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Cristian Alarcón es Premio Alfaguara de Novela

El escritor chileno radicado en el país, se alzó con el prestigioso galardón por su obra "El tercer paraíso"

El escritor y periodista chileno Cristian Alarcón se alzó ayer con el XXV Premio Alfaguara de Novela, con la obra El tercer paraíso, reconocida por "su vigor narrativo y una estructura dual, ambientada en diversos parajes de Argentina y de Chile" según el jurado, y definida a su vez por el autor como una historia "surgida de la desesperación y la soledad", durante el anuncio del fallo que tuvo lugar en videoconferencia con España.

De esta manera, "El tercer paraíso" se impuso a 899 manuscritos: 131 de Argentina, 87 de Colombia, 43 de Chile, 408 de España, 57 de Estados Unidos, 119 de México, 29 de Perú y 25 de Uruguay.

"Fue una obra enteramente escrita en pandemia, en un retiro que me vi obligado a hacer en el sur de Chile intentando sobrevivir a una de las cepas más´ temibles de la Covid," explicó Alarcón (La Unión, 1970), en conferencia a través de Zoom desde la Argentina, donde reside desde hace varios años y lleva adelante emprendimientos como el de la revista Anfibia, de la que fue fundador.

"Tuve el privilegio de poder frenar el vértigo de la tarea periodística, decidí entregarme a la fabricación de una historia familiar latinoamericana y esta experiencia suburbana elegida -agregó-. Me reencontré con mis ancestros y la profunda relación que muchas y muchos necesitamos con la naturaleza, a un resurgimiento de lo botánico y de la vida más allá de nuestras urgencias".

Desde comienzos de los 90 Alarcón se dedica al periodismo de investigación y a la escritura de crónicas, una tarea que desempeñó en los diarios Página/12, Clarín, Crítica de la Argentina y en las revistas TXT, Rolling Stone y Gatopardo. En sus libros "Cuando muera quiero que me toquen cumbia" y "Si me querés, quereme transa" cruza la literatura con la etnografía urbana convirtiendo relatos urgentes en novelas de no ficción. También es autor de "Un mar de castillos peronistas", donde reúne crónicas de viaje y perfiles de personajes disidentes y marginales.

Jurado

El jurado del galardón 2022 estuvo liderado por el escritor español Fernando Aramburu (1959), autor de los libros de cuentos como "Los peces de la amargura, XI Premio Mario Vargas Llosa NH, IV Premio Dulce Chacón y Premio Real Academia Española 2008; y de novelas como "Los ojos vacíos", Premio Euskadi, "Años lentos", premios Tusquets Editores de Novela y de los Libreros de Madrid en 2012, o "Patria", premios Nacional de Narrativa, de la Crítica, Euskadi, Francisco Umbral, Dulce Chacón, Arzobispo Juan de San Clemente, Strega Europeo y Lampedusa, Atenas entre otros.

El tribunal se completa con la escritora y librera argentina Paula Vázquez (1984), directora de Asuntos Culturales de Cancillería; la editora mexicana Marisol Schulz Manaut (1957), directora de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara y Pilar Reyes (1972), editora con voz, pero sin voto del selló Penguin Random House que contiene al sello Alfaguara.

Fue una obra enteramente escrita en pandemia, en un retiro que me vi obligado a hacer en el sur de Chile intentando sobrevivir a una de las cepas más´ temibles de la Covid Fue una obra enteramente escrita en pandemia, en un retiro que me vi obligado a hacer en el sur de Chile intentando sobrevivir a una de las cepas más´ temibles de la Covid

Además de la escritora y periodista española Olga Merino (1965), autora de novelas como "La forastera", premios Pata Negra y Cubelles Noir 2021, y "Las normas son las normas", Premio Vargas Llosa NH 2006; y el escritor y cineasta también español Ray Loriga (1967), quien trabajó junto a Pedro Almodóvar y Carlos Saura y es autor de novelas como "Rendición", Premio Alfaguara de novela, libros de no ficción entre los que se encuentran "Sombrero y Mississippi" y de relatos como los reunidos en "Días extraños.

El Premio Alfaguara de Novela fue creado en 1965 con la intención de difundir la literatura en español. Su primera edición fue en 1965, un año después de la creación del sello que desde 2014 forma parte del grupo Penguin Random House. Se lo entregó hasta 1972 y tras 26 años de silenció resurgió, en 1998, para volver a ser convocado en forma anual con una dotación de 175 mil dólares.

El responsable de este relanzamiento fue el periodista y escritor Juan Cruz, director literario de Alfaguara entre 1992 y 1998. En esta última etapa, la distinción desempeñó, a través de sus 24 ediciones, un papel determinante en la difusión por todo el mundo de la literatura en lengua española: se han editado más de 2.700.000 ejemplares de las obras ganadoras en simultánea en España, Latinoamérica y Estados Unidos, como homenaje a una lengua común a más de 550 millones de lectores.

En toda su historia, el premio fue otorgado siete veces a autores argentinos y sólo una vez, en 2005, lo ganaron dos escritoras que escribieron en tándem: Graciela Montes y Ema Wolf, habían competido con "El turno del escriba". En 2019 lo ganó Patricio Pron por "Mañana tendremos otros nombres", en 2016 Eduardo Sacheri con 2016 "La noche de la Usina", en 2012 Leopoldo Brizuela con "Una misma noche", en 2009 Andrés Neuman con "El viajero del siglo", y en 2002 Tomás Eloy Martínez con "El vuelo de la reina".

Una obra en los márgenes del periodismo y la ficción

Tres libros para conocer a Cristian Alarcón

"Cuando muera quiero que me toquen cumbia" (2003)

"Cuando me muera quiero que me toquen cumbia" (2003) es una novela presentada como una larga crónica escrita en primera persona que narra la historia de Víctor Manuel "El Frente" Vital, un delincuente juvenil de 17 años de las villas de San Fernando que fue asesinado por la policía en un caso enrolado como "gatillo fácil". La obra se interna en la cultura villera y reconstruye los vínculos siempre lábiles entre la vida y la muerte que se dan entre grupos de jóvenes marginales del conurbano bonaerense que transitan por caminos de violencia y traiciones pero también son atravesados por lazos de solidaridad y compañerismo.

La historia desanda el recorrido que culmina el 6 de febrero de 1999 con el asesinato de Vital, un pibe chorro que repartía entre los vecinos lo que robaba y que funciona como emergente de una generación empujada a la violencia que pone sobre el plano las consecuencias de un sistema que los estigmatiza y los excluye. Con pulso sutil y lejos de tonos sentenciosos, Alarcón entrelaza distintas tensiones: la aparición de la violencia del aparato policial, la relación entre transas y ladrones, la traición, el desamparo y también la solidaridad en un territorio devastado, el de las villas San Francisco, 25 de Mayo y la Esperanza de San Fernando.

"La abogada María del Carmen Verdú me contó que en San Fernando existía el caso de un chico de diecisiete años que fue fusilado bajo una mesa, mientras gritaba: 'No disparen, me entrego'. Decían que había sido una especie de Robin Hood, y después de su muerte comenzó la construcción de su mito. Me enteré de las ceremonias sobre la tumba de El Frente en el cementerio de San Fernando: los chicos le piden ofreciendo lo que consumen, marihuana y cerveza, para que los proteja de las balas de la policía cuando salen a robar. También le piden por otras cuestiones cotidianas", contó el periodista alguna vez acerca de la génesis del libro.

"Si querés, quereme transa " (2010)

En "Si me querés, quereme transa", Alarcón prolonga su aguda mirada sobre la marginalidad en esta nueva obra que vincula la villa, la violencia y el narcotráfico. La crónica se sitúa en una villa urbana, en la que se establecen complejas relaciones entre la figura del autor que asume la función de cronista de esa realidad, los roles de los narcotraficantes, el periodismo, la literatura y las demandas del mercado.

El texto se centra en la historia de cuatro pequeños narcos: tres peruanos y una boliviana. Todo narrado bajo el escenario de la ficticia Villa del Señor de los Milagros, donde se ven marcas reconocibles de la 1-11-14: allí se desata la llamada narcoguerra entre los habitantes peruanos y además conviven y se enfrentan por el territorio paraguayos y bolivianos.

"Para poder contar la verdad decidí complotarme contra la policía y la justicia, rechazando toda misión de periodismo de denuncia, abrazando otra causa: un intento de contar esta trama de migrantes, esta trama shakesperiana de traiciones y condenas y venganzas protagonizadas por estos clanes", explicó en una entrevista.

La historia de alguna manera lo puso en contacto a Alarcón con su propia condición de inmigrante: "Yo también soy un migrante. Con la dictadura de Pinochet, mi familia tuvo que dejar Chile en el 75 y se instaló en Argentina. Y en el migrante hay una fortaleza casi mítica: no se puede mirar atrás cuando decide emprender ese camino. Y en la cultura peruana lo que termina siendo más fuerte que la mayoría de los migrantes del mundo es la migración previa: lo que ocurre entre 1970 y 1980. Todos vienen escapando de distintas violencias", relató sobre el libro.

"Un mar de castillos peronistas" (2013)

En "Un mar de castillos peronistas" (Editorial Marea) Alarcón reúne una serie de crónicas que fueron publicadas en los últimos años al calor de los cierres periodísticos. Y sin embargo, como sostiene Guillermo Saccomanno en el prólogo del volumen, se lo puede pensar como un autorretrato, entre la autobiografía intelectual y la confesión, de un chico que en los años 70 emprendió el camino del exilio junto a sus padres para hacer de la Argentina su lugar de residencia y de construcción de su identidad periodística.

"Todo el tiempo Alarcón está planteando un interrogante: cómo se cuenta un paisaje marginal sin demagogia", dice el escritor Saccomanno en el prólogo de este volumen que recopila una serie de crónicas en las que el fundador de Anfibia funde los hechos que marcaron los últimos años con pequeñas viñetas de la vida urbana: así, desde el Conurbano a las favelas cariocas, el flamante ganador del Premio Alfaguara cuenta un paseo por Parque Lezama con Patti Smith, asiste a una boda colombiana, marcha por el Congreso pidiendo la legalización de la marihuana y emprende un viaje a sus raíces.

"El periodismo ya no se hace en los diarios. Hoy el periodismo se hace en las revistas alternativas o en todo caso en la radio y la televisión. Los diarios están muertos. Además, los periodistas son muy infelices en los diarios", sostuvo Alarcón en uno de los reportajes que concedió en el marco de la presentación de este trabajo.

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