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El Boca de Lorenzo y su lugar en el mundo

Las vueltas de la vida: El amor lo hizo llegar a Las Perdices

Chavarría aprendió a disfrutar del fútbol chacarero después de ser partícipe del profesionalismo.

“En Sampacho andaba con los papeles en la mano y memorizando los nombres de los rivales y los míos. El 9 que trajeron de Boca (Alcorce) acostumbrado a Bianchi se reía. Le paré el carro”, resalta.

No hagan enojar a un tucumano, por más que tenga la paciencia de Luis Chavarría. “Vos de qué te reís. Aprendé a respetar para jugar. Te estoy protegiendo. No conocés a ningún compañero, ni al rival, sos de Buenos Aires y los dirigentes quieren que hagas un gol. ¿Quién te va a salvar si pasan 3 partidos y no la metés?, le dije. El pibe entendió y me lo metí en el bolsillo”.

Destacó: “Me agarré varias úlceras con algunos dirigentes. Ellos quieren toman champán hasta las 4 de la mañana cuando ganás, pero yo tomó café, y eran como 18 para no dormirme y acompañarlos. Me encanta hablar de fútbol, pero no que armen mis equipos”.

Agregó que “ganar el clásico cabrerense es una gran fiesta”.

Apuntó: “El sabor de formar a un jugador me apasiona. Independiente de Hernando fue otra etapa muy linda”.

Explicó: “A San Lorenzo lo dirigí en Primera una vez que se fue Mario Requena. Pero no me voy a olvidar nunca cuando llegamos a semifinales con aquel equipo que en 2011 integró Javier Carassai”.

El exdelantero de Alumni, histórico jugador de Acción Juvenil en la Liga de Río Cuarto, había dejado la actividad. “Lo convencí. Hizo goles de tiros libres, de penal, de cabeza de jugada. Hizo 21 goles”.

“Ascendimos con San Lorenzo cuando jugó en la B de la Liga. En la A le ganamos 3-1 a Colón, que era el campeón. Dejamos a Unión en el camino, y nos tocó perder con el campeón Universitario. Íbamos ganando 2-0, pero empataron. Nos ganó en Plaza Ocampo”.

Desde el año pasado dirige a las infantiles de San Lorenzo en la Liga Villamariense. “Me parece bien que se lanzó ese torneo en la Liga Mayor. Los clubes protegen a sus jugadores al ficharlos, y tienen el derecho de formación”.

Recordó: “La clase 90 de San Lorenzo me dio muchas alegrías, y la inauguración de la cancha. Hoy veo una comisión de padres muy buena. El club va a crecer”.

Boca, mi buen amigo

Desde su nacimiento en el centro de Tucumán (a 4 cuadras de la Casa de Gobierno), a su actualidad en Las Perdices es una historia de película. “Aprendí a jugar al fútbol esquivando autos, y en canchas y con pelotas de los Salesianos”.

“Mi papá era dirigente de Tucumán Central. Un club chico de barrio Villa Alem, que armaba equipos con pibes de 17, 18 y 19 años para que los compre San Martín y Atlético. Así subsistía”, contó.

Señaló: “Mi papá ponía la red y marcaba la cancha. Llevaba a los chicos a Buenos Aires y Rosario a probarse. Yo nací en una cancha, y empecé en una escuelita. A los 12 años nos fuimos a vivir a Jujuy”.

Jugué con Tesare, Gareca, Hugo Abel Alves, Trobiani, Paulino Sánchez, Mario Husillos, Randazzo, Córdoba, Franceschini, Fabré y Lacava Schell. Entre las buenas: me dirigió Grillo. Un gran tipo: Mouzo. Un ogro: Hugo Gatti. El peor que conocí: Guillermo Coppola, arruinó a muchos futbolistas, a mi amigo Randazzo lo llevó a vivir a su departamento y fue preso, por lo mismo que Tarantini y Maradona

“A los 14 años debuté en Primera en Ledesma. Uno de mis compañeros era el papá de Ortega. Jugué el campeonato Argentino de mi edad con Antonio Rosa Alderete. La final se suspendió por el fallecimiento del canchero de la ‘Tacita de Plata’, que era el papá de José Daniel Valencia”, comentó.

En 1973 su familia se traslada a Buenos Aires por razones laborales. “Probé en Boca con mi hermano. Quedé a los 17 porque le gusté al ‘Nano’ Gandulla. Firmé contrato en 1977. Jugué en reserva. El DT era Carlos Román, ayudante del ‘Toto’ Lorenzo. Compartí plantel con todos los campeones mundiales. Traían muchos refuerzos. El único que se mantuvo fue Perotti”.

“Jugué con Tesare, Gareca, Hugo Abel Alves, Trobiani, Paulino Sánchez, Mario Husillos, Randazzo, Córdoba, Franceschini, Fabré y Lacava Schell. Entre las buenas: me dirigió Grillo. Un gran tipo: Mouzo. Un ogro: Hugo Gatti. El peor que conocí: Guillermo Coppola, arruinó a muchos futbolistas, a mi amigo Randazzo lo llevó a vivir a su departamento y fue preso, por lo mismo que Tarantini y Maradona”.

“En el 78 me fui a Concepción de Tucumán. En 1980, a Berazategui y recorrí todas las canchas de ascenso. De allí vine a San Lorenzo”.

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