No hay con qué darle al Diablo
Hipólito Yrigoyen accedió a la final del Torneo Clausura de la Liga Villamariense de Fútbol tras vencer 1-0 a Alumni en “La Caldera” de Tío Pujio.
El pueblo tiopujiense estalló de felicidad, con un equipo que llega invicto, sin perder un solo cotejo en todo 2023. Disputó 33 partidos oficiales y nadie le pudo ganar.
No hay con qué darle. Ahora irá por la corona ante Atlético Ticino, que es el máximo favorito del Torneo Clausura, por haber sumado más puntos en la Fase Clasificatoria. Llegaron los 2 mejores, los que más invirtieron para ganar.
Yrigoyen dejó en el camino a un Alumni que era el gran candidato de la gente, por su rica historia y la clasificación en el Torneo Federal. Pero muchas veces descuidar el torneo local para invertir en el nacional termina dejando la sensación de impotencia con la que terminó la Liga en 2023: sin títulos.
Yrigoyen sabe que tiene el plantel más caro. Algunos lo tildaron de tener jugadores sobrevaluados, pero pagaron cada peso en un año lleno de buenos resultados, en el que los penales ante Rivadavia lo dejaron sin final en el Apertura.
Insistió en el Clausura, no le bajó 1 peso a su presupuesto y le sumó algunos jugadores que regresaron de préstamos en otros clubes en la recta final del segundo certamen para llegar a la instancia decisiva.
El fútbol no es un deporte justo, pero tampoco cualquiera logra un título y para ser campeón hay que invertir. Esa fue la diferencia entre Alumni e Yrigoyen.
El Fortinero invirtió para torneos superiores y no en la Liga. Lo pagó caro. Cuando pretendió reforzarse para la Liga, fue tarde.
Yrigoyen tiene el plantel más caro de la Liga y lo hizo valer. Le ganó sin objeciones por un global categórico y doloroso: 3-0.
Es caro, pero el mejor.
Caro, pero el mejor
No invertir en la Liga le alcanzó a Alumni para pasar sufriendo y, mediante penales, ante Colón a la semifinal. Pero Yrigoyen no lo perdonó y no fue amarrete en su propuesta. Sin tener la necesidad de exponerse, invirtió para ganar y le sobró para golear en el global 3-0.
Alumni fue más sólo en los primeros 15 minutos de cada partido. Después, le faltó inversión, plan B y no tuvo variantes “de peso” ante la adversidad.
Yrigoyen supo ayudar a la suerte. No fue casual que Morre salvara en la línea en el inicio del primer cotejo en la Plaza, ni que el travesaño le negara el gol a Martini en los primeros minutos en Tío Pujio.
Alumni puso toda la carne en el asador, fue, pero le faltó hambre.
La gloria se le escapó a Yrigoyen en el primer torneo sin perder un partido. Debe pagar su deuda y, aunque la final será dura, alcanzó a demostrar por qué su plantel es más caro que el de Alumni.
Tiene jugadores que fueron campeones en defensa y en el arco. No recibió ni 1 gol de Alumni, que recuperó a su goleador (Martini) y lo acompañó con Salort y los pibes Stablum y Molina. Los rodeó con la velocidad de Tejeda, Peñaloza, Brugnaro y Molina, más la técnica de Peludé, Galleguillo y Martínez.
Morales sólo falló una vez en un centro, y Martini convirtió en offside. El “1” fue clave, pero no actuó demasiado, porque Ártico y Jacobi raramente fallan y Tomatis con Morre marcan y despejan bien.
Entonces, González corrió por él y por Cristian Fernández, que no dudó en entregar todo, pero su esencia lo invita a darle la pelota siempre a un compañero y allí nace el otro secreto del Diablo.
Es letal en ataque. No necesita llegar 10 veces para hacer un gol, aunque a Alumni le llegó más y mejor, pese a atacar y tener mucho menos tiempo la pelota.
Arroyo es incontenible cuando pone sexta y Bustos es un delantero más (con tanto desequilibrio como Esquivel y Yanantuoni). Por eso jugó Domínguez: otorgó equilibrio y también desequilibrio en la Plaza Ocampo con dos golazos.
Y Arroyo, que había fallado casi media docena de contragolpes con aroma de gol en la Plaza, tuvo una en Tío Pujio y no perdonó.
El Diablo rojo no perdona. Pudo haber goleado a Alumni en los dos partidos, pese a que fue el Fortinero el que más buscó.
Buscar no es alcanzar en el fútbol. Ir no es sinónimo de llegar y no alcanza sólo con atacar bien o con defender bien. Se necesita de ambas facetas. Eso hace Yrigoyen.
No brilla, pero defiende bien. No regala nada, pero ataca con poco juego y tiene mucho gol. Si tuviera más pausas, haría más goles, pero es demasiado vertiginoso y por eso no termina bien las jugadas, pero le alcanza para desequilibrar.
Alumni fue al frente con un arsenal ofensivo y una propuesta que fue idéntica a la expuesta en Plaza Ocampo. Dos laterales lanzados a posición casi de extremos (Torres y Peñaloza), con Bencivenga y Molina apenas acompañados por Medina. Sin Kranevitter (tampoco Rey), es demasiado riesgo. Lo pagó caro, porque dominó 10’, sostuvo la presión 10’ más, pero a los 22’ con un pelotazo desde su área peinó Esquivel, Arroyo escapó a toda velocidad y, al pisar el área, enganchó y sacudió la red con un potente remate a la izquierda (22’).
Mucho para un Alumni sin gol. Suescun gritó en el vestuario: “¿Para qué juegan bien si no pueden encontrar un hueco para perforar la defensa del rival?” Eso sucedió. No pudo penetrar a Yrigoyen, que de contra casi lo liquida otra vez con Yanantuoni (dio tarde el pase).
Peñaloza fue quien más peligro llevó en el complemento. Entraron Brugnaro y el goleador de la reserva, Fernando Molina. Entró Salort y soltó a Molina con el ingreso de Roda. Entró Stablum. Muchos cambios para que nada cambie.
Nunca rompieron el molde de las 2 líneas de 4 bien juntas y organizadas de Yrigoyen, que cuando salió de contra tuvo para golear con dos opciones que falló Ortiz y otras Bustos y Yanantuoni.
Conti le dio funcionamiento a su invicto equipo, que juega bien. Buscó en el banco y Bustos le respondió. Olmedo y Oliva pusieron el pecho y Ortiz y Gómez, el corazón. Caro, pero el mejor. Invirtió. No hay con qué darle al Diablo.