Una evolución constante, una adaptación permanente a los tiempos; eso podría ser una síntesis de la historia de Papeleno, la empresa laboulayense que nació por el impulso de dos hermanos que decidieron apostar a la fabricación de papel pero que luego fueron incorporando al plástico y finalmente la empresa desembarcó en los polímeros compostables.
Hoy su fuerte es la fabricación de bioplásticos para alimentar a las empresas que buscan dejar atrás el uso de plásticos tradicionales para elaborar productos de un solo uso como sorbetes o vasos. Para eso utiliza el almidón de maíz, un cultivo cuyo epicentro productivo nacional se encuentra justamente entre esa localidad y Río Cuarto. Sin embargo, el grano debe viajar a Europa o Asia para que allí se fabrique el subproducto que será la materia prima de Papeleno en Laboulaye. Argentina exporta el grano y luego debe importar el biopolímero. Para eso, la empresa de la familia Nicolino también tiene planes de solución: quiere importar una máquina que lo produce para completar el proceso en el sur provincial. Para eso debe sortear las abundantes dificultades que le plantea la economía nacional.
Federico Nicolino es director de Papeleno y segunda generación en la empresa. Es, además, el que cuenta a I+I CBA cómo se avanza con proyectos de inversión en un contexto tan adverso como el actual: “Mi viejo y mi tío, que fundaron la empresa, hicieron un gran esfuerzo desde muy chicos, mucho sacrificio, que nos enseñó que pese a todo hay que trabajar e ir para adelante”, explicó. La empresa cuenta con casi dos hectáreas en el parque industrial de Laboulaye, y allí no sólo está el galpón de producción de bioplásticos, sino que también hay otro donde se reciclan plásticos para su reutilización y está terminado un tercero, donde producirán materiales para la construcción. Hoy Papeleno da trabajo a unas 50 personas, pero serán algunas más cuando las ampliaciones e inversiones en marcha estén finalizadas.
¿Cómo empieza Papeleno?
La empresa Papeleno SRL la inician Daniel y Hugo Nicolino en Laboulaye, y es iuna historia de superación porque quedaron sin el padre muy chicos y eran una familia muy humilde y entonces empezaron a limpiar veredas, repartiendo diarios, encomiendas, limpiando vidrios. Eran dos chiquitos de 12 y 14 años, en Laboulaye, porque eran de Serrano pero luego se mudaron. Hoy tienen 65 y 67 años.
¿Y cómo llegaron de ahí a la producción?
Empezaron trabajando juntos desde muy chicos. Pero después Daniel comenzó como vendedor y Hugo en el Banco, en Laboulaye, para después abrir un mayorista en plena hiperinflación. Ahí comenzaron con un primer proceso industrial que fue la fabricación de papel, que explica parte del nombre de la empresa, que se completa cuando suman el polietileno y deciden ponerle Papeleno.
¿Y el plástico?
Más tarde, en los 90 se meten de lleno en todo lo que es plástico y fueron creciendo con esa rama hasta llegar a ser una empresa consolidada con el correr de los años. Hace unos 15 años entro yo a la empresa y la primera enseñanza que tuve fue la del laburo, la del esfuerzo, porque ellos se sacrificaron mucho durante mucho tiempo.
¿Cómo fue ese ingreso?
Al ingresar empieza un cambio generacional; las empresas familiares tienen sus cosas buenas y malas. Logramos adaptarnos todos a eso y fuimos evolucionando. Y hoy nuestro producto estrella son los materiales biobasados de almidón de maíz, polímeros compostables, que creció exponencialmente en los últimos años, cuando las primeras pruebas se hicieron hace unos 11 años. En aquel momento era algo innovador, raro; no había mucho conocimiento. Hoy está mucho más desarrollado. Además, en aquel momento hablar de empresas de triple impacto, de responsabilidad social empresario y cuidado del medioambiente no tenían el protagonismo actual. Hoy, todas las empresas, desde hace algunos años, a la hora de desarrollar un producto, es lo primero que tienen en cuenta. Y esos productos entonces crecieron exponencialmente, por ese cambio de paradigma. Hay empresas que exportan a la Unión Europea a las que les vendemos y ya el manual que lleva el electrodoméstico no puede ser de plástico. Y si es de plástico, desde el momento que ingresa a Europa paga un alto impuesto, por eso va todo en bioplástico.
¿Quiénes son sus clientes?
Ya tenemos empresas que nos acompañan como Mc Donald’s, Starbucks, Grido, todas empresas de primera línea. Se vende en Argentina y países limítrofes. Ese producto creció exponencialmente.
Ustedes les fabrican a estas empresas lo que antes era plástico, con bioplásticos…
Exactamente. Pero dentro del universo del plástico hay muchísimos productos. Pensemos en bolsas tradicionales, sorbetes; generalmente apuntado a productos de un solo uso. Aunque hoy en día la tecnología permite mutar del plástico al bioplástico con las mismas propiedades mecánicas. Hoy existe esa tecnología en el mundo, ya está desarrollado. La diferencia puntual es que un plástico tradicional demora 180 años en desaparecer y un material compostable de almidón de maíz demora, depende el producto, unos 200 días o 300 días. El material desapareció y no sólo eso, sino que termina siendo un material que se incorpora de nuevo al medio ambiente. Con respecto a la huella de carbono, pensemos que esto es un polímero de un material vegetal por lo cual el maíz absorbe carbono durante su crecimiento, luego se desarrolla a partir del maíz un producto, por lo cual se está descarbonizando.
¿Qué usan del maíz?
El almidón. De hecho hay mucha cantidad de materiales biobasados. Normalmente se usaron de papa, de mandioca, pero a nosotros el que mejor nos ha funcionado es el de almidón de maíz.
¿Por la disponibilidad del maíz de la zona?
Bueno, ahí hay un tema, a pesar de que Argentina es uno de los mayores exportadores de maíz del mundo. Siguiendo la idea de la huella de carbono, el maíz se cosecha en nuestra zona, va a puerto en un camión, se carga en el puerto a un buque para que viaje 12 mil o 20 mil kilómetros para traer el polímero de regreso. Desde el momento en que se cosechó el maíz y el biopolímero llega de vuelta al país, tenemos la vuelta al mundo completa. Por eso la perspectiva que nosotros tenemos es la de fabricarlo en el corto plazo aquí. El proyecto está para desarrollarse y de hecho sigue en pie porque es un material muy exportable, pero nos chocamos muchas veces con políticas públicas que hace muy complicado desarrollar un proyecto en escalas más grandes. Porque toda la tecnología, el know how es todo importado. Pensemos que la maquinaria la tenemos que importar toda y hoy no se puede aunque tengamos la decisión tomada y esté disponible. Hay cosas que nos exceden y muchas veces las políticas públicas no acompañan, más allá de que sean momentáneas. Argentina complica todo y muchas veces es ingrata con quienes quieren emprender y trabajar.
¿Hoy importan la materia primar para producir los bioplásticos?
Es una materia prima que no se fabrica en el país ni en Sudamérica, se importa todo.
¿Y de dónde proviene?
Parte de España, de Italia, de Asia. Dependiendo los grados, el tipo de producto a fabricar.
Entonces, exportamos el maíz e importamos un subproducto para hacer bioplásticos…
Así es. Por eso digo que es totalmente viable fabricarlo acá. Si bien se usa una parte del maíz, porque queda todo el resto para hacer otros subproductos. Es muy viable fabricarlo en Argentina. Además porque está cada vez más complicado importar. Entonces no podemos armar una base de negocios para que el día de mañana no tener le insumo. Nosotros tenemos como clientes a empresas multinacionales y no podemos decirles en temporada alta que no les podemos entregar porque nos cortaron la importación.
¿Crees que podrán fabricarlo pronto en el país?
La idea es avanzar y hay que ver qué pasa a fin de año, pero queremos que el año que viene podamos comenzar a fabricarlo en Laboulaye.
Pero además tienen la empresa Nueva Papeleno, ¿a qué se dedica?
Se dedica exclusivamente al reciclaje. Trabaja con plástico posconsumo, plástico agrícola, silobolsa y fitosanitarios. Para eso firmamos un contrato con Campo Limpio para que todos esos materiales lleguen a la planta. En Córdoba somos la empresa que más recolecta envases de fitosanitarios.
¿Qué volumen es eso?
Alrededor de 22 mil envases mensuales. Pero ahora estamos por abrir otro centro de acopio más al sur de la provincia.
¿Qué hacen con esos envases?
Tenemos un producto altamente contaminante. El productor, siguiendo la ley, lo lleva a un centro de acopio para asegurarse un buen tratamiento. A partir de ahí, como operadores, procesamos el material y termina siendo un producto, que en este caso es cañería. La máquina para lograr eso aún no llegó pero la idea es que todo ese producto altamente contaminante termine siendo cañería de cloacas. Es un producto regulado y no se puede fabricar lo que sea. En definitiva se trata de dar una segunda vida a todo eso y de paso una solución.
¿Cuántos trabajadores tiene la empresa hoy?
En la Nueva Papeleno somos 9 y estamos por tomar 2 más y en Papeleno más de 30. Se trabajan las 24 horas del día. Actualmente la Nueva Papeleno está procesando unas 180 toneladas mensuales.
¿Además están por poner en marcha una planta de materiales para la construcción?
Si, que esperamos poner en marcha en diciembre, aunque la planta ya está construida. Eso va a incluir adoquines, blocks y tubos de alcantarillas, con una máquina muy automatizada. Estamos hablando de unos 4.500 adoquines por hora. Y vamos a tener una línea que va a llevar material de reciclaje, pero la mayoría será con cemento tradicional.
¿Cuándo se pone en marcha la máquina de adoquines?
Está todo listo, la máquina está en Argentina y ahora estamos esperando que nos den energía en la planta. Y ahí se incorporarían otras 10 personas más.
Muchos proyectos en medio de un panorama nacional económico muy complejo…
Bueno, sí, pero entendemos que nada se logra sin esfuerzo, se trabaja mucho y es lo que aprendimos de mi viejo y mi tío. Además, el equipo de trabajo es fantástico, y se invierte mucho. Si Argentina fuera diferente y estable se podría hacer muchas cosas más. Porque acá todo el mundo está acostumbrado a laburar en el barro, porque cambian constantemente las reglas de juego y hay que reinventarse y acomodando todo el tiempo. Ahora esperamos a ver qué pasa con los resultados electorales, después qué hará el próximo presidente cuando asuma, pero nosotros mientras tenemos que seguir trabajando. Es muy complejo todo. Pero así y todo seguimos apostando y trabajando acá.

