingo de Gloria para el pueblo “Santo”.

Era tan fuerte la fe del “santo”, que cuando Tobares atajó el primer disparo desde los 12 pasos, nadie falló al ejecutar los 4 penales. Maximiliano Tóffolo, se transformó en “D10S” para Las Perdices, al convertir el primero, y detrás de él fueron Manuel Lameiro, Ariel Pellizari y Facundo Petitti los que patearon “como los dioses” para decretar el 4-3, y la gloria eterna llegó para el “santo” con la mano de Dios de Tobares tapando el último tiro de los cabralenses.

Edificando “el milagro”

El “santo” creyó en el milagro tras perder en casa, y lo edificó en la Plaza, con la fe que lo empecina a Maximiliano Tóffolo.

El sueño de ser campeón se había transformado en pesadilla para los Bolatti, los Silva, los Scagliarini, que ahora serán dioses venerados para toda la vida en Las Perdices, como lo fueron aquellos héroes de la primera estrella lograda en 1984.

Aquel equipo de “Cacho” Fiandino será tan histórico como el actual de Hernán Rossaroli, porque “le ganamos a todos los grandes”, como dijo el arquero Gustavo “Pato” Bomprezzi, en un reportaje con PUNTALVILLAMARIA.

Ese “1” gigante será ahora recordado como este Marcelo Tobares, que llorando a mares afirmó que “me tocó perder una de las tres finales que se perdieron desde aquel título en 1984. Me lesioné en otra, me fui a otro club para poder sumar minutos en la otra, pero esta fue la vencida”.

Esas “manos de Dios” de Tobares fueron determinantes. Porque tapó la primera en el primer tiempo, y la primera del segundo tiempo ante intentos de Benjamín Martínez Oliva, volando para enviar al córner dos pelotas de gol.

Es cierto que se espera más de Colón, que fuera más al frente, que tuviera más variantes, mas argumentos colectivos o individuales para sentenciar una serie que le era favorable, y en la que era candidato. No pudo Benjamín Martínez Oliva, que había marcado el gol del triunfo en “El Bosque”, y que mereció más que nadie en los cabralenses dar la vuelta olímpica, pero curiosamente el fútbol le dio la espalda en el penal definitivo, y Dios quiso que Tobares disfrutara de su Domingo de Gloria.

Le faltó algo a Colón, esa pasta, ese temple para acabar con esta historia, que San Lorenzo escribió con sangre, sudor y lágrimas.

Sangre del “Santo”, porque en este equipo abundan los jugadores del club. Sudor, porque todos corren cada pelota como si fuera la última. Y lágrimas, porque ver a Sabas Romero, junto a los Balocco, Chavarría, Ledda, Sada, Rojo, Michelutti, Rivero y Perticarari abrazados a la gloria con los Vos, Bolatti, Pettiti, Scagliarini y Silva es muy emocionante.

Fue 0-0 el primer tiempo, porque Tobares tapó la primera, y porque a Tóffolo siempre hubo una pierna del “rojinegro” (que tampoco se guardó nada), que impidió su remate al arco defendido por José María Gobbi, que aunque no intervino para salvar su arco, siempre vio el partido más cerca que Tobares.

Es que San Lorenzo no dudó en proponer en la Plaza, en adelantarse, en mostrar el deseo por revertir la serie, por ser campeón. No le encontró la vuelta, pero le dio la pelota al “10” (Tóffolo), que intentó siempre, no se resignó, persistió, y perseveró (hasta darle una vuelta de rosca en el complemento y convertir un golazo).

Colón procuró no sufrir, y con orden desangrar al “santo” en su intento denodado, que encabezó siempre Tóffolo. Se ocupó que Bolatti, Caudana y Bergoglio no fueran sus socios para llegar a Silva.

Si bien lo logró, al partido lo manejó Facundo Pettiti (como lo hacía “Pichi” Molina en 1984). Distribuyó, quitó, metió y hasta jugó. Copó el mediocampo, donde Colón no pudo dejar de pensar en marcar, en bajar, en dar todo por el compañero, pero no en atacar.

Entonces salvo la rebeldía de Martínez Oliva, o alguna corrida de Arroyo de contragolpe, el partido no pasó por los Barrionuevo, ni por los Comba o por Monetto.

No se soltó Colón, que aunque llenó la tribuna de cemento, no se sintió local en la Plaza. Apenas permitió un par de cabezazos desviados de los Scagliarini. Y al no sufrir, se conformó con poco.

Salió más decidido al complemento, ante un rival que nunca perdió la paciencia, y siempre lo respetó, aún sabiendo que tenía el deber de ir a herirlo. Tobares apareció para volar ante el intento de Martínez Oliva, y apagó el fuego sagrado de Colón con la fiereza de los Scagliarini, bien rodeados por Lameiro y Pellizari, que dejan la vida en cada pelota.

Si Facundo Petitti mandaba, con Maximiliano Petitti mejoró. Porque aún en su campo, hizo todo bien, y su hermano fue por más. No alcanzaba, por eso Rossaroli renovó el aire con Toledo y Avalos, y Maximiliano Tóffolo, que nunca bajó los brazos, que siempre quiso jugar, finalizó su obra de arte.

Un golazo espectacular desde 30 metros, colgando el balón en el ángulo superior derecho de Gobbi.

El “santo” ya no sangraba por su herida. Regaba la Plaza con sangre de su estigma por creer. Su D10S le había ofrendado el gol para ir por el milagro, pero creer es divino.

Ese gol divino de Tóffolo, más el sudor de la tropa de Hernán Rossaroli, impidió que Colón refrendara sus laureles, que supo conseguir, pero se durmió en ellos.

No pudo Benja Martínez esta vez, y ni Arbarello logró darle un golpe de timón cuando Leo Comba, el DT de los milagros de Colón, lo hizo ingresar por Martín Barrionuevo para ese golpe de efecto, que no llegaría.

Se acabó el partido, dijeron los Scagliarini con los Pettiti junto al ingresado Julián Romero, ofreciendo su corazón cuando el de Bolatti ya no daba más. Y no daba para más la final que Colón quiso controlar, pero no supo ganar, y que San Lorenzo creyó que era conveniente ganar por penales.

Fue perfecto el cierre de la película que esperó 42 años para su segundo éxito. Aquellos “santos” que como Luis Chavarría (homenajeado por la Liga antes del partido al igual que Carlos Navarro, por regalar tanto fútbol), le entregaron su legado, les tuvieron fe, creyeron en Tóffolo, los Scagliarini, Silva, Pettiti y toda la tropa de Rossaroli.

Era el momento para desempolvar los trapos y los recuerdos, y para que todo un pueblo saltara de alegría como 1984. Fue otro Domingo de Gloria para el “Santo” de Las Perdices, cuando Tobares le atajó el primer disparo a Genaro Barrionuevo, y el último a Benja Martínez, y nadie falló al ejecutar, la sentencia penal a Colón (que ya no navegaba a paso firme, sino que lucía ahogado) dictaminó que era el momento del desahogo “Santo”, de escribir otra página dorada, de que la fe moviera montañas, y que el equipo que clasificó en la última fecha, y en el octavo puesto para ingresar por la ventana a cuartos de final, le ganara a todos y se consagrara campeón por segunda vez en su historia.

No fue un milagro, fue obra de “D10S” Tóffolo, y de una tropa que llevó una mochila pesada que hacía 42 años no podían descargar. Creyó en el milagro, pero la fe que alguna vez fue un estigma que lo desangró, ahora lo condujo con sagre, sudor y lágrimas a la gloria eterna. ¡Bendiciones, y salud campeones!

Arbitró Mariano Peñaflor, y ante 2.500 personas, Colón formó con José María Gobbi; Facundo Comba, Luciano Luppo, Braian Cufre y Esteban Oliva; Martín Arroyo, Santiago Comba, Geremías Monetto y Genaro Barrionuevo; Benjamín Martínez Oliva y Martín Barrionuevo. DT Leonardo Comba. En el segundo tiempo ingresaron 29’ Francesco Arbarello por Martín Barrionuevo; y 44’ Martín Ártico por Santiago Comba.

San Lorenzo alistó a Marcelo Tobares; Manuel Lameiro, Rodrigo Scagliarini, Gastón Scagliarini y Ariel Pellizari; José Bergoglio, Facundo Pettiti, Facundo Bolatti y Gabriel Caudana; Maximiliano Tóffolo y Jonatan Silva. DT Hernán Rossaroli. En el segundo tiempo reingresó Maximiliano Pettiti por Caudana; 14’ Agustín Ávalos y Matías Toledo por Silva y Bergoglio; y 27’ Julián Romero por Facundo Bolatti.

Gol: 19’ ST Maximiliano Tóffolo (SL).

Amonestados: Martínez y Oliva (C); Facundo Pettiti, Rodrigo y Gastón Scagliarini, Lameiro y Toledo (SL).

Estadio: Plaza Ocampo. Espectadores: 2.500.